Yo para ser feliz no quiero un camión

 

 

Aunque parezca mentira, y digan que solo es cosa de aquellos que vemos siempre la botella medio llena, toda situación de crisishe dicho crisis, no desaceleración – tiene también su lado positivo.

 

Hoy me he desayunado, además de con un par tostadas y café, con la lectura de un estudio publicado por la plataforma europea de vehículos en la red, Autoscout24, en la que se cuenta, entre otras cosas, que la oferta de automóviles 4×4 se ha disparado un 30% en el mercado de segunda mano entre enero y junio de 2008.

 

Y no es que yo esté esperando para comprarme un Cayenne o cualquier mole de esas, ni por asomo. Una no necesita llevar un “camión” para afianzar su personalidad, pero lo que si me descompone es no poder circular por las calles estrechas de Madrid, porque uno de esos dueños del 4×4, lo han dejado en doble fila, y un utilitario en doble fila molesta, pero una vagoneta de esa envergadura, no es que moleste, es que impide incluso los movimientos de los peatones por la calle.

 

Pero como últimamente, en la jaisosaiti de nuevo cuño, si no tenías un Cayenne, X5, o Q7, no eras nadie, y como el caso es aparentar a la salida del “Britanico” – que, que necesidad habrá de llevar al niño al cole dentro de una “vacaburra” de ese tamaño, parar en medio, y taponar toda la calle– , o llegar a Marbella, o a “Soto” – que  no se dice Sotogrande, que eso delata – montado en un diplodocus con ruedas, y con las patillas por debajo del sobaco, el personal “hipermegaguay del mundo mundial, osea”, se empeñó hasta las cejas, para pagar una más de las vanidades de esta sociedad del superbienestar en la que vivimos, aunque luego a los niños se les vista con polos, eso si de marca, que apenas si les cabe la cabeza – que las criaturas crecen –  pues lo llevan más de tres temporadas seguidas, y lo cierto es que ahora tienen  que ir pensando en desprenderse de algunas cosillas, entre ellas este tipo de “tractores”.

 

El caso es que la crisis – que he vuelto a escribir crisis y no desaceleración – ha traído consigo una elevación considerable en los precios de los combustibles, que junto con la subida de los alimentos de primera necesidad – aunque estos de la “jai” no se si comen – y de las hipotecas –que los de la jai, también tiene hipotecado el “chale” de La Finca o de La Moraleja, hasta el sótano– , esta llevando a este colectivo – lo mismo les molesta que les llame colectivo – a desembarazarse de los 4×4, porque hay que ir apretándose el cinturón, aunque sea de Loewe o de Hermés, que por cierto los “complementos de piel” es lo último que se empeña.

 

Además la fiscalidad verde, es decir los gravámenes que van a tener que soportar este tipo de “trailers familiares”, va  a ser alta, y Ayuntamientos como el de Madrid, están dispuestos a restringir el acceso a la capital a aquellos automóviles que emitan mayores índices de CO2, como es el caso de estas moles, aunque no se si los dueños de estos vehículos tienen demasiada conciencia ecológica.

 

Así que no como no hay que mal que por bien no venga, ni que cien años dure, con la crisis, volveremos a tener nuestras calles más despejadas, y volveremos a ver circular pequeños vehículos utilitarios con un menor consumo y menos contaminantes, porque que queréis que os diga, yo ante un pijo con una camioneta de lujo – que a algunos les falta solo la visera verde sobre el parabrisas con el lema ese de “Dios te guarde” o “ Carmen, Carmencita y Pepe” – o un pijo con un mini con un 17 pintado en la puerta, me quedo con el mini, aunque si no lleva pijo dentro mejor que mejor.

 

Son las ocho de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 26 grados. Yo para ser feliz… no quiero… un camión.

Un pensamiento en “Yo para ser feliz no quiero un camión

  1. Hace un par de meses ya había leido que los Cayenne, esos 4×4 de ‘porssss’ (que es como se pronuncia) que eran objeto de deseo de todos estos nuevos ricos para demostrar su alto nivel, proliferaban en el mercado de 2ª mano, y que iban camino de ser el estandarte de todo este desmadre que ya ha durado demasiado…

    Yo trabajaba junto al Brains, en Alcobendas, y era asqueroso llegar a la rotonda y encontrarte todo colapsado porque las mamás piji-guays copaban la entrada al colegio, y no dejaban pasar al Autobús de la ruta, que a su vez no nos dejaba pasar a los demás… como si no se pudiese bajar a los niños andando al colegio, como hacían con nosotros, en lugar de esos cacharros…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s