¿Donde está la Iglesia?

En todo este panorama tan convulso, producido por el Real Decreto para la Reforma Laboral estoy echando de menos a la iglesia. Yo soy católica,  y me gustaría saber donde se encuentra exactamente. Si, ya eso de al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios, pero amigos, este asunto del derecho a unas condiciones de trabajo dignas, no es solo cosa del Cesar, y eso la Iglesia Católica lo sabe muy bien.

La Iglesia nos ha educado en el pensamiento de que el trabajo es un derecho humano y un deber fundamental de justicia social, pero también es un elemento clave para la estabilidad, la convivencia y la seguridad de la propia sociedad. Y me remito a  Juan Pablo II: “El trabajo es un bien de todos que debe estar disponible para todos aquellos capaces de él. La plena ocupación es, por lo tanto, un objetivo obligado para todo ordenamiento económico orientado a la justicia y al bien común. Una sociedad donde el derecho al trabajo sea anulado o sistemáticamente negado y donde las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social” (Centesimus annus 43).

Antes, en su carta encíclica Laborem exercens (586 y 587), manifestaba: “el trabajo humano tiene una doble dimensión: objetiva y subjetiva. En sentido objetivo, es el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y técnicas de las que el hombre se sirve para producir (…) y constituye el aspecto contingente de la actividad humana (…) la subjetividad confiere al trabajo su peculiar dignidad, que impide considerarlo como una simple mercancía o un elemento impersonal de la organización productiva“. Asimismo, en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia se subraya que la “dimensión subjetiva” del trabajo, es decir lo que hace la persona debe tener preminencia sobre la objetiva.

Hace poco, Benedicto XVI también se manifestó sobre este asunto: “la persona es la medida de la dignidad del trabajo… porque no hay duda de que el trabajo tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona”. Y volviendo a la Laborem excercens , allí se manifiesta, “que de la primacía del valor ético del trabajo humano derivan otras prioridades: la del hombre sobre el trabajo mismo; la del trabajo sobre el capital; y la del destino universal de los bienes sobre el derecho a la propiedad privada. En suma, la prioridad del ser sobre el tener. Esta jerarquía de prioridades muestra con claridad que el ámbito del trabajo, con pleno derecho, forma parte de la cuestión antropológica“.

La Reforma Laboral que ha planteado el gobierno se aleja sobremanera de estos postulados, y la filosofía que desprende esta reforma marca claramente las necesidades del capital sobre el propio trabajo, asunto que chirría claramente con la doctrina católica. Por eso espero que el domingo, y a no tardar, la iglesia se posicione claramente sobre un asunto que a  todos los cristiánanos nos afecta. De poco sirven cartas y encíclicas, si solo se quedan en pura teoría o en buenas intenciones. Porqué además de predicar con la palabra, hay que predicar con el ejemplo.

Son las cuatro de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Dicen que la tibieza se considera la enfermedad más peligrosa de la vida espiritual…

Un pensamiento en “¿Donde está la Iglesia?

  1. No debe asombrarnos la actitud de la Iglesia en España, por ceñirla a nuestro entorno, pues en los problemas que atañen a la persona humana y que se refieran a cuestiones sociales nunca se manifiesta, no así por el contrario en el tema de profesores que no siguen sus recomendaciones, bien de tipo matrimonial o similares. Pero eso es para los profesores solamente, porque a los mandatarios que no siguen esas consignas se les hace reverencia, bien esten divorciados varias veces o vivan en pareja. No digamos nada del obispo de Getafe y su cinismo o de R ouco Varela y su pragmatismo para estar en todos los saraos, menos en los que debería estar, como Iglesia que es.

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