Fraga y su tiempo

Trabajé con él, con D. Manuel o el Patrón como así se le llamaba en la vieja sede de la calle Silva. Si aquella que tenia un ascensor para coches que daba verdadera claustrofobia, si aquella que lindaba con la humilde de casa de Estrellita Castro, ya una anciana y con pocos posibles, a la que el Patrón visitaba a menudo y a la que ayudaba en silencio, porque Fraga era así. No llegamos nunca a entendernos demasiado bien, yo tal vez era demasiado joven para comprender con quien me sentaba todos los días, entonces solo podía percibir ligeramente la dimensión del personaje, pero aprendí tanto…

Podría escribir mucho sobre Manuel Fraga esta noche, fueron cinco años, si, entre el 77 y el 81, incluso tengo aun, una caja llena de fotos , de recortes, de carteles, el acta fundacional de Reforma Democrática, la constitución de GODSA,los carteles de las primeras elecciones, sus discursos escritos a máquina y a mano por él mismo, entre ellos el original de la presentación de Carrillo en el Club Siglo XXI (aún recuerdo a Pedro J Ramirez – el entoces solo era un redactor- invitándome a un café en un italiano que había frente a la sede de Silva, insistiéndome hasta la saciedad que le diera una copia unas horas antes, probablemente a Pedro se le haya olvidado) al que asistí en primera fila, en fin una caja llena de recuerdos ya amarillos, que de alguna manera forman parte de la historia de España, porque Fraga, con sus aciertos y con sus errores, es sin duda y será uno de los personajes históricos de mayor envergadura del siglo XX, y yo tuve el honor de compartir con él una parte de mi vida.

Y como hay gente que escribe, que documenta y que cuenta mucho mejor que yo la historia, os dejo con el post de El Cultural- El Mundo de hoy 16 de Diciembre, donde Manuel Penella, un buen amigo y biógrafo de Manuel Fraga, a través de su libro Manuel Fraga y su tiempo, hace una semblanza del personaje. Descanse en Paz

Desde la infancia hasta el año 2009, este libro repasa las ideas y la actividad política de Manuel Fraga, fallecido este domingo en Madrid a los 89 años. El libro hace especial hincapié en la evolución de su pensamiento liberal conservador y su capacidad para adaptarse a las turbulentas mareas de la vida pública española desde los tiempos hasta hoy. El prólogo, que reproducimos a continuación junto al primer capítulo del libro, lo define como un hombre que se ganó “un lugar destacado en la brevísima lista de personajes a los que siempre habrá que volver en busca de esclarecimiento y orientación”.

Prólogo

El político liberal conservador Manuel Fraga Iribarne (Villalba, 1922) ocupa un lugar destacado en la brevísima lista de personajes a los que siempre habrá que volver en busca de esclarecimiento y orientación. Al hilo de su biografía contemplamos los hechos y las inquietudes del siglo xx desde una perspectiva que nos invita a cultivar la comprensión entre generaciones, un bien muy preciado, básico para la cordura política de una sociedad que ha pasado por graves dificultades de convivencia.

Yo lo considero, ante todo, un modernizador. Si tenemos en cuenta su hábil y obstinada contribución a nuestro ingreso en la Unesco, le vemos actuando como tal desde principios de la década de los cincuenta. Y siempre será forzoso recordar su Ley de Prensa, comienzo del deshielo político que nos llevaría a la Transición, así como su decisiva contribución al auge del turismo, fuente de divisas y del fenómeno de difusión cultural que hizo posible nuestra puesta al día. Veo en todo ello el mismo impulso, característico de todas sus actuaciones, grandes y pequeñas, y también, desde luego, de sus esfuerzos por entreabrir el Régimen del general Franco desde dentro. Sus dificultades, sus triunfos a medias y sus éxitos indiscutibles nos ofrecen el completo guion de una época.

Añadiré que ni siquiera apelando a la imaginación soy capaz de visualizar a ningún otro político español realizando su histórico cometido de antes, de durante y de después de la Transición. No sólo fue capaz de transformar nuestra derecha autoritaria en una derecha democrática; también consiguió centrarla y dotarla de un partido hecho para resistir los embates de la historicidad. Tres proezas en una. No quiero ni pensar en cómo habría podido salir la Transición si en lugar de Fraga nos hubiera tocado en suerte un político tan errático como José María Gil-Robles. Si sólo hubiésemos contado, por el lado derecho, con políticos como Federico Silva Muñoz o Laureano López Rodó, ¿habríamos salido tan bien librados? No lo creo, francamente.

Mucho debemos a la coherencia y a la claridad de ideas de Manuel Fraga Iribarne. Como aquí se verá, no pocos de los errores que le han sido imputados se pueden considerar aciertos si de lo que se trataba era de poner al día la derecha española y, por lo tanto, el sistema político en su conjunto. Esa coherencia destaca por su naturalidad y por su falta de rigidez en lo accesorio.

Fraga siempre ha sido más flexible de lo que imaginamos. El secreto se esconde, creo, en sus principios y en su basamento aristotélico tomista. Y esa coherencia, de la que puede presumir con orgullo, ha tenido, como punto de referencia para muchos españoles, un valor inapreciable, con un efecto estabilizador sobre el conjunto. Si él hubiera ido dando bandazos, todos los habríamos dado con él, por un lado y por el otro. Con su absoluto compromiso democrático, Fraga, precisamente por no haber renunciado nunca a sus valores conservadores de raigambre católica, actualizados por el mensaje del Concilio Vaticano II, hizo más por nuestro aprendizaje de la mutua tolerancia que si hubiera entrado en el juego común de disfrazarse de lo que no es.

Como sobre él ha caído no poca incomprensión, como algunas de sus improntas sobre el curso de los acontecimientos se produjeron fuera de la vista del gran público, me ha parecido oportuno contar su vida desde el principio y sin perder de vista el contexto histórico.

Fraga ha sido siempre un gran realista, y como el lector verá, desde el principio se acostumbró a actuar a partir de lo dado, con pocas ensoñaciones de por medio. Y realmente no tiene ningún sentido atribuirle proclividades totalitarias o fascistas. Desde muy temprano se sintió tal como es ahora, un político liberal conservador.

Aquí me tocaba poner de manifiesto, con un grueso trazo, el camino que recorrió, con especial atención a los tramos más peliagudos. Por eso he prescindido casi por completo de las anécdotas y no he querido marear al lector con los innumerables datos de su impresionante currículum, que llena un volumen de más de doscientas páginas.

También he tenido que reprimir, casi siempre, mis impulsos analíticos. Me he contentado con una pequeña muestra de sus libros, rescatando algunos, pero dejando la mayor parte fuera del recorrido o en una simple nota a pie de página. Con más de doscientas obras en su haber, Fraga será objeto, no nos quepa duda, de importantes trabajos académicos.

También he tenido que descuidar deliberadamente al conjunto de sus amigos, admiradores y seguidores, contentándome con unos pocos. Y es que sus compañeros de viaje han sido muchísimos. Me ha parecido importante destacar que precisamente su hazaña como constructor del Partido Popular ha sido dar vida a una formación que supera el marco de «los amigos de», con el que no pudieron romper otros aspirantes a ocupar el centro derecha.

La figura resultante es, a mi juicio, mucho más atractiva que la que nos hemos forjado a fuerza de lugares comunes, por ejemplo imaginándolo destemplado, autoritario e incapaz de autocrítica. No discuto ni sus arranques de malhumor ni su vehemencia, pero quiero destacar que, tratándose de asuntos trascendentes, nunca descarriló.

Fraga es hombre complejo, de fuerte carácter, pero también reflexivo y capaz de trazarse planes de largo aliento. Tiene una considerable mano izquierda. Es capaz de entenderse con gentes diversas, es indiferente a las tentaciones oportunistas y es demasiado alto como para enredarse en ninguna clase de rencor político. Quienes le conocen bien siempre destacan no sólo su elevada preparación y su honradez, sino también su buen corazón. Son datos que tener en cuenta, por cuanto su obra política no podría haberse materializado con menos recursos intelectuales, morales y afectivos.

Debo expresar mi agradecimiento, en primer lugar, a mi protagonista, siempre dispuesto a recibirme en su despacho del Senado. Ha leído el texto a la caza de errores, pero con ánimo de respetar mis opiniones, no necesariamente coincidentes con las suyas. He podido escribir con máxima libertad, siendo yo, por lo tanto, el único responsable de cualquier pifia que aparezca. También debo dejar constancia de mi agradecimiento a Elena Revuelta Abad, secretaria de Fraga, a Félix Pastor Ridruejo, Carlos Argos, Javier Calderón, Florentino Ruiz Platero, Javier Carabias del Arco, José orejas, Marta Pastor, José Ramón Lasuén y Carlos París. Estoy en deuda con los memorialistas del período y también con Rogelio Baón, Cristina Palomares, John Gilmour, Tom Burns Marañón y Rafael Borràs Betriu. Y no debo olvidar, como referencia, mi deuda con los estudios críticos sobre el pensamiento español del profesor José Luis Abellán.

He tenido ocasión de departir con varios de los protagonistas secundarios de este libro, desde Ramón Serrano Suñer a Pedro Laín Entralgo, pasando por Joaquín Ruiz-Giménez, Gabriel Cisneros, Eurico de la Peña y Fernando Chueca Goitia. A todos les debo algo, como también a Eleanor Krane Pauker, a Dionisio Ridruejo y a mi padre, el periodista y diplomático Manuel Penella de Silva. Mi editor, Joan Eloi Roca, siempre estimulante, ha sido muy paciente conmigo.

Ortega decía aquello de que «yo soy yo y mi circunstancia», añadiendo una indicación sumamente comprometedora: «Y si no la salvo a ella, no me salvo yo.» Pienso que Manuel Fraga salvó su circunstancia, con bien para todos.

Son las once y media de la noche. Llueve demasiado en Pozuelo y la temperatura exterior es de 4 grados.

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2 pensamientos en “Fraga y su tiempo

  1. Bonita historia. Seguro que los años han matizado y valorado aquel tiempo que pasaste con Fraga.

    En nuestra España nos pasamos la vida insultándonos desde la trinchera. No sé cómo puede extrañar que nos matásemos en una guerra civil. La inquina sigue ahí; tan solo hemos mejorado un poco las formas.

    Acaso por eso nos cuesta tanto entender nuestra historia. Es tal nuestra obcecación que solo denigramos o ensalzamos, pero jamás valoramos o apreciamos.

    Dividimos nuestro estrecho mundo en buenos y malos, convirtiendo algo tan complejo como el devenir humano en un cuentecito de los hermanos Grimm; y eso que ni en los cuentos de los Grimm había maniqueísmos simplones.

    Si no es de los míos, lo insulto y le escupo. Y me quedo tan ancho. Así somos de becerros. Como esos universitarios ( o hunibersitarios) que emplean su energía en reventar conferencias en nombre de sus neblinas ideológicas. En lugar de sentarse, callarse y ver qué les puede enseñar aquel a quien desprecian. Pero no: explican el mundo en medio folio y aún les sobra papel.

    De Fraga nos hemos hartado de oír majaderías y hasta algún piropo sonrojante. Todo en los extremos. En Barcelona brindan por su muerte. Qué machotes. Yo habría preferido tanto antifranquista cuando Franco vivía.

    Somos tan obtusos que somos incapaces de valorar a un personaje por la influencia que tuvo en su época. Ese debería ser -creo yo- el único juicio aplicable. Y no si fue malo o bueno o si no ayudaba a cruzar la calle a las ancianitas.

    La mayoría de los grandes personajes históricos eran auténticos tiranos -Alejandro, César, Napoleón-, pero se les estudia por su influencia en su tiempo. Por su capacidad para esculpir destinos o naciones.

    Y eso lo hizo Fraga. Y Carrillo, Zapatero, Suárez, el Rey… Y tantos que dibujaron nuestra adorable y enferma España de trincheras.

    Saluditos.

    Juan Pablo.

  2. Conoci a Manuel Fraga y forme parte de los comienzos de nuestra democracia 1º Reforma Democratica y AP .Fraga era la persona que entusiasmo a un gran numerode jovenes.en no desfallecer y ante las dificultades
    Manuel Fraga :.BUENA PERSONA,BUEN POLITICO. ERA UNICO ..

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