Un debate…un cuento

Me he prometido a mi misma – que una consigo misma tiene mucha autoridad, aun- no escribir sobre el debate de ayer entre Zapatero y Rajoy, y especificamente sobre las no propuestas que no escuche sobre las posturas de ambos respecto a los que componemos la llamada Sociedad de la Informacion, o las TIC. Pero voy a hacer una pequeña trampa, y os contaré un cuento. De todas maneras hay mucha, demasiada politica en el ambiente, y un cuento, o tal vez una fábula, de vez en cuando no viene nada mal. Luego que cada uno saque sus propias conclusiones.

Y el cuento dice asi:

Esa mañana, el circo llegó a la ciudad. Joaquín dormía, pero el sonido de los elefantes lo despertó y de un salto ya estaba en la ventana.Al ver la caravana no dudó un sólo instante: debía unírseles y trabajar allí. Así que tan rápido como pudo, se vistió. Había llegado el gran día, no tenía que dejar que los nervios lo traicionaran.En el circo quedarían encantados cuando les mostrara lo que él sabía
hacer.
Impecable con unos zapatos nuevos que le había regalado su abuela, Joaquín golpeó la puerta del carromato principal. Seguro que el dueño del circo estaba allí…Malhumorado y todavía un poco dormido, el hombre abrió la puerta y murmuró:-No importa que tan importante sea eso que vienes a decirme, el viaje hasta aquí ha sido muy pesado y deseo seguir durmiendo. Vuelve mañana y te atenderé.Joaquín regresó a su casa bastante inquieto. El encuentro con el dueño del circo no había sido igual a como se lo había imaginado, pero pensó que tanto viaje y tanta responsabilidad podían poner a la gente un poco…rara. Seguramente mañana lo atendería con amabilidad. Y ni que hablar cuando le mostrara lo que él sabía hacer.Esa noche Joaquín se acostó más temprano que de costumbre. No podía dejar de imaginar la cara del hombre cuando lo viera…Pensando en eso se durmió. Y al llegar la medianoche, Joaquín estaba soñando con pájaros….…con pájaros…

…y más hermosos sueños con pájaros.

A la mañana siguiente, volvió a golpear la puerta del carromato:
-¡Toc-Toc!

-¿Otra vez tú por aquí…? ¿No ves que estoy muy cansado? ¿No te das cuenta que en pocos minutos comenzará la función? ¿Qué quieres?

Joaquín se sintió abrumado con la cantidad de preguntas y la voz fuerte del hombre. No había que ser un genio para darse cuenta que su presencia lo molestaba, y de ese modo era difícil comenzar a hablar.

Así y todo tomó coraje y le dijo:

-He venido porque deseo trabajar en su circo.

-¡Já! -rió el hombre burlándose- A ver y dime, pequeño: ¿Qué crees tú que puedes hacer en mi circo..? ¿limpiar la jaula de los animales? ¿darle de comer a los elefantes? ¿recibir los boletos?

Otra vez demasiadas preguntas, pensó Joaquín. Estuvo a punto de hacerle un comentario al respecto, pero por la cara del hombre sabía que no estaba dispuesto a escucharlo mucho tiempo. Así que fue directo al grano y le dijo:

-Puedo imitar a los pájaros.

-¡Ja ja ja ja ja ja ja ja! ¡Ouaaaaaaaaa! ¡ja ja ja ja ja ja ja ja! Esos imitadores de pájaros, con sus insoportables sonidos !!!

-Pero no, señor…No me ha entendido, es que…

-ENTIENDO PERFECTAMENTE. Trabajo en ésto hace más de treinta años y reconozco un talento antes que la persona misma lo descubra ¿te das cuenta lo que es eso? ¡soy el DUEÑO de un circo MUY IMPORTANTE! Tengo una lista de trescientos imitadores de cosas, a cada ciudad a la que voy se me acercan docenas de imitadores tan buenos como te puedas imaginar. Perdona pero lo tuyo no me interesa. Y ahora, si me disculpas, ya empieza la función. Adiós.

Antes que Joaquín pudiera responder, el hombre cerró con fuerza la puerta del carromato.

Joaquín se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. No podía quitarse de encima el ruido del portazo…el espeluznante ¡BLAM! no dejaba de retumbarle en la cabeza. Se quedó así unos minutos, sin saber qué hacer. Hasta que de lo alto empezó a escuchar un sonido…miró al cielo y vio como se cubría con cientos de pájaros.

Entonces Joaquín agitó apenas sus bracitos…y voló.

 

Son las once menos cuarto de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 8 grados. La pena es que solo piensan que graznamos o gorjeamos, pero hace ya mucho tiempo que volamos alto.

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