Luces y sombras de un rescate

Después de un largo calvario de permanecer setenta días bajo la tierra, los 33 mineros chilenos que han logrado sobrevivir a 700 metros de profundidad  han sido, al final rescatados. Unos hechos que han mantenido la atención de todo el planeta, y que tanto ellos como sus familias nos han dado una lección de autocontrol y calma, a la que seguramente, por el trabajo duro que llevan han llevado a cabo durante años, están muy acostumbrados.

Hasta hace dos meses, estos hombres eran solo unos mineros anónimos, que ganaban a penas 900 euros, y ahora desde hace unas horas se han convertido en personajes mediáticos, de los que conocemos hasta lo más íntimo de sus vidas., en algunos casos, pero que estoy convencida que con la misma premura que tanto los medios de comunicación, como el gobierno chileno han perpetrado su “salto a la fama”, los van a olvidar cuando su historia ya no venda o no sean un vehículo para la recolección de votos.

Muchos hemos seguido el drama de la Mina San José con mucha suspicacia, ya que si uno separa la paja del heno se dará cuenta, que de alguna manera, y no me cabe duda, el gobierno chileno ha utilizado esta historia para sacar un buen rédito político y exaltar el espíritu patriótico y los grandes medios de comunicación explotar el lado más lacrimógeno, porque eso vende, pero se han guardado muy mucho de hablar en ningún momento de las condiciones de trabajo en las minas, la explotación de quienes no tienen más alternativa laboral y la desidia de los responsables de estos yacimientos. La compañía San Esteban, propiedad de la mina San José, se ha declarado en bancarrota para evitar el pago de las nóminas atrasadas y el finiquito a sus casi 300 empleados, entre ellos los treinta y tres rescatados.  Sus responsables están acusados de faltas graves de seguridad e irregularidades en  la previsión social y normativa laboral. La justicia les ha retenido más de 1.7000.000 euros para hacer frente a las deudas contraídas con los trabajadores ya despedidos.   

El mundo entero ha sufrido ante las imágenes de la mina San José y el campamento Esperanza, montado por sus familias, pero poco saben que en los últimos diez años 373 mineros han perdido la vida en los yacimientos.  El Gobierno de Chile no les lloró, los medios de comunicación no le lloraron, el mundo entero lleva siglos mirando para otro lado porque estas historias contadas de una en una ni dan votos, ni venden más periódicos. Pero si vamos más allá puede que, además, sean cómplices de los excesos y las imprudencias cometidas por los responsables de las explotaciones. 

El capital, y más en estos casos, no entiende de relaciones y sentimientos humanos, solo buscan la rentabilidad y, en muchos casos, ignoran los temas de seguridad y la calidad del empleo.  Lo llevan haciendo años, que digo años, siglos, y cuando el “ruido mediático” que ha producido en estos días la Mina San José, se convierta solo en un leve murmullo, y luego en un gran silencio, es posible que a los responsables nadie les pida cuentas, por eso que queréis que os cuente, para mi, esta historia, a pesar de haber salvado 33 vidas, no tendrá un final feliz, mientras las cosas sigan como hasta ahora, porque probablemente, habrá una próxima vez, y eso desde luego es una mala noticia.

Son las tres de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 18 grados. Los 33 mineros de la Mina San José no van a cobrar el salario de los 60 días bajo tierra. La empresa esta procesada, pero no por el “accidente de agosto”, sino por uno anterior en la que hubo un muerto y varios heridos. Nadie sabe donde van a trabajar a partir de ahora esos 33 hombres, pues la empresa está en quiebra. Hay una muerte cada quince segundos por accidente laboral.  Seis mil por día. Anualmente se registran casi 270 millones de accidentes laborales, 350.000 de los cuales son mortales.

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2 pensamientos en “Luces y sombras de un rescate

  1. No martita , lo peor es que los responsables dela empresa ya estaban siendo Juzgados por un derrumbe anterior , que las leyes chilenas solo imponen multas administrativas por no cumplir las normas de seguridad , no hay cierre de la explotación hasta que se arreglen . POr ello este nuevo accidente , . Al menos servirá para que modifiquen las leyes sobre seguridad y las hagan cumplir mas rigurosamente.
    A ver si aprendemos todos

  2. El capital no entiende de humanidad, pero no se dan cuenta de que sin humanidad no se puede comprender a las personas (seres humanos) y con ello obtener lo mejor de cada uno, lo que repercute en mejor trabajo y más beneficios.

    Por contra, el capital se aferra a antiguas fórmulas caducas (al loro lo que ha dicho hoy Díaz Ferrán, lo tienes en mi blog) que no son más que una pequeña prórroga en su larga agonía.

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