Bajo el síndrome de Oliver Twist

Esta mañana el primer pensamiento que me ha venido a la cabeza –lo cierto es que me ronda desde ayer- es que me parece que los trabajadores del RTVE, estamos viviendo el síndrome de Oliver Twist. Es decir que la orfandad más absoluta nos circunda día a día, y me veo con un balde de hojalata caminando por las calles de un Londres decimonónico a la merced de una suerte incierta. Últimamente es la peor de mis pesadillas.

Desde el pasado viernes las cosas están aun peor, pues el Partido Popular ha puesto en marcha el cronometro de la cuenta atrás, dejando claro que la ley permite el uso de “la transitoria” para la elección de presidente en RTVE, es decir que tendríamos un candidato sin la aprobación de los 2/3 de la cámara. Este mecanismo, aunque algunos anden rasgándose las vestiduras y clamando al cielo, es legal, aunque desde luego no es una buena noticia para los que trabajamos en la radiotelevisión pública de este país.

Supongo, porque de momento tengo que suponer y pensar en positivo, que esta maniobra por parte del Partido Popular es una llamada de atención al Partido Socialista para que entren en razón y, se sienten de una buena vez, para cerrar no solo el nombre del presidente, sino lo que es más importante, que se concrete un plan definitivo y viable para que la esencia de la radiotelevisión pública no se desvirtúe más de lo que está ya en estos momentos. Claro que la reacción del PSOE, ha sido cuanto menos, llamativa – hoy estoy suave, no quiero exabruptar-, poniendo la cuestión al nivel del escándalo más absoluto.

Personalmente, estoy harta de escandaleras, de frases demoledoras y grandilocuentes, y de esa actitud tan sumamente infantil del PSOE, de me opongo a todo, y o todo blanco o todo negro, pero si tanto parece que le interesa al Partido Socialista que la tele como dicen ellos (la palabra radio siempre olvidan pronunciarla) sea un espacio de libertad de opinión y de información tienen hasta junio para consensuar el nombramiento, y lo que es más importante las líneas de actuación y, por lo menos si son “tan limpios” como pretenden ahora, por lo menos deberían dar un mínimo de transparencia a esas negociaciones que “haberlas hailas”, pero que hasta día de hoy todos desconocemos, o que conocemos por filtraciones o rumores, pero que  han tenido mucho cuidado de no comunicarnos.

Lo que más me preocupa es que hablan de nosotros como si fuéramos un abstracto, pero la radiotelevisión está compuesta por personas, por profesionales, que hacemos cada día nuestro trabajo como mejor sabemos, y sobre todo como mejor podemos, porque a veces, y tengo que ser sincera, querer no es poder. Y estoy hablando de los profesionales, y no de las estrellas, o de los amigos de las estrellas, o de los directivos o de los amigos de los directivos, que por cierto son los que se proyectan más hacia fuera, dando una visión muy distorsionada de la plantilla. Sobre estos temporeros priman los intereses de partido, o de poder, o lo que es peor de dinero, porque desde hace ya mucho tiempo, aquí hay mucha gente que viene de fuera, a pasar una temporada, a utilizar los recursos que tenemos, a catalpultarles cuando sus cotas de popularidad rozan el abismo, y lo que es peor a hacer caja, que poco o nada les interesa el servicio público, la información veraz y equilibrada, y los intereses de los ciudadanos. Frente a estos, la plantilla sigue trabajando, en muchos casos para mayor gloria de ellos, y haciendo de tripas corazón observamos cómo hacen “maniobras orquestales en la oscuridad” para recolocarse o para salir lo menor dañados posibles, caiga quien caiga, gasten lo que gasten, o sufra quien sufra.

Mientras ahí fuera hay gente que sigue negociando con nuestras vidas, con nuestras carreras profesionales, sin impórtales nada más que ver si es suyo o del otro el que se sienta en el sillón de la presidencia.

El Gobierno tiene su responsabilidad en este asunto, la de dotar cuanto antes de un presidente y de un plan de acción, y desde luego hacer todo lo posible para que no se produzca el escenario de una mayoría simple, pero la oposición tiene también su parte en este asunto, y es su deber hacer todos los esfuerzos posibles para que haya un consenso y se camine dentro de la vía institucional hacia una radiotelevisión de todos, porque esa política continua del PSOE, o tal vez solo de Rubalcaba (solo escucho su voz últimamente, hay demasiado silencio a su alrededor) de acoso y derribo contra el gobierno no termina de gustarme, y entiendo que hay otros intereses mucho más cercanos a la consecución del poder, que a las necesidades de la ciudadanía.

Trabajo en la RTVE porque creo en ella, porque entiendo que es un sustento imprescindible para el sistema democrático, porque debe ser (aunque aún no lo hayamos conseguido) un garante de la pluralidad de los españoles, porque creo que la calidad a veces está muy lejos de los grandes números de las audiencias pero que es necesaria, porque creo en se debe mantener la independencia en el ejercicio de la profesión al margen de otros grupos mediáticos donde lo comercial o lo político priman, porque debe haber un medio público donde se mantenga el espíritu crítico gobierne quien gobierne, porque la información no debe tener color ni dueño, en fin, porque aunque haya pasado por muchos desengaños profesionales aun creo en el purismo de la profesión del periodismo, que es la que ejerzo.

Por eso, quiero dejar de levantarme cada mañana sin pensar que cada día que pasa me mimetizo más con personajes de Dickens, y venir a trabajar sin ese peso de la angustia que produce saberse una ficha blanca o negra, de esta partida de ajedrez maquiavélica, que andan jugando, ahora ya a toda prisa.

Es la una menos cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Espero fervientemente que no se cumpla la frase que circula por los pasillos de RTVE: “No podemos estropear una gran temporada de fracasos, con un gran éxito” Por Dios, que no se cumpla