Suárez : cuando los políticos eran humanos

adolfo_suarez

Decía un profesor de historia que tuve hace muchos años, que cuando los héroes mueren, inmediatamente vuelven a nacer como mitos. Suárez ha muerto después de pasar casi 12 años en manos del Alzheimer, pero me temo que solo estamos asistiendo a su muerte física, la muerte real, la verdadera muerte de Adolfo Suárez sucedió hace mucho más tiempo.

Hoy un desfile político esta pasando por delante de su féretro. El elogio continuo, el panegírico prudente, adecuado, medido en la loa y la alabanza… todos se apresuran a dejar caer palabras precisas y atentas hacia el finado, y respiran tranquilos por que la muerte también se ha llevado esa desmemoria, y la ingratitud de muchos, ahora esta cubierta por la pleitesía de una bandera, una guardia, y unas honras fúnebres.

La derecha nunca le supo agradecer, ni siquiera supo entender, que propiciase desde la propia derecha el cambio político. Porque eso del centro era un invento para envolver la habilísima e inteligente estrategia de ese hombre de propiciar el transito a la democracia desde posiciones conservadoras. Para nadie es un secreto que Adolfo Suárez era un político de perfil conservador y católico, y que entendió desde el primer momento que eso que llamamos la transición, tenía que venir desde dentro del sistema, para que no se dañara, entre otras cosas, algo tan primordial como la monarquía, o mejor dicho la posibilidad de reinar de Juan Carlos I, o que se rompieran las relaciones con el Vaticano. El lo vio claro y nítido, tanto que se lanzo, sin eso que se lleva tanto en política, lo de nadar y guardar la ropa, hacia un camino tremendamente complicado y lleno de palos en las ruedas, pero con una convicción clarísima. Ese era el camino, para lo que contó, por supuesto, con la ayuda del Rey, pues el monarca, también estaba implicado, tanto, como que en ello iba su propia supervivencia como Rey, en la aventura de cambiar las cosas en nuestro país, y llevarnos hasta una monarquía constitucional y democrática, sin que la izquierda pudiera hacer o deshacer en ese proceso, cambiando radicalmente la situación y llevando ese cambio por otros derroteros, mas favorables hacia sus tesis.

La izquierda, tampoco pudo perdonarle, que le quitara el caramelo de apuntarse el tanto de cambiar España, de hecho tanto a Felipe Gonzalez, como a Santiago Carrillo los situo en el tablero, como meros peones, que o avanzaban en la dirección del Rey, o serían sacrificados en la partida. La legalización de los partidos que representaban los dos lideres de la izquierda fueron medidas tranquilamente por Suárez, calculando siempre los tiempos, y acotando los riesgos, no los riesgos que pudieran venir desde la derecha más reaccionaria, que también los había, sino los que podían llegar desde la propia izquierda, agotando los plazos y dejándolos a ambos dos abocados, a jugar su partida, a colaborar con su plan, e incluso a hacerlos cómplices hasta las primeras elecciones. No se Carrillo, pero desde luego Felipe y el PSOE, no encajaron nunca esta jugada, y en cuanto hubo oportunidad, “le dieron hasta en el carnet de identidad”, sometiendo a Suárez y a su gobierno a un acoso, del que podemos dar fe por los periódicos de la época, y por los diarios de sesiones del congreso.

Y mientras todo esto sucedía, y la derecha oficial, se llevaba las manos a la cabeza, desbarrando sobre el “amateurismo” del primer gobierno de Suárez – un gobierno de PNN, dijeron – o lanzando diatribas grandilocuentes – Que error, que inmenso error, de Ricardo de la Cierva, al que luego por cierto hizo asesor- Suárez iba poco a poco avanzando hacia el hecho más importante que ha sucedido en la reciente historia de España, creando incluso un instrumento más, la UCD, para que el hecho llegara a buen fin.
Sin embargo, como escribía unas lineas más arriba, Suárez no supo guardar la ropa, tal vez nunca pensó, que llevando entre manos una tarea tan insigne como la de la restauración democrática en nuestro país, alguien pudiera pensar en borrarle de un plumazo, y sacarle del tablero de ese ajedrez tan “suigeneris”, que el mismo había inventado. Lo que no sabia Suárez, es que el nunca fue el alfil, ni la torre, ni la reina, ni un peón, ni un caballo. En ese juego el era una ficha imaginaria, una inexistente figurita de marfil, que tiraba de todas, pero que una vez que el juego empezará, ya no sería necesario.

Y así fue, sus compañeros de partido, que eran solo eso compañeros de partido, porque Suárez no tenía amigos entre ellos, amigos personales me refiero, que el venia de un mundo muy distinto al de Fernando Abril o Joaquin Garrigues o Fernandez Ordoñez, no solo le dieron la espalda para quitarle de en medio, y quedarse ellos con las ganancias de tan arriesgada apuesta, el Rey… el Rey ya estaba donde tenía que estar, y gustaba de nuevas amistades, y tampoco estaba dispuesto a correr demasiados riesgos para la “corona” apoyando al líder, que iba cayendo por días, con la inestimable ayuda de todos. La izquierda, aprovecho la coyuntura para ganar las elecciones, que una vez ganadas, demostraron que la eficacia de la estrategia de Suárez había sido la mejor, ya que ni abolieron la monarquía, ni salimos de la OTAN ( una de sus banderas durante las primeras campañas electorales), ni rompimos con el Vaticano, ni siquiera cambiaron los Pactos de la Moncloa, otra gran victoria económica y social de Suárez. El PSOE ganó las elecciones, Felipe fue presidente de gobierno, con eso se legitimó el transito, pero no se dio un paso más.

Por supuesto, la caverna y los militares mas reaccionarios, que algunos se la tenían jurada y bien jurada, como el caso de Armada, vieron el momento idóneo para, también, entrar e intentar coger lo que no era suyo. A punto estuvo Adolfo Suárez de romperles también el juguete a estos reaccionarios, cuando presento su dimisión, tras una llamada de el Rey, en la que le dejaba claro, que unos cuantos de esos militares, se habían presentado en La Zarzuela, mientras Juan Carlos I, andaba de cacería, y que tuvo que volver deprisa y corriendo, para reunirse con ellos y calmar los ánimos, eso si a cambio de la cabeza de Adolfo Suárez -… Siempre me he preguntado quien le abrió y dio paso a esos militares a la Zarzuela… y creo que me lo seguiré preguntando-.

Y Suárez presento la dimisión, una dimisión publica, en la que dejaba claro en su discurso de despedida el sacrificio que se le pedía, y que tiraba la toalla acosado desde todos los frentes, pero en especial… “Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea un paréntesis, una vez más en la historia de España”...

A partir de ese momento, todo cambió diametralmente para él, un hombre con un liderazgo carismático, un hombre hábil, y tremendamente pragmático, que constituye una figura, de momento inigualable, y que desde luego ningún líder posterior ha podido epatar o superar, y que fue por entonces, allá por el año 1981 del pasado siglo cuando se produjo su muerte real, si esa a la que me refería al principio. El conductor de la transición, el “arquitecto de la transición” como le han llamado algunos se fue diluyendo hasta desaparecer de la historia política reciente de nuestro país.

El contaba en una entrevista a ABC, que “no era su deseo pasar a la historia, aunque tal vez lo haga, por lo menos en alguna linea”. Quizás haya llegado el momento de recuperarle, y cuando se acaben los fastos mortuorios que hoy se viven en nuestro país, más de uno debería recuperar su memoria, la suya propia, la de Suarez, si esa que perdió por una enfermedad o quizás porque ya no podía más con la vida, y también la de todos, y dejarnos claro la importancia de su figura, la importancia de aquellos acontecimientos, y por supuesto la verdad de todo lo que pasó en ese tiempo, y desde luego reconocer, los unos y los otros, que sin su buen hacer, su habilidad, su ambición y su inteligencia ahora no estaríamos aquí, y muchos no estarían, tampoco, donde están y a donde han llegado, desde el “Primero” al último, aunque tal vez ese deseo mio, sea una pequeña estupidez sentimental, y que en la frialdad de la política actual, este de más, tener un rasgo tan “digno” como ese. La verdad es que, tengo suerte, yo asistí “en vivo y en directo” a un tiempo donde los políticos eran humanos… ahora también quedan, pero cada vez son menos, y Suárez es, y será siempre el espejo donde deban mirarse, un mito para nuestra democracia, que hasta en eso ha sido generoso, pues andábamos carentes de mitología en nuestra historia transitiva y democrática.
Son las ocho de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Suárez: cuando los políticos eran humanos DEP

Nota : El dibujo pertenece a la pagina http://www.fernandomartinezhernandez.com/galeria/pinturas

3 pensamientos en “Suárez : cuando los políticos eran humanos

  1. Muy bien expresado lo que fué y representó la persona y la figura política del primer presidente de la democracia en nuestro pais. Todos los calificativos que vamos oyendo y leyendo le son muy justamente atribuidos: coraje, valentía, humanidad. Creer en el fin común y en el proyecto de la democracia es eternamente de agradecer. DEP Adolfo Suárez

  2. Fue un hombre demasiado honrrado, por eso tuve de dejarlo antes los zorros que le rodeaban, más que zorros, lobos, aún siguen aquí, y el no, podrían aprender un poco sólo un poco, la Guardia Pretoriana habría que quitarles todos, viven a nuestra cuesta y desde las urnas, que triste. Este hombre fue el primer hombre que me enseño una mirada de persona humana, sencillo, con sus defectos como todo Dios, pero era un hombre de los pies a la cabeza. Por ser como era, quizás enfermo, quizás. Dios le dio la capacidad del olvido y creo que fue algo bueno para el aunque supongo no para su familia. Aplaudo el entierro que ha tenido como un gran Jefe de Estado por ser el primero y sobre todo el más honesto. En paz descanses. Namaste

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