Un asunto de “comunicación”

Me han enviado esta historia por mail.  Me dicen que los nombres son obviamente ficticios

Juan Pérez trabaja en una empresa de 700 empleados.
Antonio, su jefe, es el Director Comercial de la empresa y dirige cinco equipos comerciales más. Juan es responsable de un equipo de siete comerciales: Laura,Marcos, Pedro, Alicia, Ignacio, María y Ana

Juan tuvo una reunión importante con su jefe y“homólogos” (otros cinco responsables comerciales). Las cifras no son buenas, hay que levantar el trimestre con las ventas de este mes. Antonio, tras ponerles firmes, lanzó un mensaje de ánimo, “ya veréis como entre todos lo conseguimos. Estoy a vuestra entera disposición”. Al salir de la reunión, Juan sentía una “inyección de reto”: había que ponerse a trabajar YA. Así que nada más salir de la reunión, a las ocho y media de la tarde, Juan se puso manos a la obra. Apagó el portátil y se dio cuenta de que no había mandado el e-mail a su equipo (“seré tonto”), contándoles la reunión rigurosamente. Cuando lo iba a
encender de nuevo, apareció su compañero Pepe Suárez y le dijo: “¿te acerco a casa?, me coge de camino al estadio: ¡hay partido, no llegamos!”, así que
decidió enviar, en vez de un mail, una convocatoria de reunión desde su Blackberry que recibieron sus siete colaboradores a las 20:45 PM:

  • Asunto:     Reunión de equipo
  • Ubicación:     sala 8 (frente a despacho de Pepe Suárez)
  • Comienzo:     09:15
  • Fin:     09:45

Al día siguiente, Juan iba hacia la oficina con intención de lanzar a su equipo el mismo mensaje claro, directo, sencillo y motivador que había recibido de su jefe el día anterior: “los números son malos y hay que mejorarlos para el cierre del trimestre: vamos a conseguirlo entre todos (contáis conmigo al 100%): hay que vender más, y este mes es clave para ello”. Llegó a la oficina a las 09:10 y bajó a la sala 8. Al avanzar por el pasillo “le dio corte” ver que era el último en llegar, así que aceleró el paso. Al pasar junto al despacho de Pepe Suárez, asomó la cabeza y susurró: “ganó el Madrid, jejejejeje”. Pepe le pidió que entrara un momento y cerrase la puerta (aunque los despachos eran acristalados). Le dijo: “y no sabes lo que fue verlo en el campo, el Bernabéu se caía”. Le contó un par de anécdotas, Juan salió y entró en la sala 8, donde estaba su equipo esperando.

Entró, cerró la puerta, dio los buenos días y dijo:
“He convocado esta reunión porque ayer tuvimos comité y hay que mejorar los resultados. Este mes es clave para cerrar bien el trimestre, así que venga,
vamos a planificar este mes al minuto para enfocarnos al objetivo. Venga, ronda de ideas. Pedro, empezamos por ti”. La reunión duró cuarenta y cinco minutos, quince más de lo previsto: cada uno lanzó una idea y Juan las fue apuntando en un rotafolios con intención de enviarlas más tarde en un plan bien organizado. Se quedó muy satisfecho con la reunión.

Pasó un mes (el mes clave), y el jefe de Juan lo llamó a su despacho tras el comité mensual. Al entrar en el despacho estaba también Julia, de Recursos Humanos (“¿qué hace ésta aquí?”).

  • Bueno,  supongo que me llamáis porque no lo hemos hecho tan bien como debíamos, pero no ha estado mal, ¿no?
  • ¿Qué es  lo que no ha estado mal?
  • Los  resultados…

Terminó la reunión. Antonio estaba más tranquilo. Julia estaba satisfecha. Juan estaba despedido.

Estas cosas funcionan como la economía: hay una en la superficie, y otra sumergida. En las relaciones humanas, donde la comunicación es un factor clave, hay una “comunicación de superficie” y una “comunicación
sumergida”, una “comunicación cuerda” y una “comunicación esquizofrénica”: una es la que se habla en las reuniones, y otra es la que se habla en los pasillos.

Lo que nadie supo nunca (ni se sabrá), es cómo pasaron las cosas en realidad: cómo Juan intentó motivar a su equipo y acabó despedido. La razón es la de siempre: fisuras en la comunicación:

  • ¿Qué pretendía Juan enviando la convocatoria de reunión desde la Blackberry?:  ahorrar tiempo para ver el partido. ¿Qué transmitió?: incertidumbre  para María, intriga, sorpresa, malestar (no dijo para qué era la reunión).
  • ¿Qué  pretendía enviando la convocatoria a las 20:30 PM?: hacer la reunión a primera hora. ¿Qué transmitió? urgencia, miedo, crisis, para Ana.
  • ¿Qué pretendía el día de la reunión “corriendo por el pasillo”?: nada, sólo le dio corte llegar el último. ¿Qué transmitió?: urgencia, gravedad, crisis, para Pedro.
  • ¿Qué pretendía entrando en el despacho de Pepe Suárez y cerrando la puerta?: comentar el partido sin que nadie los oyera. ¿Qué transmitió?: secretismo para Marcos, crisis, gravedad, información confidencial entre directores.

Cuando Juan entró en la sala, tenía ya a cuatro personas preocupadas y, de alguna manera, ya en contra.

Los pequeños “patinazos” de Juan generaron desconfianza inicial. Él nunca lo supo: nadie le dijo nada, nadie le avisó, nadie le alertó, nadie le puso en guardia con un “tienes nervioso al equipo, haz algo”. Es tan fácil “patinar” comunicando…

¿Acaso es tan difícil un “oye, Juan, me has dejado nervioso/a, por favor, aclárame qué pasa”?. Uy no, es más fácil tener “chicha”para el pasillo o el deseado material para la vendetta: “al fin y al cabo Juan está ahí por trepa y no por sus habilidades profesionales. Al fin puedo demostrarlo”.

La comunicación informal en la empresa es un campo vicioso y viciado donde los jugadores vienen “tarados” de casa: con el número 1, la envidia. Conel nº2, los intereses. Con el nº 3, la falta de criterio. Con el nº 4, los trastornos de personalidad (que, como las meigas, “haberlos, hay los” y muchos). Con el nº5, la autoestima en ruinas. Con el nº6, la necesidad de ganar más dinero para mi familia. Con el nº 7, la ambición. Con el nº 8, el ego. Etc.
Una curiosa melé donde gana el más tarado, que es el más venenoso disfrazado de razonable, desinteresado e inofensivo.

Marcos empezó a poner a caldo a Juan. Laura, muy pegada a Marcos, acabó dando la espalda a Juan por los pasillos. María lloró un día en el hombro de Pedro por “lo presionada que me siento en esta empresa”. La verdad es que todos los días hablaba mal de Juan con alguien. Pedro empezó a hablar fatal de Juan en todos los foros, en plan “centrifugadora de porquería”. Ana habló por casualidad con el jefe de Juan (Antonio), y le dijo que el equipo estaba “atacao” entre otras cosas, pero con mucha gracia. Alicia fue de compras con Julia-la-de-RRHH y le dijo que “todo el mundo” (y sin exagerar, ¿eh?) hablaba fatal de Juan. Ignacio estuvo siempre en un silencio tenso. Todo esto fue lo que se vio.

Lo que nunca se vio, ni se verá, ni se dirá, es la jugada maestra en este partido esquizofrénico:

  • Marcos ponía a caldo a Juan porque quería su puesto (de hecho, al irse Juan nombraron a Marcos su sucesor): se sintió muy mal cuando eligieron a Juan en vez de a él.
  • Laura es la “guardia pretoriana” de Marcos y piensa, siente y actúa como él (y cuidadito si no lo hace).
  • María tiene un trastorno paranoide de la personalidad, algo estructural que nunca reconocerá porque nunca le será diagnosticado: tiene demasiado ego para reconocer que tiene un problema y además nadie lo detecta a no ser que sea psicólogo (punto para los psicólogos “infiltrados” en la empresa).
  • Pedro es un guerrero, un “surviver”, un “pringao” que piensa que “el curro es la guerra, tío, hay fuertes y débiles”: así que se dedica a pisar a quien se le ponga delante, sin filtrar.
  • Ignacio nunca habló: tiene demasiado miedo a quedarse en el paro y sufrir la angustia de hace unos años. Su mujer no trabaja, no quiere, no quiere, no quiere, no quiere meterse en líos, qué angustia, qué angustia, qué angustia.
  • Ana no fue ascendida por causa de Juan el año pasado. Se ha creado ella misma la marca de suavona inocente, y por ello se permite disparar veneno sin que parezca veneno. Y encima es una cebra que va en manada: tiene un poder tan grande como injusto y venenoso en la reputación de Juan, y va y consigue que su manada, y otras cercanas le pongan la cruz. Además de traidora y vengativa, chivata.
  • Y Alicia cae muy bien a todo el mundo y es como un camaleón: según con quién esté, viste un color.Lo malo  es que dijo las palabras mágicas a Julia-la-de-RRHH, personaje venenoso que se pasea por la ofi con un cuaderno cuajado de post-it, abanderando los RRHH mientras se ríe en público de algunos empleados, especialmente los que le molestan hacia la dirección del área. Aberrante,  una persona de RRHH riéndose de los empleados y criticándolos en corrillo  (¿pero en manos de quién está esta gente?). Y además valora mucho a  Marcos (el ansioso y competitivo sucesor), le hace tilín y tontea con él en el pasillo. Y además se siente muy poderosa en su rol de  “cortacabezas”. Y además le molesta Juan. Sólo necesitó dos reuniones para cargárselo con el apoyo DE TODOS.

Y lo que SIN DUDA quedará en el fondo del cajón son las aportaciones de valor de Juan a la empresa: han sido anuladas por tener un patinazo. Juan era bueno pero cometió errores (qué tío más raro, comete errores…). Su peor enemigo fue ser jefe y estar en el punto de mira de dos ruidosos muy molestos. En cuanto se equivocó, todos se tiraron en plancha a por él. Y una vez que su reputación cayó tan en picado, no hubo forma de levantarla.

Vaya historia ¿Os parece rara?… Pues sucede en el
mundo casi todos los días. Entre todos le mataron y el solito se murió

Son las doce y media de la noche. No llueve en Madrid, milagrosamente y la temperatura exterior es de 15 grados. La comunicación en la empresa no se limita a mails  y memorándums…hay mucho más…

 

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