Sobre la dimisión de Oliart y otros asuntos

La dimisión del Presidente de la corporación en la que trabajo, RTVE, lo cierto, es que no me ha pillado por sorpresa. Hacía ya 10 días que en Prado del Rey era un rumor a gritos, y desde luego era más que esperada por los que hacemos la radio y la televisión todos los días.

Lo que si nos pillo por sorpresa y de las gordas, fue su nombramiento. Nadie, ni los de dentro, ni los de fuera pudimos entender esa decisión, que nos dejó atónitos, pues si bien Alberto Oliart fue una persona que durante la transición tuvo un papel oscuro pero relevante, ahora desde luego ya no estaba en el “juego” y desde luego menos en el de los medios de comunicación, porque había otros profesionales, mucho más acordes con el panorama de los medios, mucho más actualizados, y mucho más preparados para asumir la dura tarea de gestionar y dirigir la radiotelevisión pública de nuestro país, aunque tal vez, desde luego, no tan manejables, ni tan del agrado de Miguel Barroso, que ha sido durante todo este tiempo quien ha estado manejando los hilos, siempre en la sombra, como es su estilo, para que nada de la etapa anterior, la terrible etapa pilotada por Luis Fernández, saliera a la luz.

Por eso una vez que salimos de nuestro asombro, vimos ya desde la más absoluta impotencia como Oliart no movió a ninguno de los que había dejado bien situados Luis Fernández, y que la línea marcada por Fernández donde la producción externa era masiva, se seguía manteniendo, sobre todo en lo que concierne a sus grandes protegidos MEDIAPRO y GLOBOMEDIA.

En todo este tiempo que Alberto Oliart ha presidido la Corporación RTVE, no hemos podido saber cual ha sido el “negocio” entre RTVE y MEDIAPRO, apenas algunos datos de auditorias, que desde luego denotaban una gran falta de ética y de moral, pero desde luego entiendo, que es solo la punta del iceberg, cuya parte sumergida, tal vez algún día sabremos para nuestro asombro y nuestro escarnio. Desde la representación de los trabajadores hemos denunciado una y otra vez todas esas irregularidades, y el favorecimiento masivo de los negocios de JAUME ROURES, pero siempre con escaso éxito. Nadie ha querido desde el parlamento, ni los unos, ni lo otros, ni los distintos, abrir una investigación sobre lo que sucedió en RTVE, durante la etapa de LUIS FERNANDEZ, que por cierto, sigue fuera de España. Desgraciadamente, la corrupción ha hecho nido en nuestras instituciones, y se hace muy difícil tirar de la manta, cuando todos, unos desde un lado y otros desde otro, tienen algo que ocultar, con lo cual la mejor solución es callar y esperar que llegue lentamente el olvido.

Pero los hechos se desencadenan como quieren, o como pueden, y la dimisión de Oliart, ahora deja en un estado de mayor orfandad, a la cadena pública en la que trabajo, que ya no se si es un medio de comunicación a la que se debe venir a trabajar, construir y comunicar el servicio público – que eso es lo que dice el Parlamento- o bien un gran pesebre donde del que todos quieren llevarse el pienso.

La utilización que a lo largo de estos años ha hecho el poder con RTVE, es algo más que deleznable, la ha convertido en un colocadero, y en un gran banco de pago de favores, y desde luego mientras las cosas no cambien, y de una manera radical, va a ser muy difícil, por mucho que suban las audiencias y los egm, que este espacio publico de comunicación adquiera credibilidad, sobre todo teniendo en cuenta que los 1200 millones que tiene que aportar las arcas del estado para que haya un medio de comunicación audiovisiual de servicio publico, se utilicen para pagar amigos y favores, vease el caso de La sexta y demás adlateres.

Ahora la dimisión de Oliart nos ha vuelto a situar en el punto de mira, y cuando su sustitución debería ser inmediata por el bien del país y de la institución en si, como siempre, priman otros intereses, intereses de partido, que ya estamos acostumbrados a que estén por encima de los intereses de la ciudadanía.

Si de verdad los dos grandes partidos que en este país nos representan, estuvieran por la labor de hacer algo serio por el interés general de los ciudadanos, debería aprovechar la situación para ponerse de acuerdo, y con eso que tanto les llena la boca, poner en marcha un proyecto serio e imparcial de radiotelevisión publica, y dejar de buscar candidatos que “molesten poco y sean manejables” –vease el caso del presidente saliente- y buscar a la persona apropiada y capaz para poner en marcha un proyecto, no a corto plazo – maldito cortoplazismo y chapucerimo que nos invade- sino a medio y largo plazo cuyos pilares sean la imparcialidad, el servicio público, la información veraz e inmediata y la programación de calidad, que es lo que el ciudadano demanda. Aunque me temo que eso solo es soñar despierta, pues a lo que estamos asistiendo ya es a un carrusel de candidatos de los unos y de los otros, y a un vaivén de pactos “yo te doy tu me das”, que desgraciadamente nos llevaran a más de lo mismo. Un espectáculo realmente ridículo, desgarrador y desmoralizante, pero al que desgraciadamente ya estamos acostumbrados.

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 30 grados. Yo sigo esperando una radio televisión pública que no sea una herramienta para mayor gloria del gobierno de turno.

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