La Venganza de Costa

La noche del pasado martes al miércoles, fue una noche llena de sorpresas y sinsabores en Génova. Una noche que empezó con un pacto entre Costa y Camps para ambos aceptar inculparse ante los tribunales, y a lo que Génova daba su beneplácito, pero que termino como el rosario de la aurora, porque Costa, no es que tuviera un as en la manga, pero si que tenía, digamos la reina de corazones, pero de corazones “partios”, pues cuando todo parecía que estaba atado y bien atado, Costa dijo que no, que no y que no, que él no estaba dispuesto a inculparse, ni solo ni acompañado, pues no las tenía todas consigo, de que esto que se le presentaba como una maniobra fácil y en la que ganaban todos, no volviera  a ser el gran perdedor de la partida. Con lo cual a Camps no le quedaba, con todo el dolor de su corazón, otro camino que marcharse, que dimitir.

Recordemos que hace 18 meses, Ricardo Costa dejo la Secretaria General del Partido Popular de Valencia, después de una reunión en la que, siempre según Costa, Camps le dejó prácticamente tirado, a cambio de la promesa de que iba a ser nombrado Consejero, promesa que nunca se materializó, y que además el partido le castigó con la suspensión temporal de militancia.

Así que, en la noche del martes al miércoles pasado Ricardo Costa, se sacó la espina que llevaba clavada desde hace meses, y cuando los hombres de Génova, y el mismo Camps le prometían el oro y el moro por esa autoinculpación a la limón, él les recordó que hacía unos meses también le habían prometido no dejarle con el culo al aire, y lo cierto es en estos meses, seguía sin calzoncillos, y pasando mucho frio.

Para que quede todo claro, el artífice de ese pacto, que nunca llegó a ver la luz, fue Federico Trillo, y a la reunión asistieron además de Costa y Camps, Cotino. Por cierto una operación teledirigida desde Génova por la mismísima Cospedal.

Lo cierto es Costa mantuvo su “papel” durante la noche, y todos se fueron a casa pensando que Ricardo Costa “había tragado” una vez más. Lo que no sabían es que Costa estaba haciendo el papel de su vida, y por la mañana del miércoles, él personalmente – pues esto de las venganzas cuanto más personal, más se disfruta- llamo a Camps, para decirle que de lo dicho, nada de nada, y que no estaba dispuesto a presentarse en el Tribunal Superior de Justicia para auto inculparse. Así que, una vez sabidas las noticias en Génova, Dolores de Cospedal le comunicó a Camps que dada la situación no le quedaba más remedio que marcharse.

No se si el asunto de los trajes u otros menesteres han acabado con la carrera de Camps – aunque algunos dicen que será ministro con Rajoy, yo espero que no- pero lo que si  está claro es que esa manía que tiene de mentir, no es una buena cualidad para un político, bueno ni para un político, ni para nadie, y el, Camps, ha mentido hasta el final, hasta con ese discurso sobre sacrificios e inocencia con el que nos ha deleitado en su despedida. La falta de honradez en un político, no solo se mide por lo que roba, que bien puede no hacerlo, también se mide por lo que miente.

Es la una menos cuarto de la mañana. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 20 grados. No mentirás…

Un pensamiento en “La Venganza de Costa

  1. Estas son las cosas que no suelen salir en los medios.. pero está claro que cuando a una persona le haces pasar por el tubo tantas veces al final se acaba cansando..

    El dia que Ricky dijo no.

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