Mujeres y mobbing

Se supone que vivimos en la sociedad del bienestar y que según dicen algunas patronales los trabajadores y trabajadoras en nuestro pais disfrutan de unas ventajas sociales sin precedentes. Pero la realidad es otra y el acoso laboral a mujeres, y concretamente a mujeres embarazadas en el ambito laboral es una lacra que cada día se incrementa en nuestro país. Un delito, porque el acoso laboral es un delito, que es común a todas las escalas profesionales y que supone ni mas ni menos que un 13 por ciento de afectadas en España .

Son muchas las practicas que materializan este mobbing, en el caso de mujeres embarazadas  y madres. Por ejemplo les asignan al regresar de la baja puestos de menor responsabilidad, o son relegadas a puestos sin contenido,  o directamente las despiden ya que el coste de un despido es mucho menor que el de una madre en ejercicio de su profesión. “No creerás que íbamos a esperarte”, le dijo. Y la relegó profesionalmente hasta que se marchó de la empresa. A principios de año acabó un suplicio que, cuenta, arrancó el mismo día en que comunicó su embarazo. Trabajaba 10 o 12 horas diarias. Para cubrir su puesto, asegura, contrataron a dos hombres. Testimonio como este están a la orden del día últimamente.  “Es el menos divulgado de los tipos de maltrato laboral y tiene una particularidad respecto al resto: no se hace para destruir moralmente a la trabajadora, aunque también se consigue, sino que tiene vocación ejemplarizante. Se utiliza para disuadir al resto de empleadas de tener más hijos. Y lo consiguen, por eso España tiene una tasa de natalidad en mínimos”. Lo explica Iñaki Piñuel, psicólogo del Trabajo y autor del Informe Cisneros de 2006. Varios indicadores dan idea del nivel de incidencia de este maltrato. Uno de cada diez empleados declara que ha sufrido acoso psicológico en el trabajo y, de éstos, el 13% cree que se debe a su condición de mujer.La Fundación Madrina  asiste a una media diaria de 70 madres jóvenes en dificultades, buena parte de ellas inmigrantes, y el 78% con conflictos laborales de por medio. El balance de actividad de su fundación resulta esclarecedor: de las mujeres que ha atendido desde 2000, el 80% identificó el embarazo como la primera causa de su despido y el 90% se sintió previamente hostigada.El presidente, Conrado Giménez, no duda en asegurar que “el embarazo es una mala noticia en la empresa y un factor de desigualdad en el trabajo” y “lo malo”, añade, “es que la mujer tiende a aguantar más, a denunciar menos los casos de mobbing, por eso hay muchas más denuncias de hombres que de mujeres”. La mayoría, además, exige el anonimato para contar su caso porque están convencidas de que dar a conocer su identidad les perjudicará profesionalmente en el futuro. El panorama resultante, explica, es desolador: las secuelas del mobbing son la autoestima baja, la vulnerabilidad, fobias a lugares, a personas.La legislación protege a la mujer que ha sido madre de un despido y la ampara cuando reclama jornada reducida para cuidar a su hijo. Pero el día a día, el trabajo cotidiano, el trato personal, en definitiva, es territorio comanche. Es lo que le ocurrió a Elena, la ingeniera -no ficticia- de Barcelona. “No me rebajaron el sueldo, claro, no podían, pero pasé de ser la mano derecha del jefe, que no podía hacer nada sin consultarme, a no tener de repente el perfil adecuado para seguir dirigiendo a la gente. Me dieron unas funciones muy inferiores, me relegaron, mi superior apenas me hablaba”, explica.El patrón de este tipo de acoso suele ser el mismo. Cuando la trabajadora regresa de la baja maternal, se le asigna un trabajo de responsabilidad inferior, rutinario y se descalifica constantemente su resultado.Las empleadas con contrato temporal, como Raquel Blanco, lo tienen crudo. Con 34 años, trabajaba hasta hace poco en una frutería del mercado de Maravillas, en Madrid. Tenía un contrato temporal de seis meses. Cuando se supo que esperaba un hijo, sus compañeras trataron de convencerla de que no le dijera ni una palabra al propietario hasta que fuera evidente, porque estaban seguras de que la echaría. “Pero como acababa de ser abuelo, pues, me dije, será sensible y tal. Pero se quedó blanco y me dijo. ¿Cómo ha sido? Pues cómo iba a ser…”. Le aconsejaron que pidiera la baja maternal anticipada porque así la ley obligaría a que se le renovase el contrato. Pero no lo hizo. Tampoco su jefe se deshizo de ella inmediatamente. Le hizo un contrato por otros tres meses y le explicó sin remilgos que lo hacía para apurar hasta acabar los nueve meses de gestación. Cuando acabaron, estuvo otras tres semanas trabajando sin contrato. Luego rompió aguas. Y le dijeron que no volviera.“Pero lo malo fue cómo me trataba cuando estaba allí. Me empezó a dar siempre a mí los trabajos más pesados, los que no podía hacer por la barriga, me criticaba siempre, me mandaba callar si hablaba un poco con una clienta”.Lo relata con su hijo Aaron, de cinco meses y medio, en un brazo y con el teléfono en otro. Y con pocas esperanzas de encontrar un nuevo empleo a medio plazo, pese a no haber parado de trabajar en limpieza y distintos puestos de alimentación desde muy joven.En el caso de Raquel, las compañeras de trabajo la respaldaron y la intentaban ayudar con las tareas más duras si su superior se lo permitía, pero no siempre es así. El mobbing procede muchas veces de los propios compañeros como efecto perverso de la mala organización del trabajo. El más frecuente es el descendente, un 20% es entre compañeros por rivalidades o celos y un 9% hacia los jefes, cuando los empleados conspiran para hacerle la cama a su jefe.La profesora Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia de la escuela de negocios IESE, explica que esta situación se produce “cuando las empresas no tienen política de conciliación y el trabajo de la mujer que pide la jornada reducida o la baja maternal recae en sus compañeros, que acaban perjudicados”.En este sentido, cree que también es necesario romper una lanza a favor de las empresas, para las que transformar toda la estructura operativa y lograr una verdadera política de conciliación genera unos costes a corto plazo difíciles de asumir para algunas compañías. La Ley de Igualdad aprobada por el Gobierno obliga a las empresas de más de 250 empleados a negociar con los agentes sociales planes de igualdad, pero cumplirla más allá del papel no es sencillo y Chinchilla opina que “el Estado debería dar ayudas y apoyar a la firma que está haciendo bien las cosas”.El problema de todos los afectados por acoso en el trabajo a la hora de defender sus derechos -y esto ocurre igual a hombres y mujeres- es encontrar pruebas suficientes para demostrarlo en un eventual juicio contra la empresa. Los sindicatos recibimos  a diario cientos de consultas sobre este tema. “¿Cómo puedo demostrar que mi jefe me maltrata? ¿Cómo puedo demostrar que no me han renovado el contrato porque me he quedado embarazada?”.

En Estados Unidos es ilegal hacer cualquier pregunta personal sobre pareja, hijos o intención de tenerlos en un proceso de selección de personal para evitar cualquier sombra de discriminación, explica Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. “Yo mismo, que he trabajado en recursos humanos, aconsejo a mis alumnas que mientan. Dado que la empresa no tiene derecho a preguntar sobre la vida personal, y que callarse también es perjudicial, les recomiendo mentir. Es triste, pero un mal menor”, sostiene.Sobre este espinoso asunto, un portavoz de la empresa de selección de personal Randstat sostiene que, al menos en su caso, la maternidad o potencial maternidad de una mujer no supone ningún agravio y añade que los elevados porcentajes de mujeres contratadas por ellos lo demuestran. Sin embargo, un estudio encargado por esta misma empresa a la escuela de negocios ESADE concluyó en 2006 que “estar casada y tener un hijo es un factor decisivo de la discriminación de la mujer en el mercado laboral”.Según el Informe Randstat se produce “una brecha” en la trayectoria profesional de las mujeres cuando éstas se casan y tienen hijos, “lo que provoca una ruptura que luego difícilmente se recupera cuando la mujer con hijos en edades ya escolares quiere reincorporarse al mundo laboral”. El miedo a que una empleada se quede embarazada se basa en su particular ideario: que las madres faltan más al trabajo, rinden menos y sufren una repentina desafección al trabajo.“Lo peor es que la mujer tiene todo esto asumido, sabe que no le renovarán el contrato si se queda embarazada y les parece natural. ¡Lo han interiorizado!”, lamenta Piñuel. Y, en su opinión, pintan bastos. La desaceleración económica en la que estamos ya sumidos esta claro que va a disparar los casos de mobbing por la presión a la que se ven sometidos los mandos intermedios y la necesidad de ahorrar costes en despidos. Tampoco puede obviarse que las dificultades para encontrar otro trabajo obligan a aguantar estas situaciones y a eternizar el maltrato.Esta es la situación y desde luego el Estado debería tomar cartas en el asunto. El mobbing, el acoso laboral es un delito de nuevo cuño, y necesita un nuevo marco legal en el que se condenen de una manera explicita y clara por parte de nuestro ordenamiento jurídico este tipo de delitos, y de momento no se ha puesto en marcha ningún mecanismo para llevar a cabo esta tarea. Acabamos de finalizar una campaña electoral, en la que a los candidatos de les ha llenado la boca hablando del papel tan importante que juega la mujer en la sociedad, del cupo, de la conciliación laboral y familiar, pero la realidad es bien distinta. Ahora toca trabajar, hay cuatro años de legislatura por delante. Veremos a ver donde estamos dentro de cuatro años, porque me temo que en este como en otros temas en los que las mujeres estamos por medio, como mucho estaremos donde estábamos, o tal vez, si vienen tiempos malos para la economía mucho más atrás.

Son las cuatro y diez de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 17 grados. Y me reitero, Zapatero me debe 400 euros. Algunos deberian recordar que están aqui por que una vez tuvieron madre, aunque a esos “algunos” habría que empezar por explicarles el significado de la palabra madre… que seguro que lo desconocen

4 pensamientos en “Mujeres y mobbing

  1. Doy fe. Yo misma salí de una empresa en las circunstancias arriba relatadas. En mi caso, les denuncié por el art. 50 del E.T. Pactamos antes de entrar al juicio. Yo ya tenía otro trabajo y me interesaba acabar cuanto antes… pero hubiera llegado hasta el final. Qué panda…
    Se tenían que pagar las pensiones con el sudor de lo que rima (con perdón).

  2. ¡¡Hola Marta!!
    Mi primera vez comentando en tu blog.:)
    Yo por suerte o por desgracia no he sufrido del mobbing laboral por motivos de maternidad. Pero sí lo he sufrido…se supone que por envidia.¿¿??.
    Fue cuando estuve como funcionaria interina en el Gobierno de Cantabria.
    Y no fue plato de buen gusto. Llegué a odiar trabajar para la Administración Pública…de hecho, ahora tengo una especie de fobia a opositar, ya que no hago más que pensar que pasaría si en mi plaza fija sufriera una situación parecida a la pasada. ¿Para eso me tiro años estudiando, para acabar trabajando amargada?.
    Y volviendo a los temas que comentas…me parece lamentable que ser madre sea una especie de condena en este siglo. Una vergüenza y como tú dices, no podemos quedarnos callados y viendo estas injusticias sin hacer nada, sólo porque no lo hayamos sufrido. Es una de las cosas buenas que tiene que tener la blogosfera.
    Un post muy interesante. Felicidades.
    Un saludo

  3. Está claro que con las leyes solo no basta. Pienso que los sindicatos necesitan una renovación total y un replanteamiento de su papel, a la vez que desde el gobierno se ha de reforzar el papel de los mismos. El principal problema que tiene una mujer que sufre mobbing, es la soledad y la indefensión.
    Reflexionemos desde los movimientos sindicales.

  4. Lo peor de todo es la pasividad de los organismos que se suponen han de defender a los trabajadores , el poco control de la seguridad social quienes supuestamente se ocupan de nuestra salud , paradoja de la vida en fin que entre todos podremos luchar por que los acosadores sean castigados

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