Rouco y las modas

 

Escucho con tristeza las palabras de Rouco en la Misa de la Familia: “es posible concebir, ordenar y vivir el matrimonio y la familia de forma muy distinta a la que en tantos ambientes de nuestra sociedad está de moda”.

Como todos sabéis, y si no os lo cuento, yo soy católica y divorciada. Y Rouco, y algunos como él no dejan espacio en “su iglesia” para gente como nosotros. Me gustaría sentarme con este predicador y explicarle, que la mayor parte de las personas que conozco que se han divorciado, no lo han hecho por capricho, que el desgarro que supone una separación no es una moda, y que la distancia con los hijos que supone una ruptura familiar es una se las situaciones más amargas que puede vivir un ser humano.

Sin embargo en “la iglesia de Rouco” no existe consuelo, ni amparo, ni comprensión para los hombres y mujeres católicos y no católicos que pasan por ese trance. De hecho su doctrina no solo no los conforta, si no que los aparta inmediatamente del grupo, ya sabéis que un divorciado es expulsado inmediatamente del grupo, por medio de un procedimiento que ellos llaman excomunión.

Una de las primeras cosas que aprendí, o mejor dicho que enseñaron mis padres, de los que heredé y aprendí la fe en Dios, fue algo que se llama caridad cristiana, un valor que la Iglesia de Rouco desconoce por completo, y que viene a significar, más o menos, que hay que confortar, comprender, amparar y ayudar a cualquier ser humano, piense o no como tú, e incluso cuando sabes que ni siquiera están actuando correctamente, y sobre todo aliviar con esa caridad cristiana el sufrimiento de aquellos que pasan situaciones terribles, complicadas y desesperadas. Pues bien, Rouco, a pesar de ostentar el cargo que ocupa dentro de la Iglesia, y con mayor motivo, dar ejemplo, no sabe ni siquiera, ni por asomo, lo que es eso de la caridad cristina, pues se la niega a los que sufren, en este caso, un divorcio.

Yo, como otros muchos católicos, no nos divorciamos porque fuera una moda, sino porque la situación era insostenible para nosotros y para nuestros hijos, y cuando volvimos nuestras miradas a la esa Iglesia que nos habían enseñado de pequeños, que siempre estaría con los brazos abiertos para acogernos y confortarnos, solo encontramos un frío atroz, y palabras de fariseos, que con una gran falta de respeto, como poco, nos dicen desde los púlpitos que lo que hacemos es seguir una moda.

No obstante, y a pesar de algunos Roucos que pueblan y controlan lo que queda de la Iglesia de Cristo, sigo creyendo en Dios, porque si no hubiera sido por él, y por algunos amigos más terrenos, tal vez aun estaría estancada en el dolor y la pena que supuso la ruptura de mi familia.

Son las ocho y cuarto de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 3 grados. Y se me olvidaba, hay que decirle a Rouco, que los hijos de los divorciados siguen teniendo padres, padre y madre, por si no se había dado cuenta. Menuda manera de celebrar el día de los inocentes. Escucharemos a Nat King Cole en Navidad para olvidarnos…

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3 pensamientos en “Rouco y las modas

  1. Llueva o no en Pozuelo, y sin entrar a la cuestión particular de la situación que te afectó personalmente, sí cabe precisar que para tomar la decisión de divorciarse no es necesario alcanzar una situación “insostenible” para nadie, sea la pareja o los hipotéticos hijos… En buena lógica, basta con que desaparezcan los motivos que indujeron a la pareja a casarse. Así de simple.

  2. Estoy completamente de acuerdo con el comentario. A lo mejor algún día la jerarquía de la Iglesia tendrá la magnanimidad de mostrar más a las claras el pluralismo que existe entre sus filas, al menos en lo que respecta a la base. Me es muy difícil verlo, pues siempre se han organizado de forma vertical, pero a lo mejor sucede algún día.

    Y, por lo que hace al divorcio, me temo que se trata únicamente de un caso más de cerrazón. Nunca falta quien se empeña en echar mano de su amplio repertorio de dogmas ideológicos para aplicarlos a la realidad, en lugar de proceder al contrario y extraer consecuencias de la experiencia. En este caso, la Iglesia ha notado un obvio incremento de las tasas de divorcio en España y rápidamente se disponen a excomulgar a troche y moche. No se les ocurre que la misma tendencia se ha dado antes en muchos otros países sin necesidad de que se haya dado al mismo tiempo un abandono de la espiritualidad (por ejemplo, en EEUU), que a lo mejor hay unas explicaciones sociales más profundas que la “moda” que ellos creen ver… y, sobre todo, que se trata de un problema que afecta a las personas de cerca. Como bien dices, la caridad debiera primar sobre cualquier otra cosa, por no hablar de aquella idea de no juzgar a los demás por sus pecados. No estoy seguro qué habrá quedado de aquello en esta Iglesia.

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