Indecencia

25.000 euros al mes en coca. Sí señor, y que no falte. Y de la cocaína a las señoritas de compañía pasando por todo tipo de desmanes. Así, por el libro, por el libro de las corruptelas, y con dinero público, el de todos, el de pagar las pensiones, el de pagar el paro, el de la sanidad, el de las escuelas, el hacer carreteras y universidades. Andalucía se ahoga en el paro y en la desaceleración económica, pero el dinero se lo lleva la “nieve” repartido en las narices agradecidas de un puñado de indecentes. Indecentes, esa es la palabra, lo contrario de la decencia, que es una palabra que la clase política  ya no usa, que es antigua.

La vergüenza se reparte hoy por encima de nuestras cabezas, como un oleo pegajoso y obsceno, mientras leemos en los periódicos, como a costa de nuestras vidas, hechas a base de salario, se gastaban el dinero del desempleo en juergas, vicios y demás tropelías. Pero no pasa nada el domingo hay elecciones, si allí en Andalucía, y luego todo se diluye, se tapa, se esconde con dos o tres cabezas de turco, para acallar el rumor a fango que impregnaba ayer y esta mañana las redacciones. Eso, lo importante son las elecciones, quien las gana, quien las pierde, y ahí se queda todo.

Podría apostarme con vosotros 20 cenas, que dentro de un mes, nadie hablará de esto, nadie sabrá ya donde esta nadie, la amnesia necesaria y protectora ira invadiendo la realidad política andaluza,  y como mucho solo quedarán apenas algunos retales de hemerotecas, sino al tiempo.

Una vez hace unos años, mientras tomaba café con un diputado  – no diré de qué partido, porque tanto da, que da lo mismo- me contaba una serie de hechos, al detalle, que me llegaron a  poner los pelos de punta. Y cuando le pregunte, porque no se denunciaba, por que se miraba para otro lado, sonriendo me contesto: “Eres una ingenua, aquí entre nosotros, los temas de tías y de corrupción, ni se mientan, porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

Son las dos de la tarde. Por fin llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 4 grados. El mayor daño que se está haciendo a las instituciones se hace desde la propia clase política. Cada día la desconfianza es mayor, y lo único que siente el ciudadano es vergüenza y desamparo.