El cambio es la salida

Estamos sin aliento y Europa (Alemania) lo sabe. El modelo de estado que tenemos está fuera de lugar, fuera de presupuesto y fuera de futuro, y lo que es peor, o tal vez mejor, es que el panorama se clarifica por días.

El ciudadano medio empieza a entender por momentos, que es lo que ha sucedido, que es lo que está sucediendo, y porqué de aquellos barros vienen estos lodos, en los periódicos (a través de cartas al director y comentarios a las noticias), en los teléfonos de las emisoras de radio, en las redes sociales, hasta el bar de la esquina todo el mundo está empezando a hablar de los mismo, con verdadera acritud, y con un tinte de mala leche y cabreo generalizado, por las consecuencias que nos ha traído.

Me refiero que el ciudadano medio ahora ya sabe que la mayor parte de nuestros males vienen de la mano del modelo de estado autonómico, y sobre todo de cómo han usado los políticos ese modelo de estado para su propio beneficio.

Ahora nos vemos sometidos a drásticos recortes con una durísima marcha atrás del estado del bienestar, encaminándonos peligrosamente hacia el del malestar, pero sin embargo, el modelo de estado no se mueve. Ni el gobierno ni la oposición están trabajando, a día de hoy y que se sepa en ese cambio, con lo que por muchos recortes y sacrificios que los ciudadanos hagan, no habremos variado un ápice la posición peligrosísima en la que nos encontramos.

Por supuesto eso también lo sabe Europa y obviamente los mercados, por eso los primeros dudan y ven con recelo el modelo actual, y los segundos, los mercados, el dinero, entienden que con este modelo no vamos a poder pagar nuestras deudas, ni ahora ni en cien años, porque esa estructura en sí, hace que sea imposible en el nuevo marco mundial.

Algunas voces, que no saben bien por donde se andan, claman y claman contra la banca, pero el hecho es que a pesar de que la banca en España se vio también afectada por el problema de la burbuja, y desde luego salió algo dañada, el verdadero agujero a cubrir no es de la banca, es el de las cajas, que son fruto de una organización autonómica, basada en el descontrol del gasto, la influencia de los distintos partidos políticos, y la colocación de activos tanto de partidos como de sindicatos para que fueran utilizados en intereses muy que muy alejados de la obra social de una caja de ahorros que para eso fueron fundadas, o para el fomento y la salvaguarda de los ahorros de los depositantes. Las Cajas en manos de entidades autonómicas y locales, entraron de lleno en la burbuja inmobiliaria, convirtiéndose en verdaderas herramientas especulativas y sirviendo para sentar en sus consejos de administración a personas que distaban mucho de conocer de ese asunto tan dificultoso llamado finanzas. Mientras el Banco de España, participe de toda esta operación con el gran cómplice, silbaba el Puente sobre el Rio Kwai, mirando en unos casos para otro lado, y en otros generando unos manuales SIP, en los que más que pensar en los ahorros de los depositantes y en la viabilidad de las entidades, lo mayor preocupación era que en cada fusión se conservase la identidad de cada fusionado, para que así nadie perdiera el sillón. Realmente espectacular y desde luego deleznable.

Por eso, las cajas, que no la banca, generaron un agujero inmenso en nuestra economía, que ahora tenemos que pagar todos, pero que no va a bastar con pagarlo pues las cosas siguen tal cual, y mientras no cambien volveremos a generar nuevas ruinas fruto de esta organización del estado que permite estos desmanes.

Además, a través de las administraciones autonómicas y locales se ha creado la mayor clase política de Europa. España tiene a día de hoy, el mayor número de políticos por metro cuadrado de la Unión Europea, que a su vez han fomentado un crecimiento espectacular de la contratación “conveniente” dentro del empleo público, que además han hecho crecer de una manera muy numerosa las empresas publicas ineficaces, innecesarias y donde las pérdidas continuas son patentes. Y por si fuera poco, se han embarcado en un incremento desmesurado e innecesario también, de obra pública, mucha de la cual aun debemos, y que no sirven absolutamente para nada, claro que en su momento si cumplieron la función de dejar por el camino alguno que otra comisión para mayor gloria de algunos de la clase política española.

El Estado de las Autonomías fue un parche momentáneo que sirvió por un lado para diluir la fuerza de los territorios históricos véase Galicia, Cataluña y el País Vasco, y para eso se incrustaron con calzador el resto de los territorios en el engranaje autonómico, y por otro para generar una transición pacífica, donde esos cromos autonómicos se canjearon por otros que parecían mucho más peligrosos para el proceso de cambio llevado a cabo en España después de la muerte del General Franco.

Pero todo esto sucedió hace mucho tiempo, y ese parche fue creciendo y creciendo, convirtiéndose en un gran problema, pues cada vez había más parche y menos cubierta, hasta que por fin la rueda termino explotando y ahora nos encontramos como nos encontramos, en dos palabras que decía un pseudotorero: muy mal.

Esa austeridad de la que tanto habla Soraya Sáenz de Santamaría en todas las ruedas de prensa de los viernes (por cierto muy sola el viernes pasado) no va a servir para mucho, si el Gobierno actual no ataja el problema de raíz, que es la conversión del modelo de estado. De nada sirve recortar, si el gasto público sigue incrementándose, y no hay que ser premio nobel en economía para saber, que la inversión para recuperar un estado donde los ingresos fueran los de antes de 2008 es prácticamente un pensamiento de ciencia ficción o un hecho milagroso. La realidad es esta, tenemos cinco millones y medio de parados, el tejido empresarial está muy deteriorado, y la inversión extranjera está precisamente ahí, en el extranjero y no en nuestro territorio, que con estos mimbres el cesto que no sale es una canastilla muy pequeña y con muy pocos adornos, así que o cambiamos el modelo o nos caemos definitivamente.

Efectivamente Rajoy tiene razón cuando mira hacia al pasado gobierno, clamando por la situación de déficit en la que han dejado el país, muy loable ese clamor, pero Rajoy es ahora quien gobierna, con un marco de mayoría absoluta, que le permite hacer cambios que otros no han podido llevar a cabo por sus resultados electorales, y es quien tiene la responsabilidad de sacarnos del desastre, para eso le votamos los españoles, y pasado ya un tiempo prudencial, en el que los ciudadanos le hemos permitido la queja y el derecho al pataleo y a los lamentos por la mala gestión de Zapatero, ahora le toca hacer, gobernar, y una de las primeras cosas que tiene que ir poniendo en marcha es la reforma la Constitución, y cambiar el modelo de Estado, esa si sería una tarea digna e indiscutiblemente histórica, pues marcaría un hito, y probablemente sacaría del atolladero a este país. Tiene las herramientas, tiene las personas, ahora solo tiene que tener la valentía de hacerlo, porque a los hombres de estado, a los estadistas que es lo que nos está haciendo mucha falta, el valor no basta suponérselo, como a los militares, hay que demostrarlo y demostrarlo con creces.

Son las doce menos cuarto. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 25 grados. Mariano Rajoy lleva muchos años queriendo ser presidente de gobierno, pues bien ahora le toca serlo…el cambio es la salida

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