Ni desenterramos a Franco, ni enterramos a Espinete #VeranoDel18

El verano se apodera de nosotros y escribimos sobre cosas de las que no tenemos costumbre. Tal vez sería muy placentero hacerlo a diario y no tener que bregar con la realidad sórdida, porque si no es sórdida no es realidad, que nos roza la piel, haciéndonos cada día más insensibles a la magia, al cuento, a la ilusión, al deseo y a la quimera.

El aire cálido de la tarde no tiene fin hoy, y me entrego a la lectura salpicada, que es como se lee ahora en modo tequi, de la noticia y lo noticioso. A pesar de estar a finales de julio hay tema, que decía un redactor jefe que tuve hace tanto tiempo que parece de otra vida, y tema para rato. Pero el tema, es el monotema, lo insistente y permanente, lo constante, y tan anclado en la paginas de los digitales, que parece que el webmaster calcara cada día la portada del día anterior. Entre el “más de lo mismo” veo que nos ha entrado la fiebre de enterrar y desenterrar, como si con estos calores fuera la tarea más idónea.

Hemos empezado por intentar desenterrar a Franco, el pequeño dictador que fue a parar al Valle de los Caídos, ese mausoleo hortera que preside la sierra de Madrid hacia donde el sol se pone. Siempre pensé que era muy curioso que los del “cara al sol” colocarán a su amado líder precisamente en el ocaso. Y también, hemos decidido enterrar a Espinete, que anda en paradero desconocido por los andurriales basureros de San Fernando de Henares, esperando que le den tierra, si es que queda ya algo de él.

Personalmente, siempre he sido partidaria de la voladura controlada de ese panteón siniestro que siempre me encuentro de frente cuando voy hacia El Escorial. Es el monumento a la herida, a la lesión que nos dejó la guerra civil, a unos en forma de historia, y a otros, aún vivos, en forma de recuerdo de lo que no tuvo que pasar nunca. Sin embargo, nadie en estos años de democracia ha conseguido bajar el telón definitivo de ese relato, y mucho me temo que ahora tampoco van a conseguirlo. Tal vez haya un punto de magia en todo esto. Es como si el dictador se aferrara a esa montaña artificial y megalítica, coronada por una gran cruz, de la que también se apropió el tirano, y dentro de sus tripas estuviera tejiendo en estos años una patraña virtual de permanencia y presencia, que ha hecho su nombre imborrable, inolvidable y desgraciadamente perdurable. Porque no se equivoquen, pasan los años, y casi los siglos, y seguimos hablando de Franco. El relato inacabado de la dictadura pervive, presidiendo la sierra de Guadarrama, y nosotros en el llano, seguimos bajo el manto de ese magnetismo aciago, atrapados en la memoria, y a la vez intentando olvidarle. Una contradicción que como una maldición nos persigue a lo largo del tiempo.

Y mientras, en ese afán de inhumar y exhumar que nos ha entrado, buscamos los restos de Espinete, el erizo gigante rosa de la tele, que ahora anda perdido en un albañal de la zona sur de Madrid encapsulado con los trajes de Letizia, todo contaminado de amianto. Ese amianto que en esta santa casa donde trabajo negaron una y otra vez, hasta que la evidencia fue tan fuerte que tuvieron que derribar los estudios y aislar todo lo que había dentro, incluido al pobre erizo que solo se vestía para irse a la cama. Me pregunto como nadie se dio cuenta de que los niños y niñas de entonces, se deleitaban con un erizo parlanchín que se paseaba desnudo por la pantalla. ¡Madre mía que falta de decoro¡ :))  . Ni siquiera los restos mortales del Consejo de Administración han sido capaces de aclarar la situación. Han dejado escrito a sus sucesores, si alguna vez los hay, que ha quedado abierta y sin cerrar una investigación sobre el erizo y demás entes, que yacían en los estudios derrumbados, sin ninguna conclusión posible. Hemos matado a Espinete y ni siquiera le hemos dado tierra.

Somos un país extraño. Nos aferramos demasiado a lo que simbolizó algo, sea lo que sea, incluso cuando lo que eso supuso, vaya contra nosotros. Empezamos y casi nunca acabamos, dejamos las puertas entreabiertas, nos tapamos la cara con las manos, pero dejamos un resquicio entre los dedos para ver de vez en cuando, y en esa espiral infinita en la que vivimos, nos gusta hacer ejercicios de giro de cabeza para tener siempre la elasticidad de poder mirar atrás, aunque sea de soslayo de vez en cuando. Necesitamos el recuerdo para odiar o para amar, se nos hace bola el olvido, y volvemos una y otra vez sobre fantasmas, unos dulces y otros amargos para, quizás, reafirmarnos en lo que somos o queremos ser,  y en este afán tan surrealista, propio de una película de Jose Luis Cuerda,  ya ven, no somos capaces de desenterrar a Franco, ni tampoco de enterrar a Espinete. Tal vez sea verdad ese topicazo de que España, es diferente.

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 30 grados. Ni desenterramos a Franco, ni enterramos a Espinete

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La Noche de Reyes

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La fiesta de los  Reyes Magos tiene con frecuencia una connotación de excesiva simplicidad y candidez…. Escribe Benito Pérez Galdós en Misericordia: “La pobre Benigna se embelesaba oyéndole y, si a pies juntillas no le creía, se dejaba ganar y seducir de la ingenua poesía del relato, pensando que si aquello no era verdad, podía serlo. ¡Que consuelo para los miserables poder creer en lindos cuentos¡ Y si es verdad que hubo Reyes Magos que traían regalos a los niños ¿Por qué no haber otros Reyes de Ilusión”

La fiesta  de los  Reyes Magos supone la vuelta a la vida de la ilusión, vista desde los ojos de la inocencia de los niños. Todo puede suceder para un niño esa noche. Y luego el despertar, el desasosiego, las prisas, los pies descalzos corriendo por el pasillo, las cajas. Es tiempo de emociones para los niños y para los que no somos tan niños, pero que una  vez lo fuimos, y tal vez convenga por una noche, darle la vuelta a todo, dejar que fluya la esperanza y las ilusiones, y esperar de la vida algún “juguete” que nos vuelva a marcar la sonrisa aunque sea solo una vez al año.

Feliz Noche de Reyes

Son las nueve de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 5 grados. Tal vez este año tenga alguna sorpresa, pero de las buenas, pienso poner los zapatos.

Como convertirse en escritora #LorrieMoore

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“Primero intenta ser algo, cualquier otra cosa. Estrella de cine / astronauta. Estrella de cine / misionera. Estrella de cine / maestra jardinera. Presidente del Mundo. Fracasa horriblemente. Es mejor si fracasas a una edad temprana, por ejemplo, a los catorce. Una desilusión temprana, crítica, para que a los quince puedas escribir largas oraciones en forma de haiku sobre los deseos frustrados. Es un estanque, un cerezo en flor, un viento peinando las alas del gorrión rumbo a la montaña. Cuenta las sílabas. Muéstraselo a tu mamá. Ella es dura y práctica. Tiene un hijo en Vietnam y un marido que podría tener una amante. Ella cree que hay que usar ropa marrón porque disimula las manchas. Ella mirará brevemente tu texto y luego otra vez a ti con la cara vacía como una galletita. Ella dirá: “¿Por qué no vacías el lavavaplatos?”. Desvía la vista. Mete los tenedores en el cajón de los tenedores. Accidentalmente rompe uno de los vasos que te dieron gratis en la estación de servicio. Este es el dolor y el sufrimiento necesarios. Esto es solo el comienzo”.  Lorrie Moore 

Mujer escribiendo en una mesa (1905) -  Thomas Pollock Anshutz

Sólo disponemos de la Opinión

Parménides de Elea (540-470 a.c.) nos dejó un poema escrito en dos partes: Sobre la naturaleza.

En la primera parte Parménides nos dice que sólo es válido el conocimiento dado por la razón, y que de la naturaleza y de los hombres no tenemos conocimiento cierto.

La segunda parte expone que los mortales adquirimos el conocimiento a través de los sentidos y que, por lo tanto, no poseemos la razón: sólo disponemos de la opinión.

No pretendamos tener razón siempre, al fin y al cabo siempre estamos opinando.

Son las 10 de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 25 grados. Hace calor, es solo una opinión… pero es la mía …

Grabado n.º 43 de los Caprichos (1797-1799). Francisco de Goya