Ellas Pueden

Comenzar un proyecto nuevo es siempre ilusionante y desde luego, aunque supone un reto, es una experiencia llena de entusiasmo que poco se puede comparar con otras. Ahora mismo me encuentro en esa situación, y desde luego, a pesar de los problemas que tiene el “arranque”, tengo que confesar que la tarea me emociona.

Ellas Pueden, comienza esta noche, a la una de la madrugada en Radio Nacional de España – Radio 5, y también se emitirá los sábados a las cuatro de la tarde. Es un programa pensado para dar visibilidad a la mujer que quieren poder, que quiere llegar, que quiere estar, que quieren que se cuente con ellas, y a través de las ondas de Radio Nacional de España vamos a intentar trasmitir esos deseos, porque son ya muchas las mujeres de nuestro país que se levantan todo los días con el lema de querer es poder, y lo intentan poner en marcha.

Hablaremos con mujeres empresarias, periodistas, directivas, emprendedoras, científicas, ingenieras, actrices, escritoras, artesanas, mineras, agricultoras, en fin con todas, para que ellas nos cuenten su experiencia y nos sirvan de ejemplo para poder alcanzar lo que muchas veces vemos inalcanzable, pero que ellas han podido hacerlo o están en vías de conseguirlo.

También daremos una mirada a la historia para ver como otras mujeres en circunstancias mucho más difíciles que las actuales quisieron y pudieron, o por lo menos se ocuparon de allanarnos de alguna manera el camino. De esto se ocupará Roberto Mendés, compañero de RNE, historiador y periodista, que también estará en la coordinación del programa.

Y como no tendremos un tiempo para el debate, para la tertulia, con Concha Canoyra, CUNEF, Directora General Corporativa del Grupo SEK, Universidad Camilo José Cela; Nieves Alarcón, profesora de Economía de la Universidad Villanueva y directora del primer máster en conciliación en nuestro país, y María José Pérez Cejuela, Consejera en Norman Broadbent y ex Directora General de la Mujer y de Relaciones con la Justicia de la Comunidad de Madrid. Ellas nos van a ayudar a poner sobre la mesa los distintos puntos de vista con que la mujer actual ve nuestra sociedad

No puedo deciros más que agradeceros de antemano vuestra escucha,  que espero que el programa sea útil, que os guste y que cuento con tod@s para que el proyecto salga adelante, creo que merece la pena intentarlo.

Son las cuatro y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 22 grados. Mujeres hablando de mujeres porque ELLAS PUEDEN.

Ellas pueden, los miércoles a la 1 de la madrugada y los sábados a las 4 de la tarde en Radio 5 – Radio Nacional de España. Nuestra cuenta en twitter @Ellaspuedenrne

Nos felicitamos ¿No?…

You can dance, you can jive, having the time of your life See that girl, watch that scene, dig in the Dancing Queen….

Son las cuatro y media de la tarde del 8 de Marzo de 2012. No llueve en Pozuelo, como siempre, y la temperatura exterior es de 15 grados. Gracias por los mails de felicitación por el Día de la Mujer y gracias por el ramito de violetas, que yo no soy como la Almudena (9 de noviembre suponemos que se llamaba Almudena) de Cecilia, si sé quien me las ha enviado.

Respuesta

Marcos me escribe al correo electrónico, y me pregunta que quien soy. Buena pregunta Marcos pero, desgraciadamente no puedo respondértela.

Nadie sabe quien es y el que lo sepa, que tire la primera piedra. Pero tal vez amigo, te pueda aclarar algo, de lo poco que sé de mí.

Sé que soy una extraña forma de verano, o puede que solo sea la pegatina de colores que viene en algún chicle, o un ser estrambótico que se tatúa un melocotón anaranjado sobre el hombro. Me gusta la tecnología, fundamentalmente porque las máquinas carecen de vanidad y egolatría, y también me gustan las palabras. Palabras como asteroide, enigma, libélula, caricia, contenedor o percha, y suelo escribir versos con ellas, porque es mejor escribir versos que grabar epitafios o redactar testamentos.

A veces, susurro palabras en los oídos ajenos, siempre en la noche, oídos que desconozco, y que desde hace ya casi tres meses he alcanzado la palabra luna y la tengo colgada de mi ombligo. Una luna que pesa, que no es de algodón precisamente, y que se ha vuelto obscena y peligrosa.  También sé que los duendes de las manos largas intentan cubrirme de velos y vendajes, y que a mis espaldas murmuran en voz baja: “Es inconveniente. Que incorreción, Se ha salido de lo establecido, es inclasificable” Vivo Diciembre a mediodía, Enero en los portales y Febrero en tazas de café ajenas…Después solo azul, todo el azul que puedo acumular en las pupilas. Eso es todo.

En cualquier caso, ¿qué importancia tendrá o no tendrá quien eres, o que es lo que eres? Si tal vez todo esto sea un sueño. No me gusta que me pregunten esas cosas, porque te hacen pensar en lo que lo que no eres, y eso es si que es la única certeza.

Son las siete y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Acabo de terminar un nuevo libro de poemas, pronto verá la luz, con Luz, espero. Y ahora empiezo otro nuevo, pero esta vez no es la poesía, lo que me ocupa, es un relato sórdido, sonoro y sorprendente muy pegado a la vida, de hasta donde son capaces de  llegar algunos seres humanos. La realidad amigos siempre supera a la ficción.

Fraga y su tiempo

Trabajé con él, con D. Manuel o el Patrón como así se le llamaba en la vieja sede de la calle Silva. Si aquella que tenia un ascensor para coches que daba verdadera claustrofobia, si aquella que lindaba con la humilde de casa de Estrellita Castro, ya una anciana y con pocos posibles, a la que el Patrón visitaba a menudo y a la que ayudaba en silencio, porque Fraga era así. No llegamos nunca a entendernos demasiado bien, yo tal vez era demasiado joven para comprender con quien me sentaba todos los días, entonces solo podía percibir ligeramente la dimensión del personaje, pero aprendí tanto…

Podría escribir mucho sobre Manuel Fraga esta noche, fueron cinco años, si, entre el 77 y el 81, incluso tengo aun, una caja llena de fotos , de recortes, de carteles, el acta fundacional de Reforma Democrática, la constitución de GODSA,los carteles de las primeras elecciones, sus discursos escritos a máquina y a mano por él mismo, entre ellos el original de la presentación de Carrillo en el Club Siglo XXI (aún recuerdo a Pedro J Ramirez - el entoces solo era un redactor- invitándome a un café en un italiano que había frente a la sede de Silva, insistiéndome hasta la saciedad que le diera una copia unas horas antes, probablemente a Pedro se le haya olvidado) al que asistí en primera fila, en fin una caja llena de recuerdos ya amarillos, que de alguna manera forman parte de la historia de España, porque Fraga, con sus aciertos y con sus errores, es sin duda y será uno de los personajes históricos de mayor envergadura del siglo XX, y yo tuve el honor de compartir con él una parte de mi vida.

Y como hay gente que escribe, que documenta y que cuenta mucho mejor que yo la historia, os dejo con el post de El Cultural- El Mundo de hoy 16 de Diciembre, donde Manuel Penella, un buen amigo y biógrafo de Manuel Fraga, a través de su libro Manuel Fraga y su tiempo, hace una semblanza del personaje. Descanse en Paz

Desde la infancia hasta el año 2009, este libro repasa las ideas y la actividad política de Manuel Fraga, fallecido este domingo en Madrid a los 89 años. El libro hace especial hincapié en la evolución de su pensamiento liberal conservador y su capacidad para adaptarse a las turbulentas mareas de la vida pública española desde los tiempos hasta hoy. El prólogo, que reproducimos a continuación junto al primer capítulo del libro, lo define como un hombre que se ganó “un lugar destacado en la brevísima lista de personajes a los que siempre habrá que volver en busca de esclarecimiento y orientación”.

Prólogo

El político liberal conservador Manuel Fraga Iribarne (Villalba, 1922) ocupa un lugar destacado en la brevísima lista de personajes a los que siempre habrá que volver en busca de esclarecimiento y orientación. Al hilo de su biografía contemplamos los hechos y las inquietudes del siglo xx desde una perspectiva que nos invita a cultivar la comprensión entre generaciones, un bien muy preciado, básico para la cordura política de una sociedad que ha pasado por graves dificultades de convivencia.

Yo lo considero, ante todo, un modernizador. Si tenemos en cuenta su hábil y obstinada contribución a nuestro ingreso en la Unesco, le vemos actuando como tal desde principios de la década de los cincuenta. Y siempre será forzoso recordar su Ley de Prensa, comienzo del deshielo político que nos llevaría a la Transición, así como su decisiva contribución al auge del turismo, fuente de divisas y del fenómeno de difusión cultural que hizo posible nuestra puesta al día. Veo en todo ello el mismo impulso, característico de todas sus actuaciones, grandes y pequeñas, y también, desde luego, de sus esfuerzos por entreabrir el Régimen del general Franco desde dentro. Sus dificultades, sus triunfos a medias y sus éxitos indiscutibles nos ofrecen el completo guion de una época.

Añadiré que ni siquiera apelando a la imaginación soy capaz de visualizar a ningún otro político español realizando su histórico cometido de antes, de durante y de después de la Transición. No sólo fue capaz de transformar nuestra derecha autoritaria en una derecha democrática; también consiguió centrarla y dotarla de un partido hecho para resistir los embates de la historicidad. Tres proezas en una. No quiero ni pensar en cómo habría podido salir la Transición si en lugar de Fraga nos hubiera tocado en suerte un político tan errático como José María Gil-Robles. Si sólo hubiésemos contado, por el lado derecho, con políticos como Federico Silva Muñoz o Laureano López Rodó, ¿habríamos salido tan bien librados? No lo creo, francamente.

Mucho debemos a la coherencia y a la claridad de ideas de Manuel Fraga Iribarne. Como aquí se verá, no pocos de los errores que le han sido imputados se pueden considerar aciertos si de lo que se trataba era de poner al día la derecha española y, por lo tanto, el sistema político en su conjunto. Esa coherencia destaca por su naturalidad y por su falta de rigidez en lo accesorio.

Fraga siempre ha sido más flexible de lo que imaginamos. El secreto se esconde, creo, en sus principios y en su basamento aristotélico tomista. Y esa coherencia, de la que puede presumir con orgullo, ha tenido, como punto de referencia para muchos españoles, un valor inapreciable, con un efecto estabilizador sobre el conjunto. Si él hubiera ido dando bandazos, todos los habríamos dado con él, por un lado y por el otro. Con su absoluto compromiso democrático, Fraga, precisamente por no haber renunciado nunca a sus valores conservadores de raigambre católica, actualizados por el mensaje del Concilio Vaticano II, hizo más por nuestro aprendizaje de la mutua tolerancia que si hubiera entrado en el juego común de disfrazarse de lo que no es.

Como sobre él ha caído no poca incomprensión, como algunas de sus improntas sobre el curso de los acontecimientos se produjeron fuera de la vista del gran público, me ha parecido oportuno contar su vida desde el principio y sin perder de vista el contexto histórico.

Fraga ha sido siempre un gran realista, y como el lector verá, desde el principio se acostumbró a actuar a partir de lo dado, con pocas ensoñaciones de por medio. Y realmente no tiene ningún sentido atribuirle proclividades totalitarias o fascistas. Desde muy temprano se sintió tal como es ahora, un político liberal conservador.

Aquí me tocaba poner de manifiesto, con un grueso trazo, el camino que recorrió, con especial atención a los tramos más peliagudos. Por eso he prescindido casi por completo de las anécdotas y no he querido marear al lector con los innumerables datos de su impresionante currículum, que llena un volumen de más de doscientas páginas.

También he tenido que reprimir, casi siempre, mis impulsos analíticos. Me he contentado con una pequeña muestra de sus libros, rescatando algunos, pero dejando la mayor parte fuera del recorrido o en una simple nota a pie de página. Con más de doscientas obras en su haber, Fraga será objeto, no nos quepa duda, de importantes trabajos académicos.

También he tenido que descuidar deliberadamente al conjunto de sus amigos, admiradores y seguidores, contentándome con unos pocos. Y es que sus compañeros de viaje han sido muchísimos. Me ha parecido importante destacar que precisamente su hazaña como constructor del Partido Popular ha sido dar vida a una formación que supera el marco de «los amigos de», con el que no pudieron romper otros aspirantes a ocupar el centro derecha.

La figura resultante es, a mi juicio, mucho más atractiva que la que nos hemos forjado a fuerza de lugares comunes, por ejemplo imaginándolo destemplado, autoritario e incapaz de autocrítica. No discuto ni sus arranques de malhumor ni su vehemencia, pero quiero destacar que, tratándose de asuntos trascendentes, nunca descarriló.

Fraga es hombre complejo, de fuerte carácter, pero también reflexivo y capaz de trazarse planes de largo aliento. Tiene una considerable mano izquierda. Es capaz de entenderse con gentes diversas, es indiferente a las tentaciones oportunistas y es demasiado alto como para enredarse en ninguna clase de rencor político. Quienes le conocen bien siempre destacan no sólo su elevada preparación y su honradez, sino también su buen corazón. Son datos que tener en cuenta, por cuanto su obra política no podría haberse materializado con menos recursos intelectuales, morales y afectivos.

Debo expresar mi agradecimiento, en primer lugar, a mi protagonista, siempre dispuesto a recibirme en su despacho del Senado. Ha leído el texto a la caza de errores, pero con ánimo de respetar mis opiniones, no necesariamente coincidentes con las suyas. He podido escribir con máxima libertad, siendo yo, por lo tanto, el único responsable de cualquier pifia que aparezca. También debo dejar constancia de mi agradecimiento a Elena Revuelta Abad, secretaria de Fraga, a Félix Pastor Ridruejo, Carlos Argos, Javier Calderón, Florentino Ruiz Platero, Javier Carabias del Arco, José orejas, Marta Pastor, José Ramón Lasuén y Carlos París. Estoy en deuda con los memorialistas del período y también con Rogelio Baón, Cristina Palomares, John Gilmour, Tom Burns Marañón y Rafael Borràs Betriu. Y no debo olvidar, como referencia, mi deuda con los estudios críticos sobre el pensamiento español del profesor José Luis Abellán.

He tenido ocasión de departir con varios de los protagonistas secundarios de este libro, desde Ramón Serrano Suñer a Pedro Laín Entralgo, pasando por Joaquín Ruiz-Giménez, Gabriel Cisneros, Eurico de la Peña y Fernando Chueca Goitia. A todos les debo algo, como también a Eleanor Krane Pauker, a Dionisio Ridruejo y a mi padre, el periodista y diplomático Manuel Penella de Silva. Mi editor, Joan Eloi Roca, siempre estimulante, ha sido muy paciente conmigo.

Ortega decía aquello de que «yo soy yo y mi circunstancia», añadiendo una indicación sumamente comprometedora: «Y si no la salvo a ella, no me salvo yo.» Pienso que Manuel Fraga salvó su circunstancia, con bien para todos.

Son las once y media de la noche. Llueve demasiado en Pozuelo y la temperatura exterior es de 4 grados.

Pensamiento lineal

Acabo de llegar del trabajo, y mientras me desengancho de la rutina, y para “desengrasar” de tanta “movida economico-apocalíptica-financiera” me he dado una vuelta por páginas de ciencias y demás, de las que no me da tiempo a difrutar mucho durante mi rutina laboral y, fijaros, he leido que la mujer tiene el cerebro estructurado de forma diferente al del hombre, de tal modo que él de ellos funciona de manera más…digamos… “lineal” que el nuestro. Por eso se centran en un solo problema o actividad cada vez.

Por el contrario, el cerebro femenino es más divergente y polifacético, permitiéndonos el “lujazo” de realizar múltiples tareas al mismo tiempo. Y claro nos sueltan esa patraña de que podemos simultanear cincuenta cosas porque es poco menos que genético, y nosotras, con ese afán de estúpida superación que nos caracteriza, ya estamos como imbéciles haciendo de mujer orquesta las 24 horas del día.

Ahora va a resultar que multiplicarnos hasta la locura no es propio de marujas taradas, si no algo intrínseco a la condición femenina. Vamos que no lo podemos evitar. Pues mira que bien. Que alegrón me han dado.

De repente me asalta un terrible pensamiento, ¿y si fuera todo mentira?, ¿y si nuestro cerebro fuera exactamente igual que el del hombre y todo fuera un cuento chino para que siempre tengamos que hacer más cosas que ellos…?

Creo que voy a coger un libro, de esos de amor y lujo, de purita evasión para arrancar de cuajo este pensamiento de que soy capaz de hacer muchas cosas a la vez, y a partir de mañana prometo empezar a hacer ejercicios de pensamiento lineal para poder hacer solo una cosa cada vez. Me va a costar, pero amigos no pienso seguir viviendo de una manera tan femenina.

Son las ocho de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Ya sabéis una cosa cada vez, una cosa cada vez…