Anotaciones: ¿Por qué esperar?

“I don’t like quotas but I like what quotas do” (“no me gustan las cuotas pero sí lo que consiguen”), afirmó Viviane Reding, la comisaria de Justicia de la Unión Europa. Su frase resume lo que muchos piensan desde hace tiempo y no encontraban la forma de expresarlo. A nadie le gustan las cuotas, pero el problema es que “esto no se mueve”. Hace un año Reding invitó a las empresas cotizadas a suscribir un compromiso voluntario para aumentar la presencia de las mujeres en los consejos de administración hasta un 20% en el 2015 y un 40% para el 2020.

Hasta la fecha solo han suscrito la propuesta 24 compañías. La realidad confirma que las empresas siguen nombrando a los miembros de sus consejos mediante un sistema de cooptación y esos sistemas no son fáciles de romper voluntariamente.

Noruega impuso las cuotas hace una década y el sistema parece haber dado resultado, dando un salto del 9% en 2003 al 40% de representación femenina en la actualidad. Francia, Italia y Bélgica han seguido la senda marcada por Noruega. Holanda y España, sin embargo, se han decantado por la recomendación sin imponer está exigencia. Lo cierto es que los resultados de esa recomendación han sido prácticamente nulos. Algunos afirman que se trata de un problema cultural que el paso del tiempo terminará de arreglar. Pero, el argumento de que hay que esperar a que las cosas vayan cambiando gradualmente no resulta muy convincente para otros. ¿Por qué esperar?

Son las doce y media. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 30 grados.

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