Menores en la red

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A tenor de dos estudios que se presentan mañana martes sobre el uso de Internet por parte de los menores, uno realizado por Panda labs : Menores en Red y otro elaborado por la Universidad Camilo José Cela: Hábitos de los menores en el uso de las redes sociales, he pensado que debería escribir algo sobre este asunto, que empieza a ser polémico, ya que el número de llamadas y correos que recibimos, por ejemplo en la redacción de 5.0 sobre el uso de la red por parte de los menores se ha incrementado de una manera notable durante los últimos meses.

Habría que dejar claro que desde luego no podemos caer en la simpleza de demonizar la herramienta, ya sabéis eso de que los cuchillos sirven para cortar filetes, normalmente y en ocasiones muy remotas, para asesinar, con lo cual sería una estupidez acabar con todos los cuchillos del planeta. Pues bien lo mismo sucede con las redes sociales, que sirven fundamentalmente para poner en contacto personas y desde luego, este nuevo uso de Internet es un verdadero avance tanto en las relaciones sociales o en la forma de organizar el trabajo o el ocio. Pero al ser herramientas de participación activa –esta es su verdadera finalidad- en la que conocer a otras personas y como consecuencia subir contenidos sobre la vida privada del usuario, hace que para un menor, que no tiene aun formado un criterio selectivo, de quien o con quien y como debe relacionarse, constituyan un elemento de riesgo.

Cuando un niño o una niña entran en una red social, lo primero que se produce es una multiplicación enorme de sus relaciones personales, es decir de sus digamos “amigos”. Pasan de la realidad en la que el niño/a conoce a otros niños de una manera física a un mundo virtual en el que, dada la inocencia y poca experiencia del menor, no entienden, ni siquiera les preocupa, o tal vez ni se lo plantean, sus nuevos amigos virtuales pueden no ser lo que parecen. Además al ser accesos universales el niño pierde de alguna manera las referencias o los criterios familiares o educacionales inculcados a lo largo de su vida, a la hora de buscar nuevos amigos. Todos sabemos que aquella frase de los amigos de mis amigos son mis amigos, no funciona, ni en Internet, ni en la vida real, sin embargo un menor aun no tiene definidos esos criterios de selección, con lo cual se puede ver inmerso en situaciones que distorsionan su pequeño entorno – el entorno de un menor suele ser muy reducido y no tienen parámetros suficientes para comparar, dada su corta edad y su falta de experiencia- .

Además existe entre ellos una gran competición para ver quien tiene más amigos en sus listas – esto es algo que les he escuchado hasta la saciedad: “pues fulanito es muy popular tiene mas de 100 amigos en tuenti”, etc- con la cual en muchos casos les lleva a autorizar a gente que no conocen, y que como mucho son amigos de amigos de amigos para así conseguir que sus listas sean más abultadas.

Por otra parte, nadie en muchos casos les ha advertido de los riesgos que conlleva la publicación de contenidos abiertos en Internet, como sucede en el caso de los videos y las fotografías, y aunque el material este editado en la red social del chaval en el que solamente pueden verla sus amigos, lo cierto es que cualquiera de esos amigos que a su vez tienen amigos, pueden “coger” la foto y darle una difusión masiva sin que el niño o la niña, ni por supuesto sus padres puedan hacer nada. Como ejemplo podemos tomar el asunto tan penoso de Marta del Castillo, que todos tenemos desgraciadamente en la memoria. Además de las fotografías y los videos, están también los comentarios y los testimonios que publican estos chicos en sus redes, y de los que dada su edad no son responsables, pero si sus padres o tutores. Una calumnia, una mentira o una difamación de un chico/a sobre otro chico/a publicado en una red social tiene una difusión masiva, saltando de una red a otra, produciendo en ocasiones efectos demoledores de ciberbulling, que en cualquier caso constituyen un delito, pero que seguramente el menor no llega a ser consciente de ese inmenso daño que está produciendo generalmente en otro menor.

Por otra parte, y aunque todas las redes sociales, presumen de que la privacidad es algo que queda al libre albedrío del usuario, la cantidad de datos que solicitan en los cuestionarios de adhesión es demasiado numerosa y además el menor no distingue generalmente la importancia de esos datos que voluntariamente está aportando y como pueden repercutirles que otros lo usen para cualquier fin. De hecho he escuchado a algunos menores que dicen que cierran sus datos no porque les preocupe que otros chicos los vean, sino para que no se enteren sus padres si navegan por la red, o algunos que falsean sus apellidos, utilizando por ejemplo el segundo en vez del primero para que sus padres ignoren sus actividades en la red.

Habría mucho más que escribir sobre este tema, por cierto, tan controvertido pero desde luego en este asunto de los menores y el uso de Internet y las redes sociales habría que ir legislando medidas para regular la edad de acceso, generar permisos de los padres para el uso y acceso de las redes, medidas de seguridad en la navegación, supervisión de los datos que maneja el menor por parte de algún adulto, y muchas más medidas que garanticen las protección de los menores frente a los posibles abusos de adultos, o también de otros menores en este asunto de las redes sociales.

La red no es más que un espejo de la vida real, y aunque últimamente por desgracia he visto a algún padre o madre desaprensivos, que con tal de que sus hijos no “les den la vara” les dejan hacer todo lo que les da gana, la mayor parte de los padres de este país somos gente responsable, muy preocupados por la educación de nuestros hijos y su desarrollo futuro, y sería muy conveniente que, a no tardar, y por parte del Estado, se garantice la seguridad de nuestros hijos a la hora de relacionarse con las Nuevas Tecnologías, y no mirar para otro lado, basándose en temas de libertad mal entendida, mientras los niños y las niñas pueden pasar por situaciones, que no solamente les pueden hacer sufrir, que ya eso es mucho, sino que les pueden dejar una marca de por vida. Y no estoy dramatizando, las cosas bien hechas, bien hechas están y el acceso de los niños a Internet conviene llevarlo con especial atención porque esos niños de ahora serán los hombres del futuro y es aconsejable, entre otras cosas, que no piensen que esto de la red es como la selva, que vale todo y que en la vida real me comporto de una manera modélica, pero cuando entro en Internet me desmeleno, porque vale todo, y allí puedo montar verdaderos “pollos” sin que me pase nada. Esto es una mala base para cualquier persona que esté educando. Y si no al tiempo.

El caso es que abogar por una regulación de la situación de los menores en la red, no es un planteamiento carca, como dicen algunos, porqué la libertad tiene sus propios límites, y hay que cuidar que no se vulneren, si no la libertad pierde toda su esencia para convertirse en abuso. Claro que algunos pensaran que soy un verdadero diplodocus por hablar de todo esto, pues “error” “error” – como dice Fumero– ni por edad, ni por mentalidad, pero cuanto mas claro este todo mejor para todos y para los niños más.

Son las dos menos cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura actual es de 28 grados. Las cosas claras y sin complejos, mejor que mejor

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