Amy Martin, del esperpento, la corrupción y la tontería

Es menester ser tonto, si t o n t o, con todas las letras para generar una historia como la de “Amy Martin”, lo entrecomillo porque realmente no sé cómo escribirlo. Esto de Mulas va más allá de la corrupción pura y dura. Que historia, por Dios, que historia, si es que una no para de sobresaltarse con tantísima tontería.

Pero por si fuera poco, con lo que ya vamos sabiendo, hay más personas que quieren apuntarse a la bobería esta, que si no fuera porque tiene un toque de corrupción, en vez de uno de distinción, estaría riéndome a mandíbula batiente. Ahora la mujer de Mulas también quiere su parte de protagonismo en este “estupidiario” y nos cuenta, que fue ella la que escribía los artículos, y además que comenzó esta historia sin que su marido lo supiera. Enhorabuena a los premiados, porque que te paguen 3000 euros por un artículo, es realmente un premio de lotería. Parece ser que está de moda que tu cónyuge no se enteré de tus cosillas, quien dice una columna en Internet, también dice de un Jaguar, aunque ahora esto del Jaguar no viene al caso. Claro que también está muy de moda en ciertos círculos de poder eso de separarse y en vez de pagar una pensión a tu exmujer, que se la pague otro, bien mediante un contrato en una cadena de televisión, bien mediante un contrato con un suplemento semanal, bien mediante una columnita en una publicación digital, en fin, menudencias sin importancia, que hacen la vida más llevadera.

Además, y casi que esto es lo mejor de todo, la creatividad con la que el Señor Caldera, nos ha ilustrado este caso, que es propia de mis hijos cuando tenían 16 años contándome eso de: “Mamá que he llegado tarde por que el autobús no venía, que yo estaba en la parada desde la 10 pero es que no llegaba ninguno”.

Que no, que no, que no cuela… que estamos ya al cabo de la calle de esto y mucho más, y que no estamos dispuestos a tragarnos ciertas cosas. Que más que les pese, la comunicación con este endiablado elemento que es la tecnología, fluye y fluye mucho, y estos cuentitos lo único que sirven son para demostrarnos que hay que ser t o n t o, no para urdir historias como esta, sin pararse a pensar que la “ordinary people”, es decir nosotros, los que estamos al otro lado de la raya que marca el poder, vamos a creerlas.

Es la una y veinte de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 10 grados. Hace, por cierto un viento de mil demonios. Algunas pensiones compensatorias salen muy caras…La historia de “Amy Martín” va más allá de la corrupción, raya con el esperpento y la tontería..Ufff que marron¡¡¡

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