La conspiración del pánico

A los que tenemos ya algunos años, cuando escuchamos la palabra conspiración, nos evoca muchas cosas: la conspiración judeomasonica con la que Franco nos asustaba, las reuniones conspiratorias durante los últimos años de la dictadura en la que se reunión gentes para hundir y destrozar España, en fin… cuentos de viejas, de esos para asustar a los niños y que duerman mal por las noches.

Lo cierto es que hace más de 40 años éramos unos niños, no solo por la edad, sino también en lo que educación democrática se refiere. Pero ya no lo somos, y escuchar a Pepe Blanco hablar de la conspiración de unos cuantos insignes financieros y hombres de poder que se reúnen para acabar con el euro, y concretamente con nosotros, me hace como poco sonreir, aunque tal vez debería de echarme a llorar, al pensar que el Ministro Blanco, es capaz de creerse tal estupidez, o lo que es peor, piensa que nos la vamos a creer el resto de los mortales.

Le aconsejo al ministro no leer tanto a Agatha Christie, que si bien relaja mucho y entretiene, no se debe uno creer lo que escribe, que son solo novelas, y concretamente la titulada Los Cuatro Grandes , en la que Poirot se enfrenta a una conspiración para dominar el mundo.

Y lo que si tiene que tener claro es que a rio revuelto ganancia de pescadores, y que los especuladores, que haberlo hailos, encuentran en las situaciones de crisis y de desconcierto una cancha de lo más idónea para sus propósitos, pero ni se llaman por teléfono los unos a los otros, ni se reúnen en grutas clandestinas y solitarias, ni se envían mensajes en clave con aviesos propósitos. Es mejor asumir los hechos, es decir que no se han hecho las cosas como se debían haber hecho, que negar la evidencia y buscar un enemigo exterior sin rostro, maquiavélico, mefistofélico, tremendamente opaco, y terrorífico, que a estas alturas del partido, Ministro no cuela.

Son las tres y media de la tarde. No llueve en Aravaca y la temperatura exterior es de 8 grados y bajando, y me ha costado escribir este post un rato largo porque tengo mi manita derecha lesionada (no es una indirecta, que se me cayó un tablón), pero es que no “me podía de aguantar escuchar tanta tontería”. Que conspiración, ni conspiración, ni tanta leche… que paciencia hay que tener, que paciencia…

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