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De Montañas y de Valles #AdiazMan #blogs

“Se le ha aclarado el semblante. De algún modo, tiene la piel más blanca que antes. Y más tierna. Está muy perdida. Pero no lo sabe. No sabe que lo está. Y duda. No, ella no. Dudo yo, sobre ella. Más allá de ella. No sabe que yo dudo, aunque para mí esté claro. Tan claro como el color de su piel, que se traslada con celérica destreza hacia el marfil. No tiene dudas.
Las tengo yo. Se ha alzado una montaña inesperada a mi vera, en su colina. Una montaña tratando de escalar, qué paradoja. Es una montaña rara. Rara de cojones. No debería estar ahí. Pero es como si cada una de las piedras que conforman sus laderas -breves, bellas- hubieran leído más de un texto de autoayuda y más de dos y más de tres. Así que trata de ascender.
Mi montaña hace tiempo que dejó de serlo, aunque todavía falta aire. Mucho aire. Aire como para una boda. Pero dejé Japón cuando encontré Barcelona, ya tú sabes. Nunca he pisado ciertos valles, ni ciertos montes. Y esa montaña, la montaña que se alza repentina a su vera, a la de ella, no la entiendo.
Me molesta no entender. Como me molesta no poder. A veces, casi tanto como duele no querer, no desear, no ansiar. Esa montaña ha sido maleada. Es una montaña fea. Fea de cojones. Pero se está alzando. Lentamente, como rota por dentro, se está reconstruyendo a sí misma. Hoy la he visto acercarse a la palidez de ella, y por un momento he visto el mundo del revés. Un mundo ignoto. Un mundo infeliz.
Tan infeliz. Esa montaña sería competencia si la palidez de ella fuera una cima a lograr. A ratos lo es. A veces no. A veces, yo no. En esos momentos no tengo dudas. Ni una sola. Como si lo supiera todo, como si lo pudiera todo. Como si lo quisiera todo.
Esa montaña está perdiendo altura y la está ganando al mismo tiempo. No puedo explicar eso. No puedo explicar el universo. Pero veo lo que veo y, por usar palabras de aquél, ahora juego a lo que juego. Y lo hago mal. Pero a veces te tengo, aunque a veces te pierda.
Bueno, a veces.
Esa montaña me hace mal. Me hace un daño colateral tratando de bajar y subir al unísono. No se da cuenta, pero esa montaña era yo. Hace casi menos de una vida. Quiere dejar de ser montaña y, al reducirse-alzarse, difumina las clases. Y todavía las hay, o debería. No veo fantasmas.
Veo todos los fantasmas. Los traspaso, como se traspasa una pared, sin miramientos. No sólo sin mirar, también sin ningún reparo. Los diviso con los ojos cerrados y la atravieso de cuajo al cuadrar lo obvio. Hay hermosos valles que siempre fueron. Y están ahí como lo estuvieron antes. Y esos valles son un “bueno, vale”.
Bueno, vale.
Siempre ha habido clases. “Yo también quiero ser valle”, diría él. Pero no todas las montañas pueden serlo. Decía un autor que ya no recuerdo, quizá Stuart Mill, que el sueño americano era una estafa: la creencia en que todos podemos ser ricos cuando, en realidad, sólo una minoría lo es. Si sólo unos pocos pueden, no pueden todos. Menuda paradoja.
Por eso, creo, me asusta esa montaña volando-bajando. Si yo estoy en la cima-valle, me pisan los talones. Si estoy subiendo-descendiendo, podrían adelantarme. Si la palidez de ella se tornara crónica, todos lo habríamos perdido todo.
Sol. Sol en cantidades industriales. Sol como para… No se trata de doblar todas las vueltas en un test de Cooper. O sí, pero no sólo. Es también una naturaleza del ser más profunda, y menos certera. Menos específica. Más vasta. Más basta. Porque la naturaleza de los valles destruye en ocasiones la belleza de su piel tonificada. No quiero que esa montaña se convierta en uno. Tampoco quiero ser yo un valle destructivo, que funda mi triunfo con el fracaso de su gesto y de su voz. No, no.
Déjala siempre mejor de lo que la encontraste.
Déjala siempre mejor de lo que la encontraste. Me sobran, a veces, las palabras. Me sobran, a veces, los enfados repentinos y los calculados. Me sobra, quizá, haber aprendido demasiado. Y eso cuando sólo sé que… Pero no se trata de mí. Es esa montaña, esa montaña fea de cojones, la que me asusta y cabrea. ¿Que alguna vez, y todavía, a ella? No: que alguna vez, y todavía, a esa montaña horrible.
Por decirlo de una forma que hasta esa montaña pueda entenderlo, el problema no es que nunca vayas a ser nada. El problema es que si te vieras con mis ojos te darías cuenta de todo lo que tienes a tu alcance, si quisieras. No, esa montaña en proceso de ser valle no debería estar ahí. No es esa la jerarquía de las cosas. Quizá por poner el acento donde toca. Quizá porque toda i debe tener su punto sobre ella.
Venga, vale.”

Del Blog de AdiazMan 

Es la una y media de la tarde. Llueve y a veces nieva en Pozuelo y la temperatura exterior es de 4º. De Montañas y de Valles

Periodisticos.com

El pasado mes de enero vio la luz Periodisticos.com, un portal o comunidad virtual de periodistas, blogueros, comunicadores, profesionales de este sector en paro, en situación laboral precaria o estudiantes que buscan su primer trabajo o becas. Se trata, antes que nada, de un espacio abierto para todo tipo de contenidos periodísticos y temáticas: noticias, blogs, artículos, reportajes, fotogalerías, vídeos… Este proyecto nace como consecuencia del enorme paro y la precariedad laboral del sector periodisitico en nuestro país.

 Pablo M. Beleña es el editor de Periodisticos.com @pablombelena

Son las dos de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 16 grados.

Escribir

Escribir de una manera habitual es algo que para todos los seres humanos debería ser imprescindible y siempre tendríamos que encontrar un momento para hacerlo. Claro que eso supone también que también deberíamos leer, cosa que cada vez hacemos menos.

Escribir nos cambia, nos hace profundizar en los asuntos y desde el momento que una persona se pone al teclado o al papel y plasma una idea que ronda por su cabeza, y que hasta ese momento no se había materializado, puede darse cuenta que a partir de ahí, la idea no solo es una realidad y ha dejado de ser una entelequia, sino que además la maduración de esa idea con el fin de escribirla hace que la enfoquemos de una manera distinta, razonándola y haciéndonos a la vez mucho más maduros.

Como decía antes, desde luego para escribir hay que saber leer y tener costumbre de leer, y no me refiero a juntar letras o pasar de un vistazo un párrafo, o un escrito, o mirar por encima titulares de un periódico. Hay que leer de verdad, entendiendo y meditando todo aquello que esta escrito, desechando la lectura vertical, fomentando la lectura meditada, aficionándose a releer libros y tomarse su tiempo para hacerlo. La prisa es mala consejera para la lectura y para la escritura. Leer y escribir son placeres y supone una tensión mental, que nos ayuda a centrarnos en la materia de la escritura, haciendo que nos alejemos de cualquier otra preocupación que nos ocupe. Es como hacer ejercicio físico, produce los mismos beneficios.

Escribir alivia, conforma el pensamiento, lo talla, lo nutre, es tremendamente barato y está al alcance de todos. No hace falta ni siquiera hacerlo bien, basta con hacerlo y compartir la idea con otros aunque sea de una manera tosca.

Además hay muchos temas sobre los que uno puede hacerlo, por ejemplo, sobre política. Todo el mundo tiene una opinión sobre como se debe gobernar un país, y que es lo que se debe o no se debe hacer, sobre quien lo hace bien o lo hace mal, o de cómo deben ser las estructuras políticas de un país para que funcione medianamente. Pues bien ese es un tema. Pero hay muchos más, muchísimos. Hay infinidad de temas comunes y que manejamos con desparpajo, sin habernos puesto a pensar ni un instante qué significa eso que decimos y constantemente manoseamos.

No hay que ser un experto, ni un erudito para escribir, basta con pensar, y eso lo hacemos todos, todos los días de nuestra vida. Si todos o la mayoría de los seres que habitamos este planeta escribiéramos todos los días, evitaríamos muchos de los problemas que existen y que nos acucian, y haríamos frente a algunos que manejan el arte de hilar palabras pero que la mayoría de las veces no solo no dicen nada, sino que nos alientan desde ellas al enfrentamiento, o nos embargan de miedos y de mensajes apocalípticos. Escribiendo es como mejor se consigue descubrir que tras ellos casi siempre hay muy poco, por no decir vacío, y que sin embargo al son de sus escritos se acaba a menudo destruyendo, invadiendo, matando, desestabilizando y odiando… No sólo en los países subdesarrollados sino también en países como el nuestro donde la libertad y la cultura están al alcance de todos.

Por eso en este 2011 que empieza, animo a todos lo que leáis este blog a escribir y publicar en Internet. La tecnología ha hecho que el hecho de escribir y publicar sea tremendamente fácil, así que debemos aprovecharlo y si todos dedicáramos un poco de nuestro tiempo a concentrarnos en la escritura, estoy segura que el mundo cambiaría, o por lo menos cada unos de nuestros pequeños mundos en los que habitamos día a día. Supondría un salto más en la evolución del ser humano y nos haría mejores y menos vulnerables. De todo esto estoy más que segura. 

Son las doce y cuarto de la mañana. No llueve en Aravaca y la temperatura exterior es de 11 grados. Hoy escribo esto para no pensar en otras cosas terribles que me circundan en estos días, y no os podéis imaginar como alivia. Es mucho mejor que el lexatin, y desde luego mucho más sano.

Tenemos chico nuevo en la oficina…

 

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Pues si, tenemos chico nuevo en nuestra red Las Ideas, aunque nuevo, nuevo, lo que se dice nuevo, no es, salvo para nuestra red de inteligencia colectiva. Se llama Lluis Bassets. Es Director adjunto de El País, y su blog se hace llamar “De Alfiler a Elefante” s

Lluís Bassets  se ocupa de las páginas y artículos de Opinión en EL PAÍS donde  escribe una columna semanal sobre  internacional  y su blog versa también sobre todo esto.

Pues nada, Lluis, bienvenido y a pensar y conversar tocan.

Son las doce de  la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 1 grado. Dicen que ya no hace frío, pero mienten.