El Silencio

Conozco gente, bastante cercana por cierto, que cree que el silencio es una forma de comunicación.  Yo opino lo contrario, el silencio también es un receptáculo, un espacio que si no lo ocupas alguien puede llenarlo de información, tal vez falsa o con una interpretación distinta a la que está destinada a llenar ese silencio.

Creo que Rajoy es de los que piensan en la utilidad del silencio. Tal vez entiende que la comunicación es solo un atrezzo, un condimento, una guarnición totalmente prescindible en las tareas de gobierno. Me temo que piensa que hay que gobernar, pero  no hace falta comunicar que se está gobernando.

Se equivoca. Tal vez antes las cosas fueran así. En un mundo hiperconectado, donde la comunicación es casi total, casi completa entre los ciudadanos, mantenerse al margen de ese progreso es un grave error, y además forma parte de la tarea de gobernar. El ciudadano ya no entiende porque no le cuentan las cosas, y sospecha, se vuelve suspicaz cuando no encuentra una comunicación inmediata sobre cualquier asunto que le concierna.

Al igual que, las comunicaciones rápidas y puntuales que se producen cada viernes después del Consejo de Ministros, han contribuido a tener, por parte de los ciudadanos una imagen veraz y cercana del gobierno y lo que hace, el tema parece que no termina de funcionar tan bien, cuando lo extrapolamos al Partido Popular. Esa estrategia de silencio que maneja en Rajoy le transforma en un líder distante, desconectado, y prácticamente ausente para los ciudadanos, y es un terreno abonado para llenarlo de lo que otros, que en algunos casos pueden faltar gravemente a la verdad, les interesa con sus discursos.

La estrategia, por ejemplo, que en el día de hoy ha llevado a cabo el PSOE sobre el tan manido tema de Luis Bárcenas y su material de papelería, es precisamente hacer patente el gran silencio de Rajoy, y obviamente utilizarlo en su contra. El problema ya no reside en si los papeles de Bárcenas implican o no al Presidente del Gobierno, o al Partido Popular, el problema, el PSOE lo centra y lo maneja en el círculo de silencio que desde hace unos meses lleva a cabo Rajoy. El que no habla, el que no opina, nunca se equivoca, pero también el que calla asiente, el que no se defiende frente a un infundio, se entiende que lo asume, o lo que es peor desprecia el daño que puedan hacer las calumnias sobre terceros, porque independientemente de los daños que Luis Bárcenas pretenda causar sobre el Partido Popular y algunos de sus líderes (no todos, hay grandes y sospechosas ausencias), hay otros damnificados que son los ciudadanos y su confianza en las instituciones, en el sistema democrático como garante de las libertades, en resumen, en el sistema sobre el que nos movemos cada día los hombres y mujeres de este país, sembrando la duda sobre la eficacia del propio sistema.

Creo que Rajoy debería meditar sobre esa estrategia de silencios, y comunicar, empezar a comunicar, a llenar ese espacio con información, porque es su obligación, y  también, por propia supervivencia. El silencio no existe salvo en los monasterios, pero hasta en ellos el ruido de las campanas lo interrumpen, aunque solo sea para comunicar que es la hora de maitines.

Son las doce de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 28 grados.

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3 pensamientos en “El Silencio

  1. Pingback: El Silencio, por Marta Pastor @MartaPastor

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