
Me dijo una vez un profesor de filosofía que las cosas que aparentemente nos parecen reales, incluso evidentes a primera vista, pueden no serlo, y que cuando uno ve o escucha algo que no termina de encajarle, hay que releerlo o verlo muchas más veces hasta descubrir esa realidad que se esconde tras los argumentos.
Pues bien, es lo que me ha sucedido hoy mientras contemplaba, atónita, la dimisión, en tiempo real, de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
Así que, me he tomado mi tiempo, aunque no dispongo de mucho, y he visionado el video hasta siete veces, para darme cuenta que era exactamente lo que me estaba “chirriando” en la cabeza, y poder darle forma. Tal vez sea una deformación profesional o simplemente una suspicacia adquirida por el tiempo, pero el caso es que hay varios puntos en toda esta historia que no terminan de encajar, y que tal vez tengan otra lectura.
Primero, el personaje, Esperanza, no da el perfil de una dimisión emotiva. Está muy lejos del carácter de la lideresa este tipo de actitudes.
Segundo, el anuncio de que había estado en Moncloa por la mañana para comunicarle al Presidente de su partido, y también del gobierno, su decisión, está fuera de tono y deja a Mariano Rajoy en muy mala posición. Si, tal vez, hubiera dicho que hacía unos días que había hablado con el Presidente y alegando motivos de salud, le había hecho participe de su decisión, implicándole como apoyo en esos momentos, hubiera quedado mucho más creíble y desde luego más elegante. Probablemente Esperanza si ha ido a Moncloa esta mañana, pero no por voluntad propia sino convocada por Rajoy, para comunicarle, digamos, un “hasta aquí hemos llegado, Esperanza” “hazlo a tu manera, pero estás fuera”. No olvidemos que Rajoy es gallego y además ejerce, y este tipo de lances silentes y sin previo aviso, forman parte de su carácter.
Tercero, alguien que tiene pensado en presentar su dimisión, pues me imagino que Esperanza no se ha levantado esta mañana y mientras se lavaba los dientes ha decidido que hoy lo dejaba todo, no cierra una agenda apretadísima para dos semanas, con actos previstos incluso para mañana, que fueron confirmados a primera hora, y a eso de la una, su gabinete, se apresuraba a desconvocar, sin dar muchas razones, ya sabéis eso de “lo siento, problemas de agenda, hay algunos imprevistos insoslayables” –vaya que si los había-
Y cuarto, ese empeño de Esperanza de marcar claramente al sucesor, y dejar totalmente claro que Ignacio González, va a ocupar su puesto, obviando la voluntad de su propio partido en cuanto al posible delfín, y obviando también la voluntad de la Asamblea, dando por sentado la investidura de González como Presidente, es altamente sospechosa. Casi que le ha faltado decir, a mi me quitáis de en medio, pero yo dejo a quien quiero, porque ese adelanto mediático del sucesor, sin que el partido abra la boca, deja contra las cuerdas a Rajoy y a Génova, abocándoles a la designación, pues cualquier cambio dejaría en evidencia toda esta historia. Una maniobra habilísima desde luego para intentar salvar por lo menos los muebles, y manejar de alguna manera, aunque sea en la distancia. De todos es sabido que González no goza ni de las simpatías de Rajoy, ni de las gentes de Génova y del partido, y que la única valedora que tiene y ha tenido, ha sido Esperanza. González, tampoco despierta demasiadas simpatías en la prensa, y tal vez tiene un fondo de armario, digamos un poco desordenado, y con ciertos atuendos poco recomendables para presidir la Comunidad de Madrid.
Es posible que todo esto que escribo sean elucubraciones, aunque me alegraría de que fueran ciertas, no porque yo tenga razón o acierte, sino por algo mucho más esencial, y es que la salud de la Presidenta no tenga nada que ver en toda la historia, que Esperanza esté curada. Se lo deseo de corazón, y si así fuere, entonces, este asunto solo acaba de empezar, y nos va a quedar mucho por ver.
En cualquier caso esto es solo un análisis posibilista de alguien que hace mucho tiempo decidió no creer en las cosas demasiado evidentes sobre todo cuando la puesta en escena deja muchos cabos sueltos o mal atados. Las cosas son lo que son, no lo que parecen. Y en este caso ni siquiera las apariencias engañan, precisamente es todo lo contrario, las apariencias me dicen que es posible que tenga razón.
Son las once y media de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 23 grados. Un día caluroso y confuso donde los haya.




