Otra Noche de Reyes, y que no falten  #FelicesReyes #YavienenLosReyesMagos

Todos los años escribo algo sobre la noche de reyes, sobre la ilusión de los niños, porque esta noche y mañana les pertenecen a ellos. Pero los adultos queremos pintar en todo, usurparlo todo, hasta su noche, y desde hace un par de años hemos metido nuestras narices hasta el fondo en este asunto de muy mala manera, y desde luego también la pata. 

No creo que una cabalgata de reyes sea el mejor lugar para educar sobre la diversidad, cuando hay otros espacios y lugares para hacerlo, y por cierto no se hace, ni para mostrar los deseos de independencia, ni para hacer política o difundir ideas, pero ya ven, no perdemos la oportunidad de destrozar las cosas, poniendo por encima de los intereses de los niños nuestros deseos, nuestras miserias, nuestras venganzas, nuestros complejos. 

Afortunadamente un niño o una niña de 5 años no ve más allá de su propia ilusión y de sus propios anhelos, y por mucho que nos empeñemos en romperles la fiesta, dudo mucho que ellos y ellas estén atentos a tanto desatino. Son corazones pequeños y esencialmente puros, llenos de esperanza y juego, acorazados contra la ignominia de los que somos adultos. Son pequeños espíritus donde no tiene cabida el odio y la venganza. Son niños y niñas, la infancia, la candidez, la capacidad de sorpresa, la ilusión, y más que les pese a algunos la fe. Si la fe, la capacidad de creer en la magia y en lo imposible.  

¿Saben? La fe mueve montañas, y no me refiero en la fe en Dios, que eso es un asunto particular, sino la fe en uno mismo, en los demás, en poder conseguir lo que uno quiere por muy difícil que parezca, la fe en que hay que ser mejor cada día, la fe en ser buenas personas, buenos amigos, buenos compañeros, buena gente, al fin y al cabo. 

Las celebraciones de los Reyes Magos son mucho más que una fiesta de regalos, aunque para algunos se haya convertido solo en eso, y es un día para deconstruir nuestra adultez incrédula y fría y volver a recordar como fuimos una vez, y que supuso eso para nosotros, pero la estupidez de un tiempo absurdo y sin valores me temo que ha anidado en nuestros corazones creando una capa de brutalidad tan grande que estamos dispuestos a privarles a los niños y a las niñas de hoy de lo que nosotros una vez tuvimos.  

La fiesta de los Reyes Magos supone la vuelta a la vida de la ilusión, vista desde los ojos de la inocencia de los niños. Todo puede suceder para un niño esa noche. Y luego el despertar, el desasosiego, las prisas, los pies descalzos corriendo por el pasillo, las cajas. Es tiempo de emociones para los niños y para los que no somos tan niños, pero que una vez lo fuimos, y tal vez convenga por una noche, darle la vuelta a todo, dejar que fluya la esperanza y las ilusiones, y esperar de la vida algún “juguete” que nos vuelva a marcar la sonrisa y esa fe perdida, aunque sea solo una vez al año. 

Es una pena que algunos, que algunas hayan olvidado eso. 

Son las tres y media de la tarde. No llueve aun en Madrid y la temperatura exterior es de 11 grados. Otra Noche de Reyes, y que no falten  

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Ya vienen los Reyes

Cuando era pequeña no se había puesto de moda Santa Claus, vamos no sabía ni siquiera que existía. Los Reyes Magos tenían todo el protagonismo y vagaban balanceándose suavemente, sobre los camellos, a través de nuestros deseos. Sus capas eran majestuosas y sus coronas brillaban bajo la noche estrellada y fría de Madrid. Venían de muy lejos, del remoto mundo de los cuentos orientales, que eran los que más lujo y mas colorido tenían. Pero por una vez no éramos nosotros los que abríamos el libro y nos metíamos en la historia, sino que eran ellos los que llegaban hasta nosotros, los que entraban en nuestras casas, con camellos y pajes incluidos, para dejarnos los juguetes. Me recuerdo a mi misma  creyendo en los Reyes Magos, me recuerdo mirando a la calle, esperando verlos aparecer, mitad ilusionada, mitad asustada, porque en el fondo debía de saber, tal vez, que todo aquello no era nada normal. Lo cierto es que si no fuera por esta pequeñas cosas, como los Reyes Magos o el Ratón Perez no podría acordarme que un día fui capaz de creer en cosas imposibles, de que hubo una época de mi vida en la que la separación entre la realidad y la fantasía no existía.

Melchor, Gaspar y Baltasar formaban parte de un pequeño grupo multirracial, sin líder y cuya riqueza mayor consistía en ser magos y sabios, y que fueron capaces de recorrer medio mundo en busca de una verdad en la que ellos creían. Lamentablemente se han quedado anticuados, arrinconados en Belenes, por cierto cada vez menos frecuentes en las casas, y en la Cabalgata de Reyes, que llega al final de las vacaciones de Navidad, con un cierto aire anacrónico, porque siempre se les anticipa ese gordito anglosajón, que tan poco tiene que ver con nosotros, llamado Santa.  De hecho cuando ellos entran en escena incluso han empezado las rebajas, por lo que solo los nostálgicos como yo esperamos algo ya, de estos ancianos cada vez mas borrosos y con las barbas cada vez más postizas. Aun así, y gracias a esa otra “magia” a la que estamos todos sometidos, me refiero a la del consumo, conservan su trono en El Corte Ingles, pero también en mi corazón.

Y se me ocurre que algunos niños con tanto personaje trayéndoles regalos seguramente se hacen un lío y piensan que el barbudo de rojo, que por cierto su color original era verde, y cocacola decidió cambiárselo, es un rey mago más. Y me pregunto porque no se ha llegado a hacer un belén donde cupiese todo, camellos, renos, pesebre, abeto, nieve y arena del desierto. Podría haberse hecho un sincretismo de esas dos tendencias, pero no, ha ganado la simplicidad de un árbol, un mero adorno, frente a la narratividad del Belén, con cuyas figuras estamos contando algo. El sencillo corte del traje con aire de pijama del hombre de las nieves ha ganado al lame dorado y al armiño. De Santa Claus solo se espera su saco lleno de regalos. ¿Que niño español en su sano juicio puede creerse de verdad que alguien que vuela en un trineo tirado por renos voladores pueda interesarse por él? De los Reyes Magos se esperaba más, esperábamos más y yo sigo esperando más, sobre todo se les esperaba a ellos. Para la gente de mi generación Melchor, Gaspar y Baltasar supusieron una frontera, una historia de esperanzas infantiles, una clave en la evolución de la infancia. Que los Reyes Magos os traigan todo aquello que necesitéis, yo los espero ese año como todos, con ilusión e impaciencia, aunque creo que ya tengo el mejor regalo, mis hijos y Luis,  y nada que ellos dejen en mis zapatos podrá superarlo, aunque si que este año necesito algo muy especial para uno de mis hijos, y no me cabe duda que me lo van a traer.

Son la cinco de la tarde. No llueve en Aravaca  y la temperatura exterior es de 10 grados. Felices Reyes