Marcelino

Marcelino Camacho ha fallecido esta pasada noche en Madrid a la edad de noventa y dos años. 

Representante de los que nada tenían y de los que en cada huelga y en cada lucha se jugaban el puesto de trabajo, la libertad e incluso, su vida. Un ser excepcional donde los haya, forjado en el trabajo, la lucha y el sufrimiento que hizo posible una España mejor para todos. 

Pero Camacho fue algo más que un héroe, o un sindicalista o un político honesto, que eso ya es mucho en los tiempos que corren, fue algo mejor: una persona sencilla y modesta, tremendamente firme en sus convicciones, con la capacidad de llamar a las cosas por su nombre y con la rectitud de separarse de las esferas de decisión y poder, cuando en estas las cosas empezaron a corromperse. 

Podría escribir muchas líneas sobre su vida, pero para eso ya están la radio, la tele o la prensa escrita. Allí esta toda su vida y no es objeto de este blog biografiarle, aunque sea de una manera somera. Lo cierto es que la vida a veces nos ofrece sorpresas, o pudiéramos decir milagros y aparece entre muchos, y muy de tiempo en tiempo un hombre como Camacho. 

Por eso en mi pequeño altar dedicado a los buenos hombres de la historia tiene un sitio preferente, porque la santidad no es patrimonio de la iglesia, sino un grado supremo de bondad y buen hacer, para el  que Marcelino Camacho reúne todas y cada una de las condiciones. Descanse en Paz. 

Son las dos y media de la tare. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 15 grados.

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