En respuesta a Esperanza Aguirre y Albert Rivera sobre la legalización de la prostitución ¿te gustaría que tu hija fuera puta?

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Como parece que estamos inmersos en un periodo de elecciones locas, con unos programas electorales locos, donde lo que prima es “pillar poder” y poco más, le voy a hacer a la Esperanza Aguirre y por extensión a Albert Rivera algunas puntualizaciones sobre la realidad de la prostitución.

La prostitución es una cuestión de género porque implica mayoritariamente a mujeres, en el pasado y en el presente. En los anuncios de contactos en prensa se ofrecen mayoritariamente mujeres. Y en los paseos por las áreas de prostitución de nuestras ciudades podemos ver todos los días mujeres que se ofertan, y constituye una de las prácticas más violentas que pone de manifiesto, las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Las cifras de organismo oficiales internacionales, gubernamentales y no gubernamentales,   sobre trata de personas, que posteriormente son dedicadas a la prostitución, contabilizan millones de  mujeres y niñas.

La explotación de la prostitución se lleva a cabo por proxenetas, que mayoritariamente son hombres, y que someten a esas mujeres y niñas a condiciones de esclavitud, durante la  mayor parte de sus vidas, sin poca o ninguna salida. De hecho la Unión Europea considera la prostitución la tercera rama de crimen organizado.

Cuando una política o un político se atreven a proponer la reglamentación de la prostitución no se están limitando a crear una norma, una ley, lo que hacen es fijar un sistema de valores, donde las personas dejan de ser personas para convertirse en mercancía, y nos están enviado, a los ciudadanos este mensaje: es legítimo el uso comercial del cuerpo de las mujeres, en definitiva es legitimo comprar y vender personas.

Esa actitud tan electoralista de Albert Rivera, que parece que lo único que le importa es hacer caja, o de Esperanza Aguirre, que amen de también hacer caja, parece que quiere asegurarse la alcaldía, a costa de lo que sea, incluida la dignidad de las mujeres, lejos de favorecer a las prostitutas, lo que están haciendo es intentar poner en marcha un modelo de sociedad donde se va a permitir el “uso de las mujeres”. La mayor cosificación de la mujer  es la prostitución.

Efectivamente la prostitución, desgraciadamente existe, pero lo que desde luego me parece inconcebible, es que, para solucionar un problema lo que hagan algunos, sea generar mecanismos para asegurarlo, para que perviva, para que se perpetué, que sería la consecuencia de la legalización de la prostitución.

Es muy duro escuchar de la boca de un político o política que la prostitución es una industria y que legalizarla nos puede dar muchos beneficios, pero lo que me resulta más doloroso es que esos representantes o futuros representantes de los ciudadanos no  estén trabajando  contra la industria del sexo y contra el proxenetismo, algo que debería ser una prioridad en sus programas. Su trabajo, en vez de esa recaudación de votos para posibles pactos de poder, debería estar encaminado a realizar una concienciación social del lo pernicioso, lo terrible, lo aberrante,  que es, que haya hombres que compran cuerpos de mujeres, y lo que deberían estar haciendo, en vez de sentarse en sillones hinchables o pasearse por las radios y las televisiones, es generar políticas de igualdad de oportunidades, que creen las condiciones necesarias y suficientes para así evitar que las mujeres con menos recursos se vean abocadas a formar parte de la población prostituida. La trata de seres humanos, especialmente mujeres, existe porque existe la prostitución.

Para terminar este post, os voy a poner un ejemplo para ver lo sangrante que puede ser este tema, porque no hay nada como llevar las cosas a la realidad cotidiana para ver su dimensión.

Supongamos dos familias hablando tranquilamente sobre a que se dedican sus hijas. Una dice, mi hija ha estudiado derecho y ahora trabaja en la asesoría jurídica de una empresa. La otra, contesta, la mía es prostituta y trabaja en un local de alterne. Darle una pensada a esta situación, a ver qué os parece.

Son las doce menos cuarto. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior  es de 16 grados. ¿Te gustaría que tu hija fuera puta?

2 pensamientos en “En respuesta a Esperanza Aguirre y Albert Rivera sobre la legalización de la prostitución ¿te gustaría que tu hija fuera puta?

  1. No creo que Albert Rivera tenga nada contra las mujeres. Menos aún Esperanza Aguirre. Supongo que se resignan a la existencia de la prostitución como un mal que ninguna ley o ninguna policía eliminará. Seguramente a ninguno de ellos les gustaría que sus hijas fueran putas pero querrán dignificar ese oficio que enseña el lado sórdido de la sexualidad humana.
    Temo, sin embargo, que el proyecto fracase por la obsesión española de gravar hasta el abuso las actividades económicas: el proxeneta y sus pupilas preferirán la economía sumergida, y las legales se quejarán de competencia desleal. Lo de siempre.

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