La Verdad, toda la verdad y nada más que la verdad o #Abalos en pijama

Lo de Ábalos crece como bola de nieve. Que contar la verdad por muy inverosímil que parezca es la mejor receta de comunicación no es una novedad, claro que hay ocasiones que es imposible contarla por todos los condicionantes, como parece que sucede en este caso, que rodean a la historia.

En cualquier caso lo menos que se puede hacer es construir una buena historia, y para eso nada mejor que un buen guionista. De eso, de momento, parece que no tienen en Moncloa y me temo que les está empezando a hacer mucha falta.

Las 7 versiones de Ábalos, que no es el título de una película, pero bien podría serlo, solo han añadido a la historia de La Dama y el Aeropuerto dos ingredientes peligrosísimos en situaciones como esta, que son a saber, imaginación y elucubración. Por separado son especialmente tóxicos pero ya juntos constituyen una mezcla tremendamente explosiva.

Como será la cosa, que ayer por la noche estaba yo acompañando a mi madre frente a la televisión cuando ella exclamó:

– ¡Y ese pobre hombre, allí en pijama, en mitad de la noche y en mitad de un aeropuerto, con ese frio! 

Levanté la cabeza del libro que leía en esos momentos para prestar atención a lo que estaba en pantalla. Allí estaba la foto de Ábalos  mientras que unos tertulianos comentaban el “incidente” de la vicepresidenta venezolana. Ni que decir tiene que se me cayeron las gafas a plomo por el comentario de mi madre.

Madre, que el ministro no estaba en pijama, vamos eso creo– exclamé.

Que vas a saber tu si estaba o no en pijama – dijo mi madre mientras le daba volumen a la tele – si le habían sacado de su casa a las dos de la mañana a toda prisa, el hombre estaría en pijama –

Yo no daba crédito a lo que estaba escuchando.

Pero vamos a ver, madre, pero … ¿ha dicho alguno de los tertulianos que estaba en pijama el ministro? – pregunté porque como últimamente la gente se inventa cosas sobre la marcha, no fuera a ser que alguno de los que asomaban por el televisor hubiera contado semejante estupidez.

No hija, pero esta mañana, mi amiga Pepa, que se ve todos los programas de la mañana, me ha puesto al cabo de la calle y me ha dicho que el ministro salió en pijama de su casa a toda prisa, y en el coche de un primo suyo, porque la señora esa venezolana se quería colar en España y hacerse refugiada, parece mentira que seas periodista, porque al final no te enteras de nada.

Yo ya en esos momentos tenía las cejas en la espalda y la boca para redondear galletas. Vamos alucinando en colores.

Vamos a ver, madre, que eso se lo ha inventado tu amiga

De eso nada –mi madre cuando coge carrerilla con algo no hay manera de pararla – y además me ha dicho la Pepa que ha visto en el ordenador (mi madre a internet le llama el ordenador) que el pobre lo paso fatal, que la señora esa se le escapo por el aeropuerto y tuvo que ir tras ella corriendo por la pista y las terminales. Pobre hombre, lo que debió pasar esa noche. Bueno y me ha contado más cosas

Pues nada madre, cuénteme a ver si así me informo– añadí rindiéndome porque se la veía emocionadísima, dándome la primicia.

Pues mira, hija, que sepas que la Pepa ha oído que ningún ministro quiso a ir a por la venezolana y que el de interior ese que es vasco (supuse que se refería a Marlaskano quiso ni levantarse de la cama, ¡Menudo vago!, y le mando a él, al pobrecillo, y que ahora encima le quieren echar del gobierno, que el Iván ese, el que se ha puesto el pelo en Turquía, no le deja ya ni hablar ni ir a ningún sitio. Y que el guapo (mi madre se refiere a Pedro Sánchez como el guapo) ni le habla, y fíjate, fíjate, que, hasta una ministra que salió por la radio esta mañana ha dicho que no le preguntaran por él, haciendo como si no lo conociera, hija me hago las cruces, que malos compañeros

Pero, madre, insisto, eso no es verdad – dije haciendo un último esfuerzo por convencerla de que todo ese relato era fruto de eso tan peligroso que antes he mencionado: elucubraciones e imaginación.

Pues no insistas, que no te enteras, si hasta él mismo lo ha declarado un montón de veces en la tele ya, que Tomas (Tomas es el portero de su casa) también está al tanto, y me ha contado que él pobre Ábalos se ha defendido como ha podido, que le ha oído decir que al él no lo echa nadie. Hija que injusticia, encima que fue en pijama hasta Barajas. Si es que no te enteras de nada, mañana cuando vuelvas dile a Tomas que te cuente, que tiene un primo que trabaja en la T4 en el turno de noche, y lo vio todo, todito, todo, que la arpía esa venía en una avión falcón de esos, como el del guapo, con un ministro con gorra, y le tuvieron que abrir hasta las tiendas a la venezolana para que se comprara un esmalte y un cortaúñas, que se lo había dejado en Caracas. Menuda bruja, y que Ábalos detrás de ella “parriba” y “pabajo”, y dice también el primo de Tomas, que se comió todo lo que había en el vending de la sala VIP, y que Abalos tuvo que pedir suelto para echar en la máquina

En fin, que no merece la pena seguir relatando la “primicia” de mi madre, sobre todo porque hubo ya un momento en el que desconecte, con la cabeza dándome vueltas como un giroscopio, y encima mi madre estaba poniendo tanto entusiasmo en el “chisme” que temí, por un momento, que le diera una subida de tensión.

Como ven, nada mejor que decir la verdad, solo una vez no hace falta más, para que no corran como la pólvora historias e historietas que según se van relatando, se van llenado de añadidos y ampliaciones, y más en política, y más en esta política.

Ni que decir tiene que mi madre me ha llamado esta mañana al trabajo para darme nuevos datos. No les voy a molestar con ellos porque esto se me está haciendo muy largo, y que, desde luego, aunque a mí y alguno de ustedes les parezcan inverosímiles, falaces y tremendistas hay mucha gente que se los cree a pie juntillas. Anda que no somos los españoles buenos inventando, vamos insuperables. Y nos gusta una historia como esta más que a un niño, un caramelo. A los hechos me remito.

Son las seis de la tarde. Llueve ligeramente en Madrid, y la temperatura exterior es de 12 grados. La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad #Abalos en pijama

En Moncloa hay un tal Iván …

Repasando papelillos antiguos me he encontrado con la campaña de Albiol: “Limpiando Badalona”, que como saben no se refería precisamente al barrido de las calles ¿Saben quien hizo esa campaña? Iván Redondo, hoy asesor de Pedro Sánchez en Moncloa…

Contratar empresas de marketing político para las campañas electorales viene siendo una práctica habitual. En efecto, es interesante, si el partido puede permitírselo tener expertos que ayuden a organizar las estrategias, a generar tendencias, a evaluar las encuestas, incluso a temas de imagen que conecten más y mejor a las ideas de esos partidos con los ciudadanos. Hasta ahí todo va bien, pero ahora, en el caso de Pedro Sánchez y su llegada a La Moncloa, estamos asistiendo a algo muy distinto.

Iván Redondo, director del gabinete en Moncloa de Pedro Sánchez, no solo tiene un perfil como experto en marketing político, sino que además tiene un perfil político demasiado alejado del ideario socialista que se supone que Pedro Sánchez va a llevar a cabo en su tiempo como presidente de la nación. Por supuesto todo el mundo es libre de cambiar de ideas, pero hay temas que van más allá de esos cambios de criterio político.

Muchos criticamos duramente a Albiol sobre la campaña “Limpiar Badalona”. Desde luego fue una operación xenófoba y racista que levantó ampollas, con un vídeo en  el que se relacionaba la inmigración en Badalona con la inseguridad ciudadana, y que, a pesar de llevarle a ganar la alcaldía, le pasó más adelante una factura durísima. Albiol quedó marcado para siempre, cómo no, por el racismo que desprendían esas palabras. Esa campaña la diseñó de principio a fin, Iván Redondo, sin importarle demasiado las consecuencias o lo que se desprendía de ella.  ¿Saben? No se puede vender a un político como a un detergente, y Redondo, sin valorar que el carpe diem de llegar a la alcaldía de su cliente le iba a traer unas consecuencias funestas para “su producto”, y sin importarle que la campaña destilara hostilidad, rechazo y odio la puso en marcha, además se vanaglorió de ello y la apuntó como un triunfo en su curriculum.

En política hay que ir más allá de vender o colocar candidatos en presidencias. No todo vale para llegar al poder. Un líder político representa un ideario, un programa político votado y consensuado por todos los militantes del partido, y dudo mucho que a los militantes del PSOE les haga mucha gracia que un tipo que montó una campaña xenófoba hace poco tiempo se siente ahora en Moncloa para asesorar al Presidente de su partido. Claro que más allá de las fronteras de los partidos estamos los ciudadanos, que vemos con escepticismo como Pedro Sánchez puede ahora “vestirse” con la llegada del Aquarius a Valencia, mientras sienta su diestra a Redondo, en cuyo historial aflora la xenofobia y la discriminación.

¿Saben? Lo de Maxim Huerta me parece pecata minuta comparado con esto, pero así se escribe la historia, Maxim está en la calle mientras Iván a día de hoy se pasea por el Salón de Columnas diciendo a todo el mundo lo que tiene o no tiene que hacer. No descarto verle de ministro, aunque jamás pensé que lo sería por el PSOE. Me equivocaba…

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 26 grados. En Moncloa hay un tal Ivan …