Ladrones de Democracia #ReferendumCAT 1-O

“A menudo el odio se disfraza con una careta sonriente y la lengua se expresa en tono amistoso, mientras el corazón está lleno de hiel.” Solón

Saben una cosa. Nos están robando. Si,  miren ustedes, hay ladrones de democracia sueltos.

Lo que está sucediendo en Cataluña y proyectado hacia el resto de España en un robo en toda regla.

Un robo perpetrado a través de asaltos a sedes de partidos, a través de señalar y marcar casas y comercios, de cerrar el parlament para que no se escuche ni una sola voz discrepante,  de presiones sibilinas y no tan sibilinas a los directores de las escuelas e institutos, para que el día 1-O pongan a disposición sus centros de eso que llaman “referéndum”, de utilizar a los niños en  las movilizaciones, de utilizar a los medios de comunicación públicos de Cataluña como medios de propaganda, de las listas negras de periodistas, de tomar las calles, de políticos que se saltan las leyes una y otra vez, mientras obligan a los ciudadanos a cumplirlas a raja tabla, de colocar como héroes a miembros de bandas asesinas como ETA, de invitar una y otra vez a los ciudadanos a participar en un referéndum ilegal, sin censo, sin garantías democráticas, de hurtar los datos de los ciudadanos y enviarlos a webs alojadas en lugares remotos y gestionadas por piratas informáticos, de mentir una y otra vez contándonos que los culpables de sus males somos los españoles cuando llevan toda su legislatura desatendiendo los asuntos de sanidad, cultura, educación etc para dedicarse a eso que ellos llaman el proces y que ya hemos visto en qué consiste, de linchar a intelectuales, escritores, artistas, científicos que han manifestado públicamente estar en contra de ese simulacro de referéndum, de utilizar los medios económicos del Estado, es decir de todos, para sus fines espurios, desatendiendo las necesidades de los hombres y mujeres de Cataluña, de dividir la sociedad en malos y buenos catalanes como si ellos fueran el dedo supremo que marca la bondad o la maldad de los individuos, de romper familias y  romper amistades.

Son ladrones de libertad, son ladrones de democracia. Están hay disfrazados de libertadores, con un rictus de sonrisa cosida en el rostro con puntadas de odio, de un odio que jamás en lo que llevo de vida había visto antes. No dejemos que nos roben lo que tanto nos ha costado conseguir: la democracia y la convivencia.

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 20 grados. Ladrones de Democracia

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La Sociedad Anómica o el deber por el deber. ¿Tu que eliges?

Hablamos de la corrupción como si fuera algo abstracto, sin embargo no hay nada más concreto que los actos de corrupción. Se materializa dentro de la sociedad, emana de la sociedad, actúa con la sociedad y sus socios, y nace de la propia sociedad. Es duro decirlo, pero la raíz está en nosotros mismos. Vemos todos los días casos de corrupción de baja intensidad, cambios de cromos, intercambio de favores, tráfico de influencias para conseguir esto o lo otro. Está a la orden del día.

El caso es que vivimos en un país donde se está produciendo un incumplimiento de normas masivo, y esto desde luego, si te paras a pensarlo obedece a algo que va mucho más allá de la política. Me temo que hemos entrado en la sociedad anómica. La palabra anomia viene del griego, donde  “a”,  indica falta o privación; y “nomos”, significa ley o norma, pero nomos no se refiere a cualquier tipo de norma, sino a la que hace alusión a la norma moral, y esa anomía es la que nos ha estado llevando a una generalización de la corrupción a todos los niveles. La corrupción no es fruto del ejercicio político, es fruto de esa tendencia anómica que nos invade, porque hemos abandonado los códigos éticos para convertirlos en códigos prácticos que es algo mucho menos sublime, pero mucho más rentable. Estamos de nuevo ante una cultura del carpe diem, donde todo se justifica, todo vale, no se toman en cuenta los incumplimientos de las normas morales, y además, se tapan con conveniencias prácticas para ir diluyendo poco a poco los valores fundamentales de los seres humanos.

Los actos de corrupción, además, son característicos del escenario donde se producen, forman parte de la idiosincrasia del país o del grupo donde anida.  No nacen como fenómenos aislados, están en la sociedad, en definitiva, están en nosotros y entre nosotros.  Son actividades colectivas, participativas: existe un corruptor y alguien que es corrompido, requieren siempre de  la intervención de una o más personas, es un delito participativo, donde la complicidad y la red juegan un papel relevante, donde hay muchos en la trama, donde hay sujetos activos, pero también pasivos, si, esos que acompañan con sus silencios, con su ocultación, con su pasividad, con eso que se llama mirar para otro lado.

Estamos muy equivocados cuando decimos que la corrupción es el cáncer de la política, la corrupción es un cáncer societario y debe ser un interés ciudadano prioritario, porque seguir el rastro de los corruptos es, en muchas ocasiones, tremendamente complicado, y sobre todo probarlo, pero lo que sí es fácil, son las consecuencias que se producen de inmediato: las averías y quebrantos que esa corrupción deja en las instituciones que representan a la democracia. Ese malestar va anidando lentamente en el imaginario de los ciudadanos, llegando a asociar el concepto corrupción con el concepto servicio público, con el concepto de democracia, con el concepto de sistema. Un error gravísimo, pero que al final pasa, y lo que es peor, cuando la corrupción es frecuente y cotidiana, se ve precisamente como eso, como algo normal, como algo que forma parte del modus vivendi, incluso utilizamos eufemismos para disimular los hechos, como por ejemplo llamar conseguidor a un ladrón vulgar y corriente. Corrupción es soborno, extorsión, malversación de dinero público, apropiación indebida de lo que es de todos, evasión de impuestos…

La corrupción es la segunda preocupación de los ciudadanos, y se impone ya una revolución de la decencia, de los decentes. Una regeneración, como decía ayer el Rey Felipe VI, es más necesaria que nunca, y  que personas limpias y referentes en nuestra sociedad, no solamente políticos,  den un paso al frente para liderar un cambio radical y acabar con las prácticas corruptivas. Creo que los que pensamos en modo honesto no queremos vivir en esa sociedad anomica, deprimida, con una democracia moribunda y deslegitimada por la herida de la podredumbre, donde algunos se aprovechen de esa debilidad para situarnos dentro de sus oscuros intereses sean políticos, económicos o de cualquier otra índole. Kant dijo el “deber por el deber”, es decir, lo que se debe hacer hay que hacerlo por obligación, sin esperar nada a cambio, y a partir de ahí cabe impulsar un gran pacto cívico que nos reanime y nos vincule a todos en un proyecto de alcance para mejorar nuestra vida política y nuestra convivencia, y acabar con la corrupción, con los corruptores y con los corruptos de una vez por todas.

Son las siete de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 20 grados.

Dimitir: la honestidad frente a la conveniencia

 

 

Me pregunto una y otra vez porque hay tanta aversión a dimitir de los cargos en nuestro país. En España se dimite poco y mal con una cultura de sentarse en el sillón para no levantarse jamás, caiga quien caiga, incluida hasta la propia familia. El apego al cargo parece que ha impregnado la cultura política española sin que se den cuenta que esa “manía” de perpetuarse afecta gravemente a los principios democráticos que deben regir toda sociedad que se quiera llamar libre.

Tal vez algunos, esto en el mejor de los casos, entienden que dimitir es tirar la toalla, admitir un error, que incluso puede desestabilizar el sistema o el equipo en el que se encuentran, tal vez sea así, pero entonces me temo que es que no han entendido nada, están confundiendo la palabra dimisión con la palabra castigo y se encuentran muy lejos de la buenas prácticas políticas.

Ahora que se llevan tanto los códigos de buen gobierno en las empresas, habría que replantearse si estos compendios de buenas intenciones, y de maneras y modos de hacer las cosas “en la buena dirección”, ya deberían formar parte de las conductas de los políticos en ejercicio. No hay nada malo en dimitir, una dimisión puede ser un hecho eficaz, higiénico y hasta provechoso para cualquier organización política que se precie de tener una estructura sana y al servicio de los ciudadanos. Por supuesto no me refiero a dimisiones por corrupción, a dimisiones en las que medie un delito, esos hechos no deben dejarse nunca al libre albedrío del sujeto corrupto, creo que es obvio, y no juegan la partida.

La ética social y administrativa del Estado está íntimamente ligada con la ética particular y profesional de los políticos que están a su servicio, y por supuesto, dentro de esta ética está el hecho de dejar de estar, de dimitir, de dejar el cargo por innumerables supuestos, que no significa, para nada,  abandonar la vida política,.

El político español tiene algunas asignaturas pendientes, y una es esta, la de saber dimitir, porque lo de todos es mucho más importante que lo cada uno, porque el proyecto siempre debe estar por encima de las personas y sus ambiciones, porque el poder no es un traje de lujo  a medida para que los hombres y las mujeres que lo lleven brillen mas y se vean más atractivos o mas lustrosos, el poder es el mecanismo para realizar para todos y todas el proyecto, en este caso político, en el que hemos soñado, el proyecto que está entre nuestros ideales, y cuando no se puede llevar a cabo o la divergencia es demasiado grande, el mecanismo de la dimisión debe ser puesto en marcha.

Un gesto, este el de la dimisión que debe ser considerado por los ciudadanos y ciudadanas, por los propios compañeros y compañeras de partido, por sus propios líderes como un hecho integro y decente, que lejos de  incomodar y desmoronar la democracia, la favorece y la multiplica, genera más confianza y a la vez encaja en un valor fundamental, aunque hoy en día no se hable mucho de ello. Es el valor de la honestidad frente a la conveniencia.

Son las dos y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 24 grados.

#ArturMas: De la ilegalidad y el esperpento

Acaba de terminar la rueda de prensa de Artur Mas, y aunque suponíamos de que iba “la fiesta”, ahora ya se ha materializado una de las mayores tomaduras de pelo de la historia de España.

Se ha mofado en hora y media de todos los español@s, catalan@s incluidos. Ha dicho una cosa y la contraría no una sino cien veces, ha puesto el sistema democrático a los pies de los caballos, permitiéndose, cual dictador de opereta, usar una herramienta tan sagrada en la democracia como es el voto y la participación de los ciudadan@s en procesos de elección o consulta,  para taparse las pústulas que le está dejando la cohabitación con ERC que lo va fagocitando lentamente.

La manipulación al máximo, lo nunca visto, pasen y vean, como si fuese un espectáculo de circo barato: Artur Mas  convoca a los catalan@s y demás ( ni eso ha quedado claro) a que el 9 de Noviembre vayan a votar una consulta que no es consulta, que tampoco es referéndum, que no vincula a nada ni a nadie, que no hay control sobre el censo, y que por supuesto en un alarde de ignorancia democrática, ha recalcado varias veces, que no es obligatoria ( faltaría más, que este individuo pasase lista de quien ha ido o quien no al paripé del 9N) con el único fin de ganar tiempo a ver si a ERC se le ablanda el corazón y le hace un hueco en esa “supuesta” lista “única” ( como chirría lo de “única”) y no se quedan fuera del juego de la independencia, y pierden pie en la tarta del poder, si esa que les gusta tanto. Porque no se equivoquen aquí lo único que hay es ambición y poco más

No sé lo que va a hacer el gobierno de España pero desde luego este lamentable espectáculo debe acabar ya, cuanto antes, por el bien de todos los españoles, sean catalanes o de Burgos. El atentado a la democracia es evidente y es obligación constitucional poner remedio a ello.

Por cierto mientras Artur Mas perpetraba una estafa redonda económica y política, y terminaba con palabras amenazantes y anunciando opacidad informativa, (eso ya no me extraña) España captaba  4.029 millones en letras para que Artur Mas  se lo gaste en jugar a las urnas y cubrirse las espaldas. Ya les vale¡

Son las doce. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 18 grados.

#tarjetasblack #Bankia #CajaMadrid : Redes Clientelares de Corrupción

El escándalo de las tarjetas black de Caja Madrid – Bankia ha vuelto a poner de manifiesto que la corrupción tiene un nido estable en nuestro país.

Muchos sabemos que eso es solo la punta del iceberg, porque detrás de todo este ruido que ahora asola nuestros oídos, se encuentra una red clientelar mucho más profunda que durante bastantes años se ha tejido con la anuencia de muchos que han “tocado poder”, con el único fin de enriquecerse y perpetuarse en el cargo.

Más allá de Caja Madrid – Bankia  y lo que aún nos queda por ver pues muchos sabemos que falta bastante que contar de esta historia de ladrones, hay más organismos públicos, entes públicos, sociedades mercantiles del estado, donde la práctica de las tarjetas, regalos y “alguna que otra cosa más” han estado a la orden del día durante estos años.

A estas horas hay muchas cuestiones que están dando vueltas en la cabeza de los ciudadan@s, que van desde la pregunta básica: “¿Esta gente va a pagar por ello? ¿Ira a la cárcel?”, a otras ya más complejas que giran, sobre si vivimos en un país irredento en eso de corromperse, o si España va a poder, en algún momento, conseguir tener una administración  alejada de la corrupción.

Lo cierto es que cuando el dinero y el trabajo no fluyen por los hogares de los ciudadan@s , que es lo que está sucediendo ahora mismo, la cotas de permisividad en cualquier aspecto de la vida pública bajan considerablemente. Ahora, ya nadie perdonada nada, un caldo de cultivo perfecto además, para que organizaciones de corte populista y con objetivos muy poco claros,  donde lo que prima es el despiece de todos, corruptos o no corruptos, hagan su agosto, y con la excusa de limpiar, nos sitúen aun, en un escenario político y social muchísimo peor.

Por supuesto, y no me cabe ninguna duda, que parte de la culpa de todo esto es que  durante mucho tiempo ha habido y  hay una elevadísima politización de la administración pública, demasiada “política”, en áreas que nunca han debido ser políticas, y los partidos y los sindicatos – que se han convertido también en pseudo partidos – cobijados sobre una estructura tremendamente rígida de un estado antiguo, donde el poder es lo que prima y no el servicio público, han entrado en esa rueda de la corrupción que gira y gira fagocitando a muchos donde van a caer inocentes y culpables. Por si no lo saben algunos cándidos, la corrupción es mucho más peligrosa y virulenta que el ébola, porque no solo contagia a aquel que participa de ella, no, contamina al que calla, al que tapa, al que mira para otro lado, al que consiente, al que silencia, al que teme, atrapa a todos los que pasan por su lado, incluso si me apuran, se lleva por delante hasta los que se enfrentan a ella y la denuncian, y lo que es peor ataca directamente al corazón de la democracia

No hay nada ahora mismo nada más urgente que la regeneración del sistema, hay mucho que corregir y muy poco tiempo. Ya no basta con levantar las alfombras, si luego vamos a volver a colocarlas en el mismo lugar, y vamos a poner los viejos muebles, repletos de carcoma en los mismos rincones, o cambiar la basura de un sitio a otro donde se vea menos.  Eso ya no basta, de hecho nunca fue la solución.

La regeneración del sistema solo se puede hacerse desde el sistema, por muy tocado que esté, este. Es más necesario que nunca hacer frente a esas redes clientelares, redes que se han ido tejiendo no con malas políticas públicas, sino con malos políticos públicos, apoyados por instituciones sobre las que han hecho su base, su sustentación, sus cimientos. Hay que  desmantelarlas, apartarlas del circuito, y hacer comprender a partidos y sindicatos que ahora mismo se encuentran al borde del abismo, que la tierra está crujiendo bajo sus pies anunciando la fractura de un modelo que es su propio ecosistema, y por supuesto también el nuestro, el de los ciudadan@s

Son las diez de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 17 grados.

Suárez : cuando los políticos eran humanos

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Decía un profesor de historia que tuve hace muchos años, que cuando los héroes mueren, inmediatamente vuelven a nacer como mitos. Suárez ha muerto después de pasar casi 12 años en manos del Alzheimer, pero me temo que solo estamos asistiendo a su muerte física, la muerte real, la verdadera muerte de Adolfo Suárez sucedió hace mucho más tiempo.

Hoy un desfile político esta pasando por delante de su féretro. El elogio continuo, el panegírico prudente, adecuado, medido en la loa y la alabanza… todos se apresuran a dejar caer palabras precisas y atentas hacia el finado, y respiran tranquilos por que la muerte también se ha llevado esa desmemoria, y la ingratitud de muchos, ahora esta cubierta por la pleitesía de una bandera, una guardia, y unas honras fúnebres.

La derecha nunca le supo agradecer, ni siquiera supo entender, que propiciase desde la propia derecha el cambio político. Porque eso del centro era un invento para envolver la habilísima e inteligente estrategia de ese hombre de propiciar el transito a la democracia desde posiciones conservadoras. Para nadie es un secreto que Adolfo Suárez era un político de perfil conservador y católico, y que entendió desde el primer momento que eso que llamamos la transición, tenía que venir desde dentro del sistema, para que no se dañara, entre otras cosas, algo tan primordial como la monarquía, o mejor dicho la posibilidad de reinar de Juan Carlos I, o que se rompieran las relaciones con el Vaticano. El lo vio claro y nítido, tanto que se lanzo, sin eso que se lleva tanto en política, lo de nadar y guardar la ropa, hacia un camino tremendamente complicado y lleno de palos en las ruedas, pero con una convicción clarísima. Ese era el camino, para lo que contó, por supuesto, con la ayuda del Rey, pues el monarca, también estaba implicado, tanto, como que en ello iba su propia supervivencia como Rey, en la aventura de cambiar las cosas en nuestro país, y llevarnos hasta una monarquía constitucional y democrática, sin que la izquierda pudiera hacer o deshacer en ese proceso, cambiando radicalmente la situación y llevando ese cambio por otros derroteros, mas favorables hacia sus tesis.

La izquierda, tampoco pudo perdonarle, que le quitara el caramelo de apuntarse el tanto de cambiar España, de hecho tanto a Felipe Gonzalez, como a Santiago Carrillo los situo en el tablero, como meros peones, que o avanzaban en la dirección del Rey, o serían sacrificados en la partida. La legalización de los partidos que representaban los dos lideres de la izquierda fueron medidas tranquilamente por Suárez, calculando siempre los tiempos, y acotando los riesgos, no los riesgos que pudieran venir desde la derecha más reaccionaria, que también los había, sino los que podían llegar desde la propia izquierda, agotando los plazos y dejándolos a ambos dos abocados, a jugar su partida, a colaborar con su plan, e incluso a hacerlos cómplices hasta las primeras elecciones. No se Carrillo, pero desde luego Felipe y el PSOE, no encajaron nunca esta jugada, y en cuanto hubo oportunidad, “le dieron hasta en el carnet de identidad”, sometiendo a Suárez y a su gobierno a un acoso, del que podemos dar fe por los periódicos de la época, y por los diarios de sesiones del congreso.

Y mientras todo esto sucedía, y la derecha oficial, se llevaba las manos a la cabeza, desbarrando sobre el “amateurismo” del primer gobierno de Suárez – un gobierno de PNN, dijeron – o lanzando diatribas grandilocuentes – Que error, que inmenso error, de Ricardo de la Cierva, al que luego por cierto hizo asesor- Suárez iba poco a poco avanzando hacia el hecho más importante que ha sucedido en la reciente historia de España, creando incluso un instrumento más, la UCD, para que el hecho llegara a buen fin.
Sin embargo, como escribía unas lineas más arriba, Suárez no supo guardar la ropa, tal vez nunca pensó, que llevando entre manos una tarea tan insigne como la de la restauración democrática en nuestro país, alguien pudiera pensar en borrarle de un plumazo, y sacarle del tablero de ese ajedrez tan “suigeneris”, que el mismo había inventado. Lo que no sabia Suárez, es que el nunca fue el alfil, ni la torre, ni la reina, ni un peón, ni un caballo. En ese juego el era una ficha imaginaria, una inexistente figurita de marfil, que tiraba de todas, pero que una vez que el juego empezará, ya no sería necesario.

Y así fue, sus compañeros de partido, que eran solo eso compañeros de partido, porque Suárez no tenía amigos entre ellos, amigos personales me refiero, que el venia de un mundo muy distinto al de Fernando Abril o Joaquin Garrigues o Fernandez Ordoñez, no solo le dieron la espalda para quitarle de en medio, y quedarse ellos con las ganancias de tan arriesgada apuesta, el Rey… el Rey ya estaba donde tenía que estar, y gustaba de nuevas amistades, y tampoco estaba dispuesto a correr demasiados riesgos para la “corona” apoyando al líder, que iba cayendo por días, con la inestimable ayuda de todos. La izquierda, aprovecho la coyuntura para ganar las elecciones, que una vez ganadas, demostraron que la eficacia de la estrategia de Suárez había sido la mejor, ya que ni abolieron la monarquía, ni salimos de la OTAN ( una de sus banderas durante las primeras campañas electorales), ni rompimos con el Vaticano, ni siquiera cambiaron los Pactos de la Moncloa, otra gran victoria económica y social de Suárez. El PSOE ganó las elecciones, Felipe fue presidente de gobierno, con eso se legitimó el transito, pero no se dio un paso más.

Por supuesto, la caverna y los militares mas reaccionarios, que algunos se la tenían jurada y bien jurada, como el caso de Armada, vieron el momento idóneo para, también, entrar e intentar coger lo que no era suyo. A punto estuvo Adolfo Suárez de romperles también el juguete a estos reaccionarios, cuando presento su dimisión, tras una llamada de el Rey, en la que le dejaba claro, que unos cuantos de esos militares, se habían presentado en La Zarzuela, mientras Juan Carlos I, andaba de cacería, y que tuvo que volver deprisa y corriendo, para reunirse con ellos y calmar los ánimos, eso si a cambio de la cabeza de Adolfo Suárez -… Siempre me he preguntado quien le abrió y dio paso a esos militares a la Zarzuela… y creo que me lo seguiré preguntando-.

Y Suárez presento la dimisión, una dimisión publica, en la que dejaba claro en su discurso de despedida el sacrificio que se le pedía, y que tiraba la toalla acosado desde todos los frentes, pero en especial… “Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea un paréntesis, una vez más en la historia de España”...

A partir de ese momento, todo cambió diametralmente para él, un hombre con un liderazgo carismático, un hombre hábil, y tremendamente pragmático, que constituye una figura, de momento inigualable, y que desde luego ningún líder posterior ha podido epatar o superar, y que fue por entonces, allá por el año 1981 del pasado siglo cuando se produjo su muerte real, si esa a la que me refería al principio. El conductor de la transición, el “arquitecto de la transición” como le han llamado algunos se fue diluyendo hasta desaparecer de la historia política reciente de nuestro país.

El contaba en una entrevista a ABC, que “no era su deseo pasar a la historia, aunque tal vez lo haga, por lo menos en alguna linea”. Quizás haya llegado el momento de recuperarle, y cuando se acaben los fastos mortuorios que hoy se viven en nuestro país, más de uno debería recuperar su memoria, la suya propia, la de Suarez, si esa que perdió por una enfermedad o quizás porque ya no podía más con la vida, y también la de todos, y dejarnos claro la importancia de su figura, la importancia de aquellos acontecimientos, y por supuesto la verdad de todo lo que pasó en ese tiempo, y desde luego reconocer, los unos y los otros, que sin su buen hacer, su habilidad, su ambición y su inteligencia ahora no estaríamos aquí, y muchos no estarían, tampoco, donde están y a donde han llegado, desde el “Primero” al último, aunque tal vez ese deseo mio, sea una pequeña estupidez sentimental, y que en la frialdad de la política actual, este de más, tener un rasgo tan “digno” como ese. La verdad es que, tengo suerte, yo asistí “en vivo y en directo” a un tiempo donde los políticos eran humanos… ahora también quedan, pero cada vez son menos, y Suárez es, y será siempre el espejo donde deban mirarse, un mito para nuestra democracia, que hasta en eso ha sido generoso, pues andábamos carentes de mitología en nuestra historia transitiva y democrática.
Son las ocho de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Suárez: cuando los políticos eran humanos DEP

Nota : El dibujo pertenece a la pagina http://www.fernandomartinezhernandez.com/galeria/pinturas