Otra cosa que se acaba, lo del carisma

Hace un rato me ha venido a la cabeza la palabra carisma. Hacía tiempo que no la usaba ni la pensaba. Y me pregunto ¿Es necesario el carisma en la política? Pues no lo sé… o hay que ver las cosas de otra manera.

Desde luego en el mundo occidental somos cada vez más iguales. La educación está generalizada, es decir la mayor parte de la población de occidente son gentes instruidas, cultas, conocen bastante los resortes de la administración pública, entienden el concepto de empresa, practican y defienden sus derechos, en definitiva las cotas de libertad de elección son mucho más grandes que hace unos años, a pesar de que, por ejemplo la barrera del dinero, que eso es lo que aun nos hace desiguales, este presente de continuo. Pero en el pasado existían muchas más barreras, muchos más distingos, muchas más diferencias. Así que ahora no basta para ser carismático con  un conocimiento de la cultura, la educación, la administración, el don de la palabra o de la escritura. El líder político lo tiene crudo para generar ese poder de encantamiento de los lideres de hace un siglo.

Además la comunicación ha evolucionado rompiendo el liderazgo del emisor frente al receptor, y aunque aun los políticos utilizan los medios como una de sus herramientas principales, el hecho de que esta sea inmediata y manejada por todos, hace que tampoco les valga como instrumento carismático, es más, ya en muchas ocasiones se les vuelve en contra, perturbándoles ese posible estado de liderazgo que pretenden. Ni siquiera el hecho de repetir y repetir los discursos y los argumentos, para que a base de repetición “parezcan” ciertos, funciona. Ya que a mayor reiteración, mayor contestación se produce, véase el caso de las redes sociales, donde andan bastante perdidos, y donde estas redes están generando lideres y grupos carismáticos que nada tienen que ver con los políticos profesionales.

Tal vez por eso está apareciendo un nuevo concepto de carisma o de liderazgo, llamarlo como queráis, que funciona de una manera colectiva, donde el grupo trabaja en conjunto, sin perder la identidad de cada uno, pero en la misma dirección y con apoyos mutuos entre ellos, y entre otros grupos afines a ese liderazgo.

Cada vez nos alejamos más de posiciones individuales de poder. De hecho los liderazgos individuales están siendo en todo el mundo tremendamente contestados. La gente desconfía de aquellos que no se conectan con otros, de aquellos que no se comunican con otros, de aquellos que no se relacionan y van por su cuenta. O los tildan de dinosaurios o de oscurantistas. La sociedad del siglo XXI no entiende ya proyectos individuales, paternalistas e invertebrados, y el nuevo concepto de carisma pasa por una dinámica de cooperación y coparticipación muy alta, donde el todos sustituye al yo, donde el político más que dirigir, gestiona y administra, donde la comunicación es total y donde el poder, pese que a algunos les duela, les moleste o se resistan, también debe ser compartido. Al fin y al cabo un político es un representante de la ciudadanía, eso un representante, que no ya un dirigente. No hay sitio ya para directorios carismáticos. Esto está cambiando y sino al tiempo.

Son las dos menos cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 7 grados. Otra cosa que se acaba, lo del carisma

 

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