Hoy, #Alvite ha muerto en el #Savoy

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“Tarde o temprano comprendes que la mejor cualidad de un hombre suele ser una mujer”

Nuca conocí personalmente a Jose Luis Alvite. Sólo le escuchaba, o después, le leía. Siempre me produjo ese placer secreto de fumar a escondidas a los 15 años en los baños de la escuela. Su voz tenía, sobre mí, un efecto sedante, y a la vez tremendamente emocionante, y a través de ella iba imaginando ese baile de malditos hechos de pura literatura, donde lo marginal era la marca de agua.

Era su elogio de los perdedores y de los marginales, tal vez, y la mezcla con el toque de que eso, que precisamente desprecian casi todos, era algo sublime, lo que más me llamaba la atención de sus Cronicas del Savoy, tan bien hechas que podías imaginar fácilmente, solo con escuchar su voz, una amalgama de gentes decadentes transpirando tabaco y alcohol en mitad de una niebla que no se disipaba nunca, porque el solo hecho de recibir un haz de luz limpia los hubiera hecho desaparecer para siempre. Era curioso como Alvite te hacía envidiarlos y desearlos hasta tal punto, que alguna noche después de leer soñé que estaba en el Savoy, y que ahora era una de ellos.

¡Cuanto siento que haya muerto José Luis Alvite!  El, dicen, era un tipo que trabajaba en un banco por las mañanas, escribía por las tardes y se emborrachaba por las noches en los antros de Santiago de Compostela…

Cuanto lo siento…era irrepetible …

“Hay cosas que no pueden ser, muchacho. No puede ser que le pongas chaqué rosa a los cuervos. Una madrugada en el Savoy me dijo Ernie: “Muchacho, a menudo la oscuridad te ayuda a ver las cosas claras”. El Capone de los últimos días me dijo: “Amigo mío, uno no es sólo su ropa, sus matones y su contabilidad; uno es también la poca luz que le rodea, la sombra que te hace indescifrable e inexacto, esa penumbra que le añade decimales al ala tu sombrero. A los tipos como yo, el exceso de luz le perjudica su mala reputación”. Y a Capone no le faltaba razón. Hay un equilibrio entre la luz real y la luz del alma. Y ese equilibrio, muchacho, es el que te hace soñar que una madrugada diste con aquella mujer en cuyo rostro al prender tu cigarrillo viste juntas las facciones de Grace Kelly y los labios de Louis Armstrong.

Se fuma mucho en el Savoy. Se fuma tanto en el club de Ernie Loquasto, muchacho, que incluso, es gris el jabón de tocador. En el estrambote del humo se alargan los modales de los matones y las muecas de las faldas de las bailarinas. Una noche que se cayó por el Savoy, me dijo Sinatra: “Dicen que fumo demasiado. No sabría qué decirte al respecto. Sólo sé que el humo de un cigarro es el defecto que mejor le sienta a mis ojos azules”. Eso me dijo Frankie, un tipo que se cepillaba los dientes con un cigarrillo en la boca”

Son las doce y media de la mañana. Demasiada luz para escribir sobre Alvite. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 11 grados…

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