El cuento de las palabras

“Para evitar los males, había que ofrecer palabras en sacrificio a los dioses. Se sacrificaron primero palabras menores, de las que sólo servían para nombrar flores extrañas o lugares lejanos. Pero las amenazas continuaban, y los dioses pidieron más palabras, así los sacerdotes sacrificaron muchos sinónimos, pues tenían sustituto, pero los dioses querían más. Pronto dejaron de usarse las palabras que indicaban emociones, por superfluas, y aquellas que nombraban cosas valiosas, pues eran las más queridas por los dioses. Y como los males no acababan, también los nombres propios fueron sacrificados, y los apodos, y hasta el nombre último murió.”

Este es un cuento de Jordi Cebrián. Tal vez a algunos les sirva para entender la realidad que en algún momento podría circundarnos, aunque tal vez ya no estén a tiempo.

Son las nueve y media de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 8 grados.

Nota para Jose Luis Prieto (sobre su comentario al post anterior): Más que en destruir deberiamos pensar en construir puentes sobre las aguas turbulentas.

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