Os parecerá mentira…

 

Os parecerá mentira, pero estoy viviendo una situación llena de grandes mentiras, y como lo que una sabe hacer es escribir, todo ello me ha motiva a ponerme  sobre la capacidad ilimitada de mentir que tienen muchos seres humanos.

Está claro que vivimos en la era de la comunicación y esto desde luego ayuda mucho a los grandes mentirosos, porque si sabes comunicar bien, puedes comunicar cualquier cosa aunque no sea verdad, y elevarlo a la categoría de creíble, y es obvio también que el que domina el arte de saber mentir es mucho más poderoso que el que no lo domina. Y desde luego no os equivoquéis como me ha sucedido a mí, no penséis por un momento que el mentiroso es una persona que se ha creado su propio mundo irreal e imaginario. Todo lo contrario, están bien apegados a tierra y utilizan la mentira como medio para conseguir lo que quieren, cuando quieren y como quieren. Y si les pillas, cosa que sucede a veces, no sienten ni padecen demasiado, pues al fin y al cabo siguen mintiendo o negando la evidencia, hasta que terminan agotándote.

Hay algunos que mienten sin sentir que lo hacen, y que su propia mentira le sirve como cauce para justificar sus acciones por mas innobles que sean, esta es una actitud pueril, muy propia de niños y adolescentes, y que generalmente no va más allá, pero frente a estos mentirosos ocasionales nos encontramos con el mentiroso profesional, que además para dar más veracidad a sus trolas, las recubre de una capa de argumentos de honradez , o lo que es peor después de haberte mentido en tu cara, no una sino cientos de veces, es capaz de argumentar que el no dicho, o no ha hecho esto o lo otro. Esos especialmente me sacan de quicio.

El que no miente, frente a los tipos mentirosos, vive con mucho más riesgo, está más expuesto, porque tiene una vida clara y sin secretos, porque da la cara, porque va de frente y por eso en la mayor parte de las ocasiones lleva las de perder. Además antes mentir era algo ocasional y limitado a ciertos tipos desaprensivos, pero ahora la mentira se ha instaurado en nuestra sociedad de una manera generalizada, vamos que forma parte de nuestro modo de vida, con lo cual el mentiroso pasa a ser un tipo “normal”, mientras el que dice la verdad, viene a ser “un tipo raro”.

Además el modelo educativo familiar enseña a mentir. Antes a los niños se les conminaba a decir siempre la verdad pasara lo que pasara, era un rasgo de honor. Ahora son los propios padres los que incitan a sus hijos a la mentira. Niños que suspenden seis o siete asignaturas y que sus propios padres les dicen que digan a los amigos que han sacado buenas notas. Padres y madres que mienten a terceros delante de sus propios hijos. Madres y padres divorciados que en complicidad con sus propios hijos mienten al ex cónyuge para obtener algún beneficio. Padres y madres que incitan a mentir a los abuelos: Si te pregunta tu abuela esto o lo otro tu miéntele que así no se entera y no se enfada…. En fin, que la didáctica de la mentira parece que funciona a la perfección en el ámbito familiar.

La mentira además tiene varias vertientes. Una es el propio hecho de mentir, otra es la de la traición que conlleva un engaño, y otra es el desprecio de la inteligencia de las personas a las que les mienten. Con lo cual cuando uno tiene cerca a mentirosos o mentirosas vive una situación bastante amarga por esos tres elementos que acompañan a la mentira. Y que obviamente te terminan minando. ¿Cómo se puede mentir, traicionar y menospreciar a una persona que uno quiere? A mi no me cabe en la cabeza, pero si conozco otras cabezas en las que cabe esta situación tan deleznable… O ¿es que, tal vez… los mentirosos no quieren a nadie salvo a ellos mismos?

Excuso deciros de las mentiras en las relaciones de pareja, eso me llevaría no solo otro post, sino un libro con cien capítulos, o las mentiras en el trabajo, por ejemplo.

Lo mejor de todo es que tiene tan buena cobertura social la actitud mentirosa, que cuando el mentiroso es pillado en su mundo de mentiras, toma la actitud de mártir, se siente amenazado por el que le ha cazado, y a su vez genera una sarta de nuevas mentiras sobre esa persona, con el fin de desacreditarle frente a terceros, y él, el mentiroso, así puede ganar más credibilidad sobre las mentiras que ya ha contado.

Lo que más me llama la atención es que el mentiroso profesional, el que lleva toda su vida mintiendo a unos y a otros, no siente ninguna vergüenza por hacer lo que hace, y mantienen el tipo hasta el final, es posible que algunos lleguen a morir sin haber desvelado la verdad. Mantienen la mentira, la pelean, y viven bajo el lema: una mentira nunca se debe desmentir.

Cada vez es más difícil vivir en una sociedad como esta donde la mentira esta instaurada ya como si fuera un derecho más. La mentira complica todo aquello con lo que tiene contacto directo o indirecto, ella complica matrimonios, por la pérdida de la confianza que en la pareja se genera por este tipo de prácticas. Destruye las relaciones entre padres e hijos, entre compañeros de trabajo, entre familiares, deshace la amistad.

Sin embargo la tecnología que quiere entrar en todos los terrenos, también se ha acercado al mundo de los mentirosos. Hace unos días leía con atención un paper de  unos investigadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, que están estudiando los elementos paraverbales de la comunicación, en busca de un método informático más exacto para distinguir entre lo verdadero y lo falso. El equipo de investigación está dirigido por Julia Hirschberg, profesora de Informática experta en lenguaje hablado. Le acompañan en este proyecto la psicóloga Michelle Levine del Barnard College, también dependiente de la Universidad de Columbia, y el profesor de Informática de la Universidad CUNY de Nueva York, Andrew Rosenberg.

Hirschberg considera que los elementos paraverbales de la comunicación son unos de los indicadores más fiables para saber si alguien trata de falsear la realidad, de ahí que centrara su estudio en esta área. Inicialmente, comenzó a desarrollar métodos informáticos para detectar el engaño en hablantes ingleses, chinos y árabes, examinando su tono de voz, las pausas o la forma de expresarse.

Claro que una no puede ir por la vida equipada de un cachivache tecnológico que te asista para saber cuando o cuando no te están mintiendo, así que tendremos que resignarnos a vivir entre mentirosos. A estas alturas, está más que claro, que la bondad, la verdad, la honorabilidad y la honradez son elementos en vías de desaparición y casi ya pertenecen al ámbito de lo mitológico. Aunque cuando todo ya sea mentira, lo mismo el péndulo oscila en la dirección contraria, y la verdad vuelve a surgir entre nosotros. ¿O es que acaso todo lo que os acabo de contar es mentira?

Son las tres y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Hay un ambiente neblinoso que nos avisa de la llegada del invierno.

Postpost: Una de las cosas que no he llegado nunca a entender es porque la Iglesia Católica considera la mentira como un pecado venial, cuando debería estar entre los pecados capitales…

 

 

 

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