La sangre ajena

Nosotros, los que trabajamos con palabras, solemos tener mucha soltura a la hora de enfocar cualquier tema que debamos abordar. Pero cuando la indignación se apodera de ti, es tremendamente difícil encontrar cual es el vocablo adecuado para expresar lo uno siente. Hace apenas una hora ha sido asesinado Isaías Carrasco, y si empezara este post con eso de “mi más tremenda repulsa y mi dolor” me quedaría corta, e incluso fría. Esas son  las palabras que se dicen  y que se escriben en estas ocasiones, pero ya no bastan. 

ETA ha cerrado la campaña, cuando ella ha querido y como ella ha querido, y eso lo ha hecho por sus medios habituales, el de apretar un gatillo o hacer explotar una bomba, en definitiva: matar. Esta legislatura, y lo digo con todo el dolor de mi corazón, comenzó con un atentado terrorista, y se cierra con otro atentado terrorista. Esto obviamente, nos debería hacer reflexionar profundamente, y desde luego una de las conclusiones más claras es que la clase política es inoperante frente a una situación de tal envergadura.  Hemos asistido a una campaña agresiva, dura y tendenciosa, donde se ha hablado poco de futuro y si mucho de pasado, pero no he visto a nadie exponer medidas concretas respecto al terrorismo, y lo que es peor, aquellos que han tenido la responsabilidad de gobernar – porque cada uno tiene su responsabilidad en esta vida, y las cosas son como son, así que a cada uno lo suyo- no han sido capaces de poner fin a esta lacra sangrienta, que no solo nos está minando la moral, sino lo que es peor esta minando el sistema democrático.  

Mientras escribo este post, hablo también con mi hijo -21 años- que me pregunta porque cada vez que hay elecciones tienen que matar a alguien. “Casi mejor que no las hubiera” –añade-.  No se que decirle, pero esa asociación de ideas me preocupa sobremanera, porque la gente joven está empezando a relacionar el hecho de elegir, el ejercicio pleno de la libertad, con la violencia, la sangre y la muerte. Peligroso planteamiento, desde luego, porque las balas hacen su efecto, no sobre las vidas que ya es mucho, sino también sobre la sociedad que casi todos durante mucho tiempo hemos deseado. La violencia siempre es totalitaria, y aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar tienen que poner todos los medios a su alcance para no solo garantizar la paz de los ciudadanos, sino también para  proteger el sistema de libertades sobre el que hemos edificado nuestra convivencia.  

No se quien va a ganar la elecciones que se celebran el domingo, pero sea quien sea, yo y muchos como yo , no queremos más de lo mismo, no quiero mas palabras huecas, no quiero más condolencias, no quiero mas manifestaciones de repulsa, no quiero más sepelios, no quiero más muertos, y si aquellos que nos representan -que me parece que se les ha olvidado eso de que el poder que tienen los unos y los otros, emana del pueblo- siguen haciendo juegos malabares con la sangre ajena, van a recibir el eco del silencio en las urnas. No es gran cosa, pero como solo se acuerdan de nosotros, de la gente corriente, cada cuatro años, y solo para que vayamos a depositar nuestro voto para que ellos puedan seguir perpetuándose en el poder y en el privilegio, la respuesta solo puede ser el silencio, un silencio atronador de abstenciones, que tal vez los coloque en el sitio que se merecen. Que fácil es hablar, que fácil,  cuando la sangre es ajena.   

Son las cuatro y cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 14 grados. Isaías Carrasco, descanse en paz, su familia… seguramente no.

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3 pensamientos en “La sangre ajena

  1. Sorprendido me ha dejado usted, yo creia que la abstención con lo de ayer era la muerte. Sin duda sigo convencido que es la muerte, porque con lo que pretende usted, el voto en blanco podría ser má eficaz para usted, que no para mí, que yo votaré por un partido.

    Si Isaias Carrasco murió para que mañana haya abstención; pensará que los que le mataron tenian razón; y eso yo y la inmensa mayoria de este pais lo rechaza.

  2. Isaias Carrasco, no murió, fue asesinado, que no es lo mismo. Seguramente él no estaba dispuesto a dar la vida por nada salvo por su familia. Por otra parte yo no pretendo que la gente se abstenga con mi post, es más yo no soy nadie para recomendar nada, pero lo que si tengo claro es que por el camino que vamos estamos dañando la democracia, y que tal vez, la ciudadanía que no tiene otra herramienta, sino su voto, ya que la participación civil en la vida política está totalmente relegada al ostracismo, puede que en algún momento silencien su iniciativa electoral, y entonces ¿que hacemos?… La democracia, querido Jesús, no es más fuerte que la muerte… es la realidad.

  3. No dejas de sorprenderme Marta. Piensa un poco en aquello que hablamos sobre este tema y tu idea de la abstención entonces. Ahorita vas entendiendo el motivo de mi abstención en aquella época. Al final no es más que un castigo hacia quiénes lo están haciendo tan mal. Un abrazo

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