Másteres, Místicas y Crianzas

Con tanto máster y no máster se nos están pasando frases memorables como la de Marta Rovira, que en una entrevista desde Suiza, decía ayer que “en Barcelona vivía en una prisión interior”… el cuerpo místico de Rovira… vamos como Santa Teresa en sus mejores momentos. El dislate que no cesa. Torrent, el especialista en desconvocar investiduras, el “desinvestidor” de futuros imposibles investidos, desconvoca de nuevo. Yo ya había hecho planes porque Torrent empieza a ser previsible en sus “espantas”. A él no le van a hacer pasar por la trena ni por las Salesas, vamos faltaría más. Eso si, como tira con pólvora del rey, y es un campeón en ocurrencias, dice que el Parlament se va a querellar contra el Juez Llarena – no tengo en Word el emonji de “me muero de risa” que si no lo ponía- De chocarrerías en chocarrerías hasta el infinito y más allá.

Y mientras tanto en el planeta de los “máster” al otro lado de la galaxia, el patio se revuelve. En ese ínterin, esperamos una “masteroctomía”, – hecho por el cual se extirpa un máster falso a un político o una política- , la del máster que lleva incrustado con calzador Cristina Cifuentes, y su posterior cese en clave mariana – es decir sangrarlos hasta el final, mientras el fuma su puro y lee el Marca-. Y también, presenciamos  un levantamiento de zombis, que saliendo de lúgubres cementerios portan prueba de falsos títulos, falsos másteres, falsas carreras de una infinidad de políticos que huyen despavoridos por las calles desiertas de sus partidos, cuál escena de The Walking Dead.

Y como la cosa se pone en clave electoral en Madrid, bien porque la Cifuentes puede coger el cesto de las chufas, y al grito de “Madrid no me la quita nadie, me la quito yo sola”, disuelve la cámara autonómica, o bien, porque se materialice esa moción de censura que no quiere nadie, pero a la que todos se agarran como un clavo ardiendo, lo mismo  las cosas se precipitan y Podemos tiene que entrar también en el juego. Es entonces cuando Errejón tira el chupete, lanzándolo a la cara de su “padre político”, Pablo Iglesias – ¿Serán celos por los gemelos en camino? – y dice eso de “no sin mis amigos y las listas las hago yo”, mientras Iglesias, que ya va entrenando para lo de la paternidad, le encara, y le dice la frase tan manida, en un ejercicio de la paternidad del siglo pasado: “ Chaval, ni media tontería” … que tierno es todo … que bonita es la crianza.

Lo cierto es que esta semana acaba en un tono de “sálvese quien pueda” aunque no todos están en un brete. Me dicen que han visto a Albert Rivera sentado en su sillón, mirando con una media sonrisa hacia esa ventana por la que se ve todo el panorama político, acariciando su gato mientras el sol sale, que no para todos, y tiene un tono tremendamente naranja.

Son las nueve y cuarto de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 8 grados. Másteres, Místicas y Crianzas.

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Populismo no es Democracia #Podemos

demagogia-dibujo

Cuando en un país la falta de ideologías se hace cada vez más patente, algunos partidos políticos se basan en las cuentas de resultados: un voto = un euro, y el único horizonte es solo conseguir el poder. Entonces es cuando los resortes del sistema democrático se resienten, y se deja paso a eso que todos conocemos como el populismo. La sonrisa amplia y el tirar “palante” se convierten en algo prioritario, cuando detrás no hay nada, ni nadie, y solo quedan ya mecanismos de pactos y componendas, para mantener situaciones dominantes o llegar a ellas.

Nunca, que yo recuerde, ha habido ningún régimen populista que haya conseguido, o que de veras lo pretendiera, poner remedio a la injusticia, mejorar la vida de los más desfavorecidos, acabar con la pobreza, remediar la miseria tanto económica como cultural. Ningún sistema político populista ha promovido una verdadera educación, orientada a fomentar el pensamiento crítico, a erradicar las formas de pensar acientíficas, supersticiosas, o las diversas formas de fanatismo.  En un régimen populista lo que menos interesa son los derechos de las personas, les despreocupan los intereses de la gente corriente, y por supuesto les importa un bledo la salud de las instituciones “democráticas”, la participación ciudadana, y toda la retahíla con la que adornan sus discursos vacíos.

En los regímenes populistas nunca falta el caudillismo, el culto al jefe; el partido se construye en base a una figura providencial, una figura carismática, al que la nación, la comunidad “le debe todo”… En la historia hay una larguísima lista de ellos. El líder populista, aparte de ser muy ocurrente y dicharachero, suele ser un demagogo, que miente, halaga, caricaturiza, criminaliza, “moraliza”, o desacredita según le convenga.

Un demagogo es “alguien que le dice cosas falsas a gente que considera idiotas” (Mencken, periodista, crítico social y librepensador norteamericano). Engatusa al personal con actitudes cautivadoras como besar a niños, darse “baños de multitud”, tomar botellines de cerveza, visitar hasta el último lugar del mapa, abrazar a indigentes y desconocidos, y sobre todo prometer maravillas. Por otro lado, es obligado que sea agresivo, hiriente, sarcástico, sin contemplaciones ni concesiones con aquellos a quienes sus seguidores consideran que hay que aborrecer, por ser considerados “el enemigo”, “los otros”… llegando incluso al extremo de encender el fuego del odio, y de la “crispación”…

No hay régimen populista que tolere la libertad de prensa o la libre expresión. Los medios de comunicación solo son consentidos, cuando son aduladores del partido del régimen, del jefe…. y se censura, cuantas ocasiones lo creen necesario y de múltiples maneras, a periodistas y medios.

Los presupuestos siempre son manipulados con arbitrariedad. Los controles son silenciados o ninguneados. El modelo populista identifica fondos del Estado con fondos del gobierno o -peor aún- fondos de quien tiene la vara de mando. Los usa a discreción para someter a opositores, comprar voluntades y hacerse auto bombo. No escatiman en gastos a la hora de transitar por el camino del narcisismo-absolutista. Para los regímenes populistas no hay limitaciones ni medidas fiscalizadoras o que fomenten la mínima transparencia en la gestión de la cosa pública, solo se admiten “observatorios inoperantes y laudatorios”, nada de instituciones independientes, llámense tribunales de cuentas, defensores del pueblo, o cuestiones semejantes.

También es característico de este tipo de régimen político su total desprecio hacia el orden legal. Igual que en las monarquías absolutistas y a la manera de los caudillos “dueños de vidas y haciendas de sus súbditos”, la ley es apenas un traje que se ajusta a gusto y medida.
Ni qué decir tiene que el régimen populista no acepta la alternancia, procura por todos los medios a su alcance perpetuarse en el poder, su ideal es la reelección ilimitada, la presidencia vitalicia, quizás incluso hereditaria.

Todo lo anterior está aderezado con una buena dosis de “pensamiento Alicia”. La constante propaganda de que se está avanzando hacia un futuro maravilloso, de dicha, de felicidad, de equidad nunca vistos. Lo mismo que un ilusionista, que crea un escenario impresionante, que sólo es perceptible desde un determinado ángulo. Es un espejismo que se publicita de manera machacona, hasta la saciedad. Repetir que se han logrado resultados notables desde que ellos gobiernan, y que nos espera un futuro aún mejor, no deja de confundir, “convencer” y tener realmente un efecto anestésico en los ciudadanos; o como poco siembra la resignación, la aceptación de mediocridad imperante como algo soportable.

El caudillismo, el culto a la personalidad en torno a lo cual gira casi todo, la carencia de controles institucionales de cualquier clase, la inseguridad jurídica, la ausencia de visión de futuro, de previsión, de planificación, la cada vez mayor crispación y el objetivo de mantenerse en el poder a toda costa impiden cualquier posibilidad de progreso real. Con semejante clima no se pueden esperar inversiones propiamente dichas, ni ningún tipo de acción emprendedora, ni nada que se le parezca.

Los regímenes democráticos no populistas, – aunque creo firmemente que el populismo y la democracia son términos contrapuestos, pero de alguna manera tendré que ponerle nombre a este engendro sobre el que estoy escribiendo esta noche- propiamente dichos no participan de la ristra de corrupciones mencionadas a lo largo de este escrito. No practican el personalismo narcotizante, anestésico, no manipulan los medios de comunicación, no usan de forma arbitraria el presupuesto, no alientan el odio, no desprecian la legalidad vigente, no boicotean la seguridad jurídica, no temen la alternancia, no descalifican a la oposición, no espantan las inversiones, sino que las reciben con los brazos abiertos, se abren al comercio exterior y no distorsionan las estadísticas para engañar a la ciudadanía. Los regímenes democráticos no populistas, poseen un mayor nivel de bienestar y de crecimiento, son previsibles e infunden confianza.

A partir de ahora habrá que tener mucho cuidado con el giro que den las cosas, las cosas de la política, me refiero, de aquí a unos meses. Hay que cuidar de la casa, de esta casa, que algunos, los que tenemos ya unos años, nos ha costado mucho llevar a cabo. Hay una historia detrás de todo esto, de hombres y mujeres, que se han dejado la piel, la vida, incluso las ilusiones, en poner en marcha un sistema democrático limpio. Años de lucha que no pueden convertirse en un sistema basura donde lo importante es conseguir, y luego perpetuarse en el poder cueste lo que cueste.

Soy de las que sigue creyendo en las ideas y en las ideologías, y entiendo que lo importante para la ciudadanía, no es precisamente que este el PSOE, o el PP, u otros en el poder, por más simpatías o antipatías que sienta hacia cualquiera de estas formaciones. Lo importante, lo vital es que esté quien esté, gobierne quien gobierne, mantenga la esencia de la libertad y del sistema democrático – por el que como dije antes luchamos durante años-, y que este no se debilite, ni se deteriore. Por eso habrá que prestar especial atención hacia los que hacen y deshacen, no vaya a ser que, en ese afán del poder por el poder, se rompa todo aquello en lo que creemos muchos y que es una garantía de libertad y convivencia.

Algunos piensan que ciertos regímenes de apariencia, solo de apariencia democrática, se puedan maquillar con urnas y votos, y que la palabra libertad se pueda usar como quien usa un klenex . Otros vemos claro, sin necesidad de limpiarnos los anteojos. Cuando todo se reduce a ganar sea cual sea el precio, aunque al final terminemos cayendo todos en esta apuesta infinita por hacer prevalecer personalismos, seguridades y sillones, la libertad se debilita, tanto que puede llegar a desvanecerse. Por eso conviene recordar lo que una vez dijo Benjamín Franklin :“Aquellos que son capaces de ceder la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad.”

Son las once de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. A veces tengo la sensación de estar recorriendo un desierto en un caballo sin nombre

El Elector Desencantado #Pactos #Gente

Gente

No hay mejor termómetro social que tomar café en un bar y escuchar lo que dice la gente que te rodea.

Como todas las mañanas paro a tomarme ese cafelito de máquina, que es lo que más me pone para arrancar el día, y mientras lo hago, repaso algún periódico – el que me dan en el local – y escucho, si escucho lo que dicen unos y otras.

La verdad es que lo que se puede oír a los parroquianos habituales es verdaderamente desolador. La palabra que más flota en el ambiente es corrupción, que todos mencionan asociada a gestos de indignación, pero además teñida de tonos de escepticismo. Si, las noticias sobre corrupción alarman, molestan, cabrean, pero, aunque la gente la identifica con un determinado partido, la consecuencia es que al final de esas conversaciones lo que queda es eso de “todos son iguales”. Cuanto más suena el ruido de la corrupción más y más se deteriora la imagen de la clase política, y como consecuencia el sistema. Hay muy pocos corruptos en la trena, y, sobre todo, y es lo que a la gente más le molesta, se han llevado el dinero, no lo van a devolver nunca, y en breve estarán en la calle.  Me temo que la mayor parte de los políticos nos son conscientes, que ese ejercicio de lanzamiento de barro de unos contra otros, está dejando a los pies de los caballos la imagen general del sistema democrático.

Lo siguiente que se puede percibir de esas conversaciones es el desencanto y el descontento. Esta dinámica tan desordenada y tan desconcertante de los posibles pactos han dejado al votante fuera de juego. Se han dado cuenta de que ya no pintan nada, y que, si vuelve a haber elecciones en unos meses, serán de nuevo utilizados, para luego una vez recogido su voto, lanzados al cajón de los juguetes rotos, o a la papelera de reciclaje.

Los votantes del PP están abochornados por los ríos de mierda y de codicia que corren por las venas de su partido. Los votantes del PSOE, apenas si llegan a comprender, porque su partido se sienta a negociar con aquellos que le humillan y le insultan cada día. Decía un señor esta mañana, con un cabreo más que manifiesto: “Si yo hubiera querido votar al de la coleta, lo hubiera hecho, pero he votado a Sánchez, que pensaba que no tenía nada que ver con esa gente”. Los votantes de Ciudadanos también andan perdidos. Toda su campaña ha sido proyectada sobre la regeneración, sobre el cambio, y el resultado es el apoyo al PSOE, de momento, o tal vez, después al PP, que representan para esos votantes lo viejo, lo que no debe ser, lo que debe mutar, lo que debe regenerarse. Y luego está Podemos. Esta formación tiene mucho más cerca a sus votantes que el resto de los partidos por la estructura de círculos que han ido conformando en su creación, y desde luego lo hace más vulnerable. Los líderes de Podemos no han jugado el rol de líder al uso, al modo tradicional, se suponía que eran uno más, meros interlocutores de la gente, y ahora se encuentran con líderes entronizados por ellos mismos, que se sientan con el establishment para conseguir ministerios para sus amigos y familiares. Han formado lo que sus votantes tanto detestaban: una casta, una clase al margen del votante. Para muchos de sus electores han quedado vacías esas palabras de Pablo Iglesias: “Nosotros solo gobernaremos si tenemos mayoría absoluta”. Que lejos queda ya el espíritu del 15M

Y lo que es peor, todos, se han lanzado a los medios a decir NADA, con ruedas de prensa en horarios leoninos,  llenas de palabrería vacua, con el espíritu de “Vuelva Usted Mañana”, y eso si a contar lo buenos que son ellos y lo malos que son los otros, como si siguieran en campaña electoral, haciendo promesas que ya sabemos que nunca van a cumplir y con mucho postureo, que eso si que lo han aprendido bien.  Pero a la vez que abren el enfrentamiento, al que pretenden arrastrarnos,también se sientan a negociar con aquellos que momentos antes han puesto de vuelta y media.

En el bar, hoy, hay hartura y lejanía, cada vez más de lo que representan políticos y políticas de nuestro país, y no me equivoco mucho si avanzo, que si hay nuevas elecciones, la abstención va a ser mucho más que elevada.

Este tiovivo enloquecido en el que se ha montado la clase política y acompañada, por cierto, de nosotros, los medios de comunicación, es incomprensible para el ciudadano, para la gente, que a su trabajo acude, el que lo tiene y con su dinero paga, que después de ese café mañanero tiene que resolver miles de problemas para seguir adelante, y miran ya con mucho escepticismo y desagrado, a unos cuantos que se les ve mucho y de lejos una ambición desmesurada, y poco, prácticamente nada, el servicio público, que les encomendó, los que en teoría mandan: el pueblo, la gente, los ciudadanos, las personas.

Como decía una señora hace un rato: “Administren y no enreden, que para eso se les paga, que cada vez nos salen más caros”

Son las diez menos cuarto de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 7 grados. El Elector Desencantado.

 

Almax para Políticos

tragar

Una de las cosas más difíciles de digerir son las palabras. Si, las propias, las dichas cuando no se debe, como no se debe, a quien no se debe y donde no se debe. En los próximos días creo, que vamos a asistir a una buena dosis de políticos que van a tragarse eso, exactamente, sus propias palabras, de golpe y a penas sin masticar.

De hecho, últimamente ya conocemos casos de auto ingestión de vocablos, y hay que advertir que estos atracones de expresiones son tremendamente pesados a la larga. La verborrea chulesca y jactante termina produciendo digestiones molestas. Recomiendo pues, para una mejor digestión y evitar males mayores, almax para políticos. No sé si lo han inventado, pero si no lo han hecho, el que lo descubra se forra con la patente.

Son las seis menos cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 11 grados.

#Podemos #Jacobinos del siglo XXI

La práctica siempre es la misma. Te señalan y luego, si estás bajo su bota, si pueden, te eliminan, te escrachan, te desacreditan y se mofan.  Cuidado con llevarles la contraria, con contar algo que no les guste, con hablar de verdades incomodas que les molesten. Los Jacobinos exclamaban Liberté, égalité, fraternite al compás de las guillotinas accionadas por Robespierre. La realidad solo es la suya, y tienes que acatarla y callar para seguir “viviendo”.

Esa es la filosofía que ejerce #Podemos #Jacobinos del siglo XXI y cito un fragmento de un artículo de Pablo Iglesias en Publico, de 12 de Enero de 2013:

“Decía Robespierre que no hay que probar que el Rey haya cometido ningún delito; su mera existencia es en sí misma un crimen. Si algo está demostrando la llamada crisis financiera internacional es que lo que valía para el Rey en los tiempos de la Revolución francesa, vale hoy para el capitalismo”

Les dejo con este vídeo tan “ilustrativo” del pensamiento de Pablo Iglesias #Podemos,  que concluye de esta manera: “cuántos horrores nos habríamos evitado los españoles de haber contado a tiempo con los instrumentos de la justicia democrática”.

No sé que más tiene que pensar Pedro Sánchez…

Son las ocho de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 8 grados…

Operación Lampedusa #PactoDeGobierno

gatopardo

Todo tiene que cambiar para que nada cambie. Más o menos eso es lo que escribía Lampedusa en Il Gattopardo. Y es que para mantener este país sin que se desdibuje, fruto de experimentos que algunos están dispuestos a practicar en el laboratorio ibérico, con eso que se denomina cobayas humanas, es decir, nosotr@s, hacen falta unas cuantas modificaciones de la realidad cotidiana, hoy totalmente encallada por el empecinamiento de alguno, la conveniencia de otro, y el oportunismo de él de más allá.

Ese cuadro que hemos pintado los electores no es fácil de colgar en la pared, pero, si o si, habrá que terminar buscándole sitio, donde destaque, al que miremos tod@s para poder seguir adelante cada día, y es obvio que no podemos romper ni la pared, ni la casa, para que el cuadro perviva y se luzca. Sin la casa los cuadros tienen poca utilidad, salvo los desvanes de otros.

Así que los que aun quieren mantener la casa en pie tienen la obligación de entenderse, y buscar en que habitación colocar la obra, porque además, tod@s sabemos que no solo es el cuadro, sino que la casa necesita también algunos arreglos,  incluso estructurales. Son muchos años sin apenas darle una manita de pintura.

Claro que luego están los que no solo, no ven el cuadro como una obra de arte, sino que lo consideran prescindible,  y que además quieren tirar la casa abajo, para dejar en su lugar, probablemente, una tienda de campaña.

Después de jugar con este símil de la casa, que es bastante sencillo para entender que es lo que sucede ahora en España, la verdad es que necesitamos una situación estable, donde se garantice la pervivencia de la Corona, que ha dado estabilidad durante muchos años a este país, una reforma de la constitución -dentro del marco democrático-  que encaje la nueva realidad de los distintos territorios, una reforma de la ley electoral y algún que otro retoque más para que nada de lo esencial cambie, y sin embargo cambie todo lo que se ha quedado obsoleto.

Para esto, de momento hay gente que sobra y gente que falta.

¿Quién está de más?: Podemos.

La formación morada no cree ni por asomo en la libertad, en la igualdad, en la Constitución,  no cree, tampoco, en el sistema democrático, y está muy alejada, aunque alguien no lo crea, del socialismo. Su doctrina está pegada, o mejor dicho, inmersa en la revolución, en el anarquismo, y en eso que tan bien los define: en ser anti sistema, y representa, realmente, a muy pocos español@s. Ni siquiera una alianza con ellos es garantía en un posible pacto de gobierno, porque en su adn está el sistema asambleario y coyuntural, en el cual lo que diga su líder – si es que tienen un solo líder, que yo me permito dudarlo – puede cambiar y convertirse en lo contrario. El  ejemplo de Extremadura no puede ser más claro, donde a pesar del pacto con el PSOE, es posible que tiren abajo los presupuestos a Fernández Vara. Podemos y sus confluencias – como se dice ahora – no entienden de pactos, y si mucho de chantajes y rehenes.

Y ¿quiénes son los que deberían estar?: El Partido Socialista, el Partido Popular y Ciudadanos. Da igual quien gobierne de los tres. Hay diversas opciones y todas, creo que darían buen resultado, sobre todo para el menester de esta XI Legislatura -si es que al final sale adelante – que es reformar la Constitución y afianzar la Corona. Podría ser, que gobernara el PP con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE; o que la presidencia fuera para el PSOE con el apoyo  de Ciudadanos y la abstención del PP, o eso de lo que no quieren oír hablar ninguno de ellos, que es la coalición de los tres. En esos tres escenarios el Estado puede pervivir, puede avanzar, y pasado el sarampión de estos últimos meses, volveríamos a una situación estable, que independientemente de las marcas políticas, es lo que el ciudadan@ demanda.

No sé si se han percatado pero es su primera y primordial obligación. Y si no afinan ahora, dejando a un lado los egos, los puestos, los sillones y demás accesorios que acompañan siempre al poder, pueden colaborar a romper esa casa de la que hablaba antes, y entonces no habrá sitio ya para colgar ese cuadro, y ni siquiera tendremos los ciudadan@s la oportunidad de pintar otro.

Son las siete y media de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 6 grados. Operación Lampedusa