Monica de Oriol : “No valen para nada”

Llegó a mi casa hace unos años. Hacía poco que acaba de llegar de Rumanía. “Tengo los papeles en regla, no hablo bien el español, aprendo pronto” – me dijo. Apenas si sabía escribir y leer. No tenía ninguna formación, y ni siquiera hablaba mi idioma. Al mes empezó a trabajar en mi casa y desde entonces no ha dejado de hacerlo.

Cuando pasaron los meses y poco a poco fue aprendiendo mi idioma, empezamos a conversar. Nunca mucho tiempo pues apenas coincidíamos. Yo salia temprano hacia mi trabajo, y era entonces cuando ella llegaba a mi casa, y en una de esas conversaciones mañaneras me contó que ella trabajaba en el servicio domestico porque no había estudiado y no servia para nada. Me marche hacia mi trabajo con un regusto amargo, me pesaba que ella no se diera cuenta de lo mucho que servia, y de lo importante que era su trabajo.

Al día siguiente, la esperé, y me tome mi tiempo para volver a charlar con ella. “¿Sabes?” – le dije – “ayer no te entendí bien cuando me contaste eso, de que como no habías estudiado, no servías para nada”. Ella me miró sorprendida y se echo a reír. “Vaya, Marta, tampoco es tan importante, tu siempre le das muchas vueltas a las cosas, no te preocupes tanto”.

“Siéntate un momento y escúchame. No vuelvas a decir nunca eso de que no sirves para nada. Mira si tu no vinieras a trabajar a esta casa, ordenaras, limpiaras, hicieras la comida, los recados y demás asuntos domésticos, yo, entiendes, no podría hacer mi trabajo, no podría salir todas las mañanas a trabajar ¿Entiendes? Y como tu, hay muchos hombres y mujeres que hacen esas tareas domesticas, que son tremendamente necesarias y valen para mucho. Todos los trabajos son importantes, todos son necesarios, es una cadena tu haces una cosa, para que yo haga otra y así nos movemos todos y todos avanzamos, y todos progresamos”

Ella me miraba con los ojos muy abiertos y movía la cabeza de un lado a otro sin terminar de compartir o de comprender lo que le estaba diciendo. “Pero, Marta, tu tienes un trabajo importante, escribes cosas, hablas por la radio y esas cosas, yo solo friego, lavo, plancho… no tengo estudios, ahora se leer y escribir un poco ya, pero nada mas”
“Te equivocas, Mad, te equivocas” – le contesté – “Lo mio es solo un trabajo, un trabajo como el tuyo, la diferencia, la única diferencia, es que yo partí de una posición de privilegio, pude elegir, cosa que tu no pudiste hacer, pero a estas alturas de la vida, mi trabajo sirve para unas cosas determinadas y el tuyo sirve para otras, los dos son importantes, los dos son necesarios. Mira, si todas las empleadas del servicio domestico, que como tu dices son gente que “no vale para nada” dejaran, solo , fíjate, solo, por una semana de hacer su trabajo, tirarían abajo la economía de este país, nos iríamos a pique. Así que Mad, que sea la ultima vez que me dices eso de “no valgo para nada”

Esta conversación que hoy os cuento sucedió hace unos años. Hoy me ha venido a la cabeza cuando ayer escuche a Monica de Oriol hablar desde un elitismo impropio de una empresaria que se precie. Nadie debe pronunciar nunca refiriéndose a otros las palabras “no valen para nada”, porque todo el mundo vale para algo, y eso ella que tiene una muy buena formación, también gracias a las mismas circunstancias que yo, es decir porque pudo elegir, lo debe saber muy bien. En su argumentación de ayer hay muchas lagunas como empresaria, y la primera, y también la más “fría” es que cuando una persona no se adecua al perfil buscado en una empresa no se la contrata y punto, “no sirve para nada” contratarla por un sueldo “de mierda” porque no va a poder realizar el trabajo que se le encomienda por muy poco que se le pague, y así lo único que se consigue es generar malestar dentro de la empresa. Pero si lo que se quiere es formar y cualificar, a esos que ella, tan despectivamente nombra como los “que nos sirven para nada”, puede hacerlo, claro que puede hacerlo, es más debería hacerlo, ya que el Estado no puede con todo (hay mucho liberal de salón que en cuanto tiene la más mínima dificultad mira de reojo a papa estado para que le solucione la papeleta, y en esto de la formación también pasa) y los empresarios españoles deberían dar ese paso de formar y adecuar a los que conforman el mercado de trabajo para que se adapten a las necesidades reales de producción de nuestro país, pero no a cambio de tener que trabajar por un ínfimo salario para sus empresas.

Claro que ese es un largo camino, es pensar a largo plazo, es invertir para el futuro, si eso que los empresarios españoles demandan continuamente al Estado. Ellos debían ser los primeros en ponerlo en practica. Me contaban hace unos días que la consultora McKinsey  va a llevar a cabo un plan de formación para equipar a jovenes, que se han quedado en la cuneta de los estudios, o que no han podido terminarlos, o tal vez no han querido deslumbrados por esos tiempos pasados del “burbujazo” donde los peces se subían solos al barco y no había que pescarlos, con habilidades adecuadas para las necesidades de las empresas españolas. Ese es el camino.

Los que trabajamos por cuenta ajena ya hemos asumido que no volveremos a ganar lo mismo que antes de la crisis, que no volverán los grandes sueldos, los grandes bonus, que la tarjeta de crédito no es bueno que eche humo, y que exceso de velocidad de gasto se paga y se paga caro. Tal vez es hora también, de que los empresarios españoles, o por lo menos aquellos que los representan, aprendan  la lección, que ya no se puede ganar lo mismo, que ya no hay pelotazos, que la cuenta de beneficios va a ser más pequeña, que cuando se gana mucho hay que guardar para cuando se gana menos,o para cuando se pierde, y que no se puede tener empleada a gente que con la “paga” no les llega ni para cubrir las necesidades más básicas. Esa desde luego, no es la solución para paliar el paro.

El gobierno de Mariano Rajoy ha hecho una reforma laboral importante que ha puesto al servicio, fundamentalmente de los empresarios, y que los trabajadores, en muchos casos hemos asumido, es hora de que los empresarios muevan ficha y se impliquen en esa salida de la crisis, porque de momento, lo que vemos, lo que escuchamos son soluciones visionarias y exabruptos, que a la único a lo que contribuyen es a enfrentar al empresario con el trabajador, gran error, porque ambos y para que todo funcione bien, deben ir juntos y en la misma dirección.

Son las 8 de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 9 grados.

Un pensamiento en “Monica de Oriol : “No valen para nada”

  1. Muy bueno, Marta. Totalmente de acuedo. Muchas veces para un puesto en la empresa merece mucho más la pena contratar a alguien por su actitud que por su aptitud: las habilidades técnicas se aprenden, pero una buena disposición, entusiasmo, ganas de arrimar el hombro y de aprender… eso viene de fábrica!

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