No more tears… #Women #Mujeres

LLORANDO

Estoy un poco ‘hartita’ de eso de que las mujeres somos más fuertes, de que resistimos mejor el dolor, de que estamos monísimas cuando sufrimos en silencio, que los tíos son unos quejicas y nosotras somos “más magnificas” porque cuando nos duele algo, incluidos los pies – el dolor de pies con tacones de 12 centímetros es prácticamente ‘fakiriano”- no emitimos ni aullidos, ni nada parecido. Bueno, y ya la gran frase, escuchada una y otra vez, por los grandes estudiosos del carácter femenino – generalmente hombres- : ‘Las mujeres manejan mejor el dolor que los hombres’.

Ante todo esto no me queda más remedio que emitir un ‘Puaggg’ ‘Mafaldero’ porque de verdad que no hay derecho, y afirmar que todo eso es falso, si   f a l s o…pero…. nosotras, no sé si porque lo hemos aprendido de tanto verlo en las películas o de leerlo en los libros, también ponemos de nuestra parte en eso de sufrir y callar,  eso si solitas o como mucho con una amiga, y lo que es peor alimentamos ese sufrimiento.  Alguna vez me he planteado la razón de que hagamos esas cosas ¿Qué nos impulsa a meternos de lleno en momentos de sufrimiento, cuando vemos claramente que E S O   V A    A   DOLER?

Porque,  a ver, qué necesidad hay de pasarse 5 horas en un parque haciendo botellón en pleno invierno con camiseta de tirantes, medias finitas y unos tacones de 12 centímetros, que se clavan en la hierba y haciéndonos sentir que se nos parte la espalda. Y que decir del dolor de pies que acarreamos, eso sí sin rechistar… Pues lo hacemos, y lo que es peor, encima, con una sonrisa, que obviamente según pasan las horas se va forzando, terminando en una mueca histriónica que se va marcando en nuestro rostro, mientras tiritamos, porque lo de los 2 grados a las 4 de la mañana, viene siendo una aproximación a emular a Walt Disney, no por sus películas precisamente.

Luego está la monomanía de intentar lo imposible. No hablo de ir a Marte, que eso sería menos pernicioso, y desde luego nos aportaría los datos necesarios para escribir un buen libro de viajes con poco paisaje. No, que va, estoy hablando de cuando conocemos a un tío una tarde cualquiera, entablas una conversación insulsa, si,  de esas ‘sinsustancia’ con él ínclito, intercambias los teléfonos con mucha insistencia por tu parte, y a continuación sales ‘flotando’ del local pensando que has encontrado el amor de tu vida. Pasan los días, y por supuesto no te llama, no te escribe ni un email ni siquiera para venderte algo, no te wasapea, pero eso si tu miras de continuo el whatsapp para ver si esta ‘en linea’ o cuando se conectó por última vez, en definitiva te ignora olímpicamente….

Ah¡ pero nosotras, seguimos en el ejercicio de andar suspendidas por el aire, suspirando, y pensando excusas absurdas para sustentar esa falta de atención, como por ejemplo: ‘Está pensando en llamarme, pero no se atreve’ – la más común- o tendrá gripe aviar o se le habrán roto las dos manos y no puede usar el móvil… en fin … no sigo porque me deprimo.

Pero no acaba ahí la cosa, para seguir sufriendo más, que ya estamos en racha, pasadas un par de semanas de silencio absoluto, cogemos el teléfono y ¡zas¡ marcamos su contacto, que por supuesto ya hemos añadido a nuestra agenda, colocando, claro,  un emoticón de corazoncito, al lado de su foto. Y claro él contesta,  y también se devana los sesos hasta que te ubica. Como tampoco es suficiente que no sepa ni quien eres, ni cómo te llamas, ni donde te conoció, tú le propones veros una tarde para ‘un café’ – las más tímidas- y una copa – si tienes la tarde arriesgada-.  Y claro él accede porque probablemente no tenga nada mejor que hacer, y… (No voy a dar detalles aquí de cómo piensan los tíos, pero todas os lo imagináis, porque sufridoras sí, pero listas también). Y después de esa cita, en la que probablemente no suceda nada, o por lo menos nada romántico, tú sigues en esa espiral voluntaria y absurda de sufrimiento en la que te has metido, y le contactas por Facebook o por twitter, le haces comentarios a todo lo que él publica, y llenas de ‘me gusta’ su timeline. Eso si, tú sigues con tus tribulaciones de ‘porque no me llama’ ‘porque no me escribe’ ‘porque no …’ Pues … porque no, porque no está pasando nada, porque tú no te has enamorado de nadie, y menos él,  y porque te has metido de lleno en un episodio estúpido que lo único que te está produciendo es un sufrimiento voluntario, pero que parece ser  que no podemos evitar.

Pero podría ser, muy remotamente, que ‘la cosa’ funcionara por un tiempo,  eso, un tiempo y luego ese ‘hombre de tu vida’ te deje por whatsapp, que ahora está muy de moda, y tú en vez de pasar página, como hacen ellos , no, entras, entonces en fase de ‘ovillo en el sofá’, te rodees de klenex – las más finas – y de papel higiénico – las no tan finas –  y te lanzas en plancha al ejercicio del llanto y el crujir de dientes durante varios días con sus correspondientes noches, dejándote unas ojeras que ríete tú de un mapache, y para avivar el llanto, pues con la realidad, parece que no tienes bastante y hay que alimentar ese dolor como sea, te pones todas las canciones que tienes en tu disco duro de Alex Ubago y te ves todas las pelis de Meg Ryan que tienes grabadas, claro, para ocasiones como esta. Por supuesto, te relees todos sus emails y todos sus whatsapp, y te pasas en presentación power point, modo continuo, todas las fotos que hay en tu ordenador. Y si fumas, te sometes en ese trance a un tratamiento intensivo de tabaco, metiéndote para el cuerpo un cigarrillo cada minuto, mientras moqueas y lagrimeas en cotas extremas.

No me digáis que eso no es adicción al sufrimiento, de verdad que lo hacemos, y la sensación que se nos queda luego es la misma que si nos pusiéramos un cilicio y apretáramos bien fuerte mientras nos calzamos un gorro de pinchos en nuestra cabeza y a la vez andamos sobre brasas ardientes.

Podría seguir escribiendo sobre otros temas de sufrimiento voluntario femenino, como de ponernos a dieta trapense, o de meternos en una talla dos veces menor a la nuestra, o la de hacernos un recogido con millones de horquillas clavadas en nuestra cabeza, o depilarnos a tirón limpio las ingles, o someternos a tratamientos de belleza en los que nos congelan vivas – ojala estuviéramos muertas en esos casos, no sentiríamos nada- o nos someten a temperaturas de caldera de barco de vapor para perder 2 centímetros de tripa.

Lo cierto es que deberíamos ser conscientes de que bastante tenemos con la brecha salarial, con que aquí no concilia nadie, con que tienes que supeditar tus vacaciones a una masa de gente que te circunda tan grande como Tokio en hora punta, con que tu jefe te mira y de vez en cuando baja la vista más de lo que debiera, con que tus hermanos varones siempre digan eso de que vayas tus con tus padres al médico, que los entiendes mejor, con que seas la última en acostarte y la primera en levantarte, con que siempre tengas que ser tú la que vaya al super, porque ‘cariño, hoy tengo una reunión con el CEO’ , con que siempre tengas llevar tú los niños al pediatra o el perro al veterinario, o con que… ¿sigo?

Así que vamos a ver si para ir entrando en materia empezamos a sufrir solo lo necesario, y además cada vez que nos duela algo, sea del alma o del cuerpo, lo manifestemos porque lo de virgen está ya muy pasado de moda, pero lo de mártir también. Olvidemos los folletines de novela romántica decimonónica, y llorar y sufrir lo justo, pero que se note, que lo de sufrir en silencio queda bien para un anuncio de hemorroides y para nada más, en definitiva, que no seamos nosotras las que nos tiremos al rio de los llantos o al mar de las lamentaciones (Uy que cursi me ha quedado eso) porque, emulando a un cómico famoso, os diré que “si hay que llorar se llora, pero llorar por ‘na’ es tontería”

Son las cinco y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 14 grados. Sopla viento del sur, el viento de las brujas

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