Errores

Tanto ir el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Eso dice el refrán, pues efectivamente esta vez se rompió el cántaro, añicos está hecho, pero tampoco es que fuera una sorpresa, pues a pesar de las encuestas, que yo desde luego empezaría por ahorrar esa “pasta” preelectoral, pues tampoco es que sirvan para mucho, y tampoco es que acierten últimamente, el resultado de las elecciones en Andalucía y Asturias, era mucho más que previsible.

Tal vez Arenas pensó, que esta vez sí, que aunque ya llevaba una retahíla de fracasos en los comicios andaluces, esta vez la inercia del poder desde Madrid, le iba a llevar facilito al Palacio de San Telmo. Pero no ha sido así, porque el ciudadano andaluz está bien posicionado a la izquierda, y porque él es un viejo conocido que ya saben lo que da de sí, y sobre todo lo que da de no.

Arenas ha sido el primer error del Partido Popular en la estrategia electoral de las elecciones de ayer. Sí, ya sé, que es buen amigo de Rajoy, y que le apoyo incondicionalmente cuando soplaban vientos de furia en Génova contra Mariano, pero ser amigo de de, o incluso buen amigo de, no es una cualificación suficiente para llevar adelante un proyecto o un trabajo, el que sea. ¿Os imagináis un físico que prepara un proyecto nuclear de gran envergadura rodeándose de sus amigos para llevar adelante la investigación? A que no. Pues este es el segundo error del Partido Popular, o concretamente de Rajoy, que es el que ejerce eso de mis amigos primero. Hace años que Arenas estaba literalmente “quemado” en Andalucía y llevarle a estos comicios era prácticamente un suicidio electoral. Si Rajoy quería compensarle por su inquebrantable y leal amistad, hubiera sido mejor que le hubiera enviado a Telefónica, que últimamente da mucho juego.

El tercer error del Partido Popular, por el que  no va a gobernar en Andalucía, es ese exceso de liberalismo de nuevo cuño, del que ha hecho gala en estos últimos meses, y sobre todo la soberbia desde la que lo ha puesto en marcha. Las borracheras son malas, y las de poder, aun peores, pues la resaca no suele ser inmediata, y el Partido Popular ha dado la sensación de ir muy sobrado a estas elecciones, tanto que parecía que el elector, el votante, apenas si pintaba nada. Desde luego no es así, ni espero que lo sea nunca. Lo bueno de estar en democracia, cosa que aunque parezca raro le cuesta mucho entender a la clase política española, es que la decisión siempre está al final, en la urna, y de nada vale amedrentar o por el contrario hacerle la pelota al elector en las campañas, porque el ciudadano, mal que les pese a algunos, tiene esa costumbre molesta de pensar por su cuenta, y de decidir su voto como le da la gana, y sobre todo lo importante es que es cada vez más difícil de engañar.

El Partido Popular, en estos 100 días, ha llevado un política de elefante en cacharrería, demasiadas reformas, demasiado extremas, demasiado rápidas y lo peor de todo demasiado poco creíbles. Qué duda cabe que la gente se asusta, se agobia y sobre todo no entiende porque esa premura, porque además tampoco es que se las hayan explicado mucho, ya que la comunicación del PP sigue siendo una asignatura pendiente, como así lo fue la del PSOE, en la pasada legislatura. El discurso de Luis de Guindos y de Soraya Sáenz de Santamaria, son especialmente dañinos, no porque lo que digan no está bien, que no lo pongo en duda, sino por la manera en que se expresan. De Guindos es de un pesimismo verbal que raya en la tragedia, y Soraya, tiene un acento tan imperativo, que si fuera mi madre recogería el cuarto nada más verla y procuraría mimetizarme con una columna cuando pasara por su lado. Eso lo percibe claramente el elector, y desde luego produce un efecto negativo, que hace que el contenido del mensaje se diluya, y el ciudadano solo se quede con el tono. Ese es el cuarto error del PP en estas elecciones.

El quinto error está relacionado con las vanidades personales, y eso se ha materializado en Asturias. No se puede someter al ciudadano a los intereses personales de los unos y de los otros. El espectáculo que está dando la derecha en Asturias roza lo lamentable, y convocar unas elecciones solo para satisfacer los personalismos pasa factura, y vaya si la ha pasado.

Pero no hay mal que por bien no venga, y estas elecciones tal vez sirvan para demostrarles que además de que cada ciudadano es un voto, también demuestran que tienen la facultad de pensar y entender, de no dejarse engañar, de meditar claramente que es lo que les conviene o lo que no, que los políticos no están por encima del bien y del mal, que para vencer hay que convencer y que el mayor límite que tiene el poder es la  propia ciudadanía.

Son las nueve y media de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Yo de Rajoy me lo pensaba. Lo del rodillo, el ordeno y mando, las viejas glorias y que viene el lobo me parece que no funciona. Hay otra derecha y es hora de Rajoy la ponga en marcha, de lo contrario, a no tardar, volverán a la oposición.

 

Indecencia

25.000 euros al mes en coca. Sí señor, y que no falte. Y de la cocaína a las señoritas de compañía pasando por todo tipo de desmanes. Así, por el libro, por el libro de las corruptelas, y con dinero público, el de todos, el de pagar las pensiones, el de pagar el paro, el de la sanidad, el de las escuelas, el hacer carreteras y universidades. Andalucía se ahoga en el paro y en la desaceleración económica, pero el dinero se lo lleva la “nieve” repartido en las narices agradecidas de un puñado de indecentes. Indecentes, esa es la palabra, lo contrario de la decencia, que es una palabra que la clase política  ya no usa, que es antigua.

La vergüenza se reparte hoy por encima de nuestras cabezas, como un oleo pegajoso y obsceno, mientras leemos en los periódicos, como a costa de nuestras vidas, hechas a base de salario, se gastaban el dinero del desempleo en juergas, vicios y demás tropelías. Pero no pasa nada el domingo hay elecciones, si allí en Andalucía, y luego todo se diluye, se tapa, se esconde con dos o tres cabezas de turco, para acallar el rumor a fango que impregnaba ayer y esta mañana las redacciones. Eso, lo importante son las elecciones, quien las gana, quien las pierde, y ahí se queda todo.

Podría apostarme con vosotros 20 cenas, que dentro de un mes, nadie hablará de esto, nadie sabrá ya donde esta nadie, la amnesia necesaria y protectora ira invadiendo la realidad política andaluza,  y como mucho solo quedarán apenas algunos retales de hemerotecas, sino al tiempo.

Una vez hace unos años, mientras tomaba café con un diputado  – no diré de qué partido, porque tanto da, que da lo mismo- me contaba una serie de hechos, al detalle, que me llegaron a  poner los pelos de punta. Y cuando le pregunte, porque no se denunciaba, por que se miraba para otro lado, sonriendo me contesto: “Eres una ingenua, aquí entre nosotros, los temas de tías y de corrupción, ni se mientan, porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

Son las dos de la tarde. Por fin llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 4 grados. El mayor daño que se está haciendo a las instituciones se hace desde la propia clase política. Cada día la desconfianza es mayor, y lo único que siente el ciudadano es vergüenza y desamparo.