Adiós Camelot

Hay nubes grises y amenazantes sobre Camelot. Los muros de sus torres se están llenado de grietas. El cuento de hadas, magos, reyes, caballeros y damas de largos cabellos de oro con el que comenzó Pedro Sánchez su andadura política, se torna sombrío y tenebroso, y se difumina poco a poco mientras sus caballeros de la tabla redonda, sus magos, sus damas y princesas van esfumándose en la niebla de las malas decisiones.

Hay mal rollo en Camelot-Moncloa. A pesar de que los magos Tezanos y Redondo vaticinaban momentos de gloria para el 10 de noviembre, la realidad es que nada ha salido como ellos predecían, y su magia no ha hecho ni el más mínimo efecto. De hecho, hemos comprobado que son un par de impostores y de magia saben poco, tal vez si, algo más de malas artes.

Sánchez está metido en un buen problema, mucho peor que el que tenía en abril. Ahora ya, no le queda más remedio que aceptar lo que exija Pablo Iglesias, que, a base de perder votos, cada vez se consolida más como líder- perplejidades propias que solo pasan en nuestro país- y anda ya llamando a la puerta del castillo pidiendo sitio en la mesa redonda. El caballero negro de la coleta pide ya, ni más ni menos que 6 ministerios, y eso para garantizar la investidura, que no la legislatura, que eso ya lo ira viendo Sir Pablo de Galapagar, que, si Pedro se porta bien, le dejará seguir de inquilino en Moncloa, y si no ya le mandará con el colchón a otra parte.

Todo lo que no quería Sánchez está pasando por esta repetición de elecciones, por cierto, convocadas según Carmen Calvo, por el mismísimo espíritu santo, y que según “il conseglieri” Abalos han servido para frenar a la ultra derecha, a pesar de que VOX ha más que doblado el número de diputados, ha conseguido grupo parlamentario propio, va a tener puesto en la mesa del congreso, y va a tener la capacidad, también, de recurrir leyes en el Tribunal Constitucional. Una extraña manera de frenar.  Impresiona ver como nadie desde las filas del PSOE hace la más mínima reflexión por haber perdido más de 700.000 votos en seis meses, y eso, teniendo la mejor herramienta para conseguir votos que es ser gobierno.

Nada, en el horizonte, vaticina un buen final para esta aventura, ni siquiera le queda el comodín de ciudadanos, que Rivera por fin, y también por insistencia en el dislate, ha terminado destrozando. Albert ha acabado con él mismo y con la marca naranja, que se desangra diseminando a los pocos que quedan por las diferentes formaciones como personajes en busca de autor de una novela fallida. Esos 10 diputados que caben en un taxi o en un ascensor, también tendrán su protagonismo en ese gobierno que tiene que conformar Sánchez, antes de navidades, siempre según la vicepresidenta, y ya se están pensado “que se piden” porque a pesar del descalabro algo van a sacar de este desastre. Porque no se engañen, aquí ya no va de gobernar, va de ir pillando, me temo.

Pero, tal vez, lo peor, es que Sánchez puede necesitar los diputados de ERC, si los “indepes”, los que tienen a su líder en la cárcel de Lladoners, cumpliendo pena por sedición y malversación. Esos ya podéis imaginar lo que “se van a pedir”, no hace falta ser muy avezado para ver cuáles son los cromos que quiere Rufián en este lance.  Es curioso como Sánchez va a empoderar a perdedores y convictos. Es lo que tiene convocar elecciones para ver si suena la flauta, pero como ven esta vez no solo no sonó la flauta, sino que ya no hay flauta con la que soplar, ahora lo que habrá será eso de “no quieres caldo, pues toma dos tazas, Sanchez”

Camelot se va desdibujando, como en La Historia Interminable la nada se iba apoderando de todo. En Camelot ya no solo no duerme Sánchez, ya no duerme prácticamente nadie, porque todo lo que podía salir mal, salió, porque no es que hayan crecido los enanos, peor, han crecido los dragones, si dragones verdes de los que echan fuego y vienen a quemar la democracia, y de paso a todo aquel que se interponga en su camino, y Arturo-Sánchez tiene que entregar su mesa redonda a los que quieren acabar con su reino. La realidad es que Camelot ha pasado de ser un sueño a una pesadilla.

Son las siete de la mañana. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 4 grados. Adios Camelot

 

Y el verbo se hizo público y habitó entre nosotras 

¿Saben una cosa?

La Real Academia de la Lengua representa el poder, aunque a algunos les cueste creerlo. Si, es el poder de la palabra que ellos, y digo ellos, porque es un espacio masculino que  controlan desde siempre. La palabra es uno de los rasgos que nos define como seres inteligentes, su uso es de todos y desde luego también debería ser de todas. Sin embargo, la Real Academia de la Lengua hace un ejercicio permanente de lenguaje exclusivo donde el masculino lo abarca todo por la regla pura y simple de que siempre ha sido así.

No lo dudo pero nada es para siempre. Desde luego en el pasado la mayor parte de las personas que escribían eran hombres, y además se dirigían a hombres. Si alguna vez mencionaban a las mujeres era para hacerlo en fución del uso que el hombre hacia de ellas. Y efectivamente así se fue construyendo el lenguaje. Pero ahora, que digo ahora, hace ya muchos años que las cosas afortunadamente están cambiando. Primero porque los hombres y las mujeres escriben por igual, los hombres y las mujeres leen por igual, también, así que la Real Academia de la lengua no le queda otra que adaptarse a la realidad social, porque para eso están ahí, entre otras cosas. Nadie puede ni debe escribir dirigiéndose solo a la mitad de la sociedad excluyendo a la otra media.

Además el lenguaje forma parte de lo público,  y esta ligado a nuestro modo de vida, y es una de las herramientas educacionales de mayor importancia. Excluir de lo público, de nuestro de vida a las mujeres es algo tremendamente grave, y educar con un lenguaje donde las mujeres no existen no conduce a nada bueno. Por eso me alegro que la Ministra de Igualdad haya dado el paso de encargar un estudio a la Real Academia de la Lengua para adecuar la Constitución a un lenguaje “correcto y verdadero con la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres”.

La sociedad evoluciona y el lenguaje debe evolucionar con ella porque si no hubiera sido asi ahora estaríamos hablando de esta manera:

Cuando esto oyo Gonçalo Gonzales pesole mucho de corazon e non lo pudo sofrir, e dexose ir para el a tan bravamiente, que mas no pudo, e diole una tan grant punada en el rostro, que los dientes e las quixadas le crebanto, de guisa que luego cayo muerto en tierra a los pies del caballo.

Piensen en ello esta semana

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 28 grados. Y el verbo se hizo público y habitó entre nosotras

(( De la entradilla Ellas Pueden 22 de Julio de 2018))

El sexo sin consentimiento es violación. #NoEsNo

Hoy he soñado que entraba en una panadería. El sueño estaba un poco difuso, pero recuerdo bien algunas cosas. Saludaba al panadero y le pedía un croissants para llevar. El panadero me miraba fijamente y me decía: Se va a llevar usted una barra de pan … Y yo volvía a insistir: NO quiero Pan.

Le he dicho – repetía el panadero-  que se va a llevar una barra de pan. Y yo que NO. En ese momento el panadero me cogió de los hombros, y a la fuerza, metió una barra de pan en mi bolsa. Y ahora fuera de aquí, y me echo a la calle.

La verdad es que después de ese sueño me he despertado de muy mal rollo. Ustedes entenderán que si yo no quiero una barra de pan tengo derecho a decir NO quiero una barra de pan y que nadie me obligue a llevarla. El Panadero siempre pregunta eso de “que desea”. Y yo tengo el derecho a decir lo que deseo o no deseo en cualquier situación.

Así que no entiendo todo ese escándalo por la petición de consentimiento en una relación sexual, a propósito del sueño del panadero. El consentimiento es necesario en todas las actividades de nuestra vida. Nadie puede ser obligado a nada que no quiera hacer, ni en la panadería, ni en las relaciones sexuales, sin que ese acto se convierta en un delito. El delito se llama violación, aunque el código penal lo endulce con el nombre de “agresión sexual”. Y se llama violación, porque lo primero que se viola no es el cuerpo de la víctima sino su voluntad, sus derechos, su condición de persona, en definitiva, su vida, que será distinta a partir de ese momento, y con graves secuelas.

En España se contabiliza una violación cada ocho horas. Esto es, más de mil violaciones al año, a las que hay que añadir las violaciones no denunciadas, que suponen nada menos que cinco de cada seis.

¿Y saben? La mayor parte de las violaciones que se denuncian se convierten en el mejor de los casos en delitos de abuso sexual, otro vocablo difuso para amortiguar la realidad.

La realidad es que la normalización de estas conductas de delitos contra la mujer es fruto de un modelo de sociedad que ha permitido una y otra vez el menosprecio de la mujer como persona y ser humano completo. Desmontar este modelo no es fácil, desgraciadamente, porque está anclado en nuestros modos de vida y sobre todo en las relaciones entre hombre y mujer. Frases, tremendamente pegadas al estereotipo, que hemos escuchado muchas veces como: “Cuando una mujer dice no, puede ser si o tal vez” reflejan claramente como esta sociedad absurda y patriarcal justifica hechos tan deleznables como la violación en el lenguaje coloquial.

No se equivoquen, o se toman medidas contundentes, como la anunciada por la Ministra de Igualdad en estos días, donde además del expreso consentimiento en cualquier relación sexual, se contempla también la reeducación de los que van a juzgar esos delitos, sacando de sus cabezas los mitos que marca el estereotipo: los hombres son fuertes y buenos, y las mujeres son débiles, malas y mentirosas, o no acabaremos con el tema de las violaciones. El Código Penal ha de ser más claro y concreto, la sociedad ha de ser más contundente y no eximir de culpabilidad al violador, y dejar de culpar y dudar de la víctima.

Por cierto, para aquellos que se rasgan las vestiduras hablando de “no sé qué” sobre la presunción de inocencia, he de decirles, que, a día de hoy, en los casos por delitos de abusos y agresiones sexuales, así como en los de violencia de género, lo que no se respeta es la presunción de inocencia de las víctimas, que siempre se pone en duda si dice o no dice la verdad, cosa que no pasa cuando se juzga otros delitos.

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 30 grados.