Cinturones y tirantes

Asistimos en estos días a una gran polémica sobre la necesidad o no del estado de las autonomías y sobre lo que dice o deja de decir la Constitución sobre ellas. Como zappeo con frecuencia, porque eso de ver la televisión de seguido parece ser que es cosa del siglo pasado, he visto y escuchado verdaderas atrocidades sobre este asunto y unos cabreos descomunales por parte de los tertulianos – opinadores diletantes con muy poco que hacer, la mayor parte de ellos- , que en múltiples ocasiones, no dan ni una sola solución, pero eso si consumen sus minutos de intervención, parloteando sobre la cantidad de problemas que tenemos, lo mal que va todo, y lo nefasto que son las autonomías para nuestro país (anotación: como decía mi padre, más les valdría ponerse a trabajar, y dejar de largar tanto y con tan poca sustancia). 

Pero no son solo los opinadores diletantes los exabruptan contra este asunto, hasta el propio Azar, que no hay manera que nos “deje”, ha osado, con esa autoridad de la que se cree investido, no se porqué, ni a cuento de que, aunque tal vez él crea que eso de haber sido una vez presidente de este país, le da derecho a pontificar y pastorear, marcarnos el camino – estoy de visionarios y salvadores hasta los ovarios- a poner a parir el estado de las autonomías, estado que por cierto el durante varios años, alabó, compartió, ensalzo y animó, tal vez porque entonces le convenía – vete tu a saber- , y ahora denosta con un ahínco y un afán propio de un predicador de esos de pueblos del oeste americano. 

No se si se habrán dado cuenta, tanto los opinadores diletantes, como algunos de  los políticos oportunista y coyunturales, que la estructura del estado sobre la que vivimos, esta dentro del marco constitucional, y que ese marco es fruto de un acuerdo entre todos los españoles, que en su momento votamos en las urnas, y que a la mayoría nos pareció estupendo. La descentralización del Estado es, que duda cabe, una garantía de confort democrático y participativo para la ciudadanía, hace que las administraciones estén mas cerca de los hombres y las mujeres que formamos este país, genera una gestión mucho más ágil, y permite adaptar esa política de estado a los requerimientos propios de cada territorio, y eso desde luego, y no me cabe la menor duda, es algo bueno. Deberíamos volver la vista atrás para darnos cuenta de cómo hemos progresado en cuento a la gestión de la política de estado y de cómo ahora el acercamiento de estado a la ciudadanía es mucho mayor. 

Pero, lo que hay que tener en cuenta, y que muy pocos dicen, es que todo esto tiene un coste, y dada la situación actual, no solo del país, sino del mundo entero, esos costes son, en estos momentos demasiado altos para que podamos soportarlos. Por esto, no hace falta “despeinarse”, ni tirar los pies por alto, ni liarla parda y volver atrás, perdiendo todo lo ganado, ni mucho menos. Basta con ser realistas, y ver que en una crisis, tan brutal, como la que estamos inmersos, hay que recortar, pero no derechos, sino dineros, y ahí es donde deben estar empleándose a fondo los políticos, cosa que no hacen, sino que por unas cosas o por otras, o más bien por propia conveniencia electoral, los unos están dispuestos a seguir gastando hasta reventar, y los otros, están dispuestos a involucionar, perdiendo todo lo que se ha logrado hasta ahora. 

La Constitución funciona, el estado de las autonomías funciona, lo que no funciona es el despilfarro, el abuso y las estupideces, véase el asunto del pinganillo, tan comentado en estos días, pues no había ninguna necesidad, ni ninguna premura, de gastar los pocos dineros que hay en las arcas del estado, en un tema como el de los traductores, que bien hubiera podido esperar, a que los tiempos económicos estuvieran más boyantes. De lo que se debería estar hablando, en estos momentos, es de costes, y de cómo recortarlos sin vulnerar derechos de los ciudadanos, pero lo que se hace es dar palos de ciego, y cargar el peso de la crisis sobre la clase media, que ya no se cuando podremos aguantar, y gestionando malamente una crisis, donde en vez de hablar de cómo generar más empleo y más empresa, se empeñan en cómo despedir más barato y  más rápido. Se nos pide continuamente sacrificios, que estamos admitiendo sin rechistar, pero ellos gastan horas y horas, y dineros y dineros, en ver como no se recortan o lo hacen de una manera mínima “sus derechos adquiridos” en sus puestos políticos, como si ser político fuera un empleo y no un servicio a la ciudadanía que no genera ningún derecho, sino que es una obligación voluntaria, un compromiso que no debe generar ningún privilegio de futuro. El que quiera estar ahí que esté “dándolo todo”, y el que lo único que quiera es asegurarse una pensión vitalicia y unos privilegios, mejor que se vaya a su casa. 

Ni siquiera han sido capaces, ni los unos, ni los otros, de marcar claramente los objetivos sobre los que hay que trabajar. Además se acercan peligrosamente las elecciones, y bajo el lema de “sálvese quien pueda”, o “ganamos seguro las elecciones”andan viendo como hacer encaje de bolillos con nuestras vidas, para ellos garantizarse un futuro cómodo, claro y tranquilo, y eso si a los demás, que cuando nos miran a la cara solo ven una papeleta para una urna, nos dejen tirados en la estacada. 

Estoy harta de milongas y ya no me venden más la “pluma verde”, ni la moto sin ruedas. Esto es solo una cuestión de costes y de sentido común. Los ciudadanos ya hemos puesto en marcha eso de apretarse el cinturón – llevamos ya mucho tiempo aprieta que te aprieta, y apenas nos quedan agujeros- pero ellos se han puesto directamente los tirantes, y lo peor es que andan enseñándonos lo bonito que les quedan, a juego con el traje, y lo cómodos que están. 

Es la una de la tarde. No llueve en Aravaca y la temperatura exterior es de 2 grados. Yo el cinturón bien apretadito, tu los tirantes bien holgados.

Un pensamiento en “Cinturones y tirantes

  1. pues si aunque luego dicen que si recortan sus gastos es el chocolate del loro , pero es importante tacita a tacita recortar el gasto superfluo , por ejemplo esas pensiones exaltos cargos que no tiene necesidad alguna de ellas ( veanse dos de los tres expresidentes )

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