Agencias Electorales

Dice mi amiga #laLiber que los partidos políticos han perdido su esencia para convertirse en agencias electorales. Qué gran verdad. Y ahora se ven perdidos, porque la falta de ideología a  la hora de defender una idea u otra les hace incapaces de sacar adelante sus proyectos, y lo que es peor, están perdiendo, como consecuencia la capacidad de comunicar al ciudadano porque o porque no se hacen las cosas.

Tirar la herramienta ideológica a la basura como han hecho todos, porque de momento ninguno se salva,  desde luego no les favorece. Ya sé que el trabajo de salir de la crisis contribuyó a este hecho, y que desde el luego pintaban bastos en la economía. Si, entonces, había que hacer algunas concesiones para poder salir adelante, pero de ahí a perder toda la sustancia y la identidad de cada una de las formaciones políticas de nuestro país va un trecho. Es más de la crisis ya hemos salido de una manera u otra, y los partidos siguen utilizando esta estrategia.

La coyunturalidad con la que las distintas formaciones políticas de nuestro país defienden una idea y la contraria, un pacto con unos o con otros sin importarles lo mas mínimo quien es quien, y que defiende cada quien, hace que los ciudadanos vean con tremendo escepticismo a los líderes. Tal vez por eso reciben tan malas notas en el CIS.

Cuando se pierde la idea y el pensamiento político que sustenta una opción, o un partido en este caso, el ciudadano lo que percibe es que lo que busca el político en ese momento, es el poder por el poder, sin el menor atisbo de intención de servicio público, y con unas connotaciones de ambiciones personales que producen rechazo en el votante, que se pregunta ya en muchas ocasiones ¿Estoy votando a una persona para que mantenga su silla o estoy votando un  modelo de sociedad que me interesa?

Esta duda empieza a ser generalizada y no lleva a nada bueno. De hecho la esencia de la democracia no son las personas que detentan el poder delegado por el pueblo, sino la posibilidad de que todas las opciones políticas con sus modelos de sociedad correspondiente tengan su sitio y su oportunidad.

Todos los días estamos recibiendo impactos informativos relatados sobre esta manera de obrar, y no puedo encontrar en estos momentos ningún partido político que no esté jugando a este juego tan peligroso, que deja al margen los intereses de los ciudadanos para que primen los intereses de las personas que ocupan un determinado puesto o pretenden ocuparlo.

Es un riesgo para la democracia andar con estas artimañas, porque cuando el ciudadano deja de entender que el sistema democrático defiende su modelo de sociedad y sus intereses, y empieza a pensar que esto que ha costado tantos años conseguir, solo sirve para los intereses de unos pocos, es cuando empieza a encontrar el terreno abonado el populismo, el fascismo, y todo aquello que existe al margen de la vida democrática. No lo digo yo, que lo dice la historia, que raras veces se equivoca.

Tal vez toda esta nube de políticos y políticas, y sus satélites que pululan por las instituciones deberían pararse a pensar que, o empiezan a trabajar en sustancia ideológica, cada uno la suya, o a la postre esas agencias electorales antes llamadas partidos tienen los días contados. Lo que viene después, que vendrá si nadie lo remedia, es la involución vestida de populismo cuyo recorrido no quiero ni pensar en conocerlo.

Es la una y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 24 grados. Agencias Electorales

Viven Solas y Mueren Solas #ViolenciaMachista #Mujeres

violencia machista

Las entierran en silencio, en la soledad. Apenas un puñado de familiares y amigos, o algunos vecinos del pueblo… como mucho, tal vez, algún alcalde o concejales. Nadie del gobierno, nadie de la oposición,  ningún líder de esos partidos que escriben, a vuela pluma, un tuit o un comunicado de 5 líneas de condena. Solas.

El 70 % de la violencia contra las mujeres en nuestro país no se denuncia ¿Sabéis porque? Porque están solas frente a la sociedad y aquellos que nos representan. Viven solas y mueren solas.

Son las diez y media de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 16 grados. Viven solas y Mueren Solas

 

Foto de Brais Lorenzo : Amigos y allegados a Isabel Fuentes, con lazos contra la violencia de género en el velatorio

Las elecciones se ganan por partes y en equipo

Las cosas cambian, que le vamos a hacer. Y lo que ayer era eficaz y útil, hoy ya no lo es. Esto se lo deberían meter en la cabeza,  aquellos que diseñan las estrategias políticas de los partidos, porque ahora las elecciones se ganan por partes, que van desde partes pequeñitas y locales, hasta otras más grandes, y donde la visibilización y el liderazgo es múltiple. Ni siquiera le está funcionando a Podemos, que a pesar de que arrancaba de una manera colaborativa y cogiendo el todo por las partes, según ha ido pasando el tiempo ha sucumbido al error de aglutinar los esfuerzos en un “líder”.

Al PSOE le sucede lo mismo. Parece que hay un interés desmedido en visibilizar a Pedro Sánchez, siguiendo el viejo modelo de crear un líder “carismático” al que todos van a seguir en un determinado momento, pero lo cierto es que la sociedad actual ya no demanda líderes de ese corte. En la era de la información y del conocimiento compartido, casi que un líder viene a ser un estorbo. Los ciudadanos sobre los que ahora se asienta la sociedad española tienen un nivel cultural y de información bastante aceptable, y también están suficientemente conectado para no tener que buscar a un individuo “único” que la pastoree, y al final cual “Sabrina hermosa” les salve.

La política es un dinosaurio que se mueve tremendamente despacio, y en esa cinética propia, no ha terminado de percibir como han cambiado los entornos, como ha evolucionado la sociedad y las personas que la forman. Los partidos políticos siguen gestionando capital humano conforme a los postulados del pasado siglo. Trabajan como hace 50 años sin apenas percibir que ya nada se mueve así. Hasta las grandes corporaciones empresariales están entrando en el cambio, mientras ellos siguen dándole vueltas a viejas fórmulas que cada vez los distancian más de la realidad de las personas. De hecho si ponemos atención nos daremos cuenta que muchos políticos y sus partidos ponen en funcionamiento eso que llaman innovación acerándose a medios sociales, a redes sociales, a proyectos colaborativos, pero no lo hacen por convencimiento, y desde luego desconocen en la mayoría de los casos que es lo que supone esa innovación. Lo hacen por puro mimetismo, porque alguien les ha dicho que tienen que “estar ahí”, pero la realidad es que van dando palos de ciego, sin saber exactamente cuál es la verdadera razón, y por supuesto lo hacen mal y sin ningún criterio, o aplicando criterios para afianzar ese concepto antiguo de liderazgo, usando nuevas herramientas que desde luego poco casan con el fin de ellas, y no terminan sirviéndoles para nada.

A todo esto además hay que añadir que al no entender los entornos colaborativos, el liderazgo compartido y repartido, y las herramientas tecnologías con las que se debe trabajar, aparece un factor determinante que lo suele frenar todo, que es el miedo. Les aterroriza que las redes sociales amplifiquen sus errores. Miedo a la pérdida de control sobre los ciudadanos. Miedo a que tanta información repartida deje al descubierto sus más íntimos secretos. Miedo a no saber cómo reaccionar en un momento determinado usando las redes sociales. Miedo en definitiva a que otros conozcan tanto como ellos. La información es poder, y antes esa información estaba precisamente concentrada en el líder, ahora ya no sucede eso, ahora la información está muy repartida, y por tanto ese poder también se reparte.

El caso es que se avecina año electoral, el primer año electoral en el que todo esto que os cuento se va a materializar en gran medida por parte de los ciudadanos, y en menor medida por parte de los políticos. Esa falta de sintonía puede dar más de un susto a algunos, y generar resultados insospechados. El proceso de este cambio político se ha materializado entre los ciudadanos, a los hechos de Catalunya me remito, donde Artur Mas ha experimentado en carnes propias lo poco que significa un líder a la vieja usanza, que a pesar de un insistente mensaje durante muchísimo tiempo, sobre la independencia de Catalunya, no ha logrado convencer ni siquiera al 30 por ciento de la población. Este experimento realizado por Artur Mas ahora, probablemente hace 50 años habría triunfado sin mayores problemas, pero ahora hay otra realidad, y sobre esa es la que todos tienen que trabajar.

Desde luego no es tarea fácil porque para empezar hay que cuestionar las estructuras, los procesos, a las personas que generan esos procesos y sus capacidades para convencer, y por supuesto la estrategia de las organizaciones políticas de este país. El cambio está ahí, y aunque todos los políticos se empeñen en posponerlo, antes o después se va a materializar, y me temo que algunos no van a sobrevivir. Más en cuanto los mileniards, que cada vez tienen un papel más relevante en la sociedad, vayan creciendo, tomando las riendas y convirtiéndose en generación dominante.

Los seres humanos no cambiamos mucho, lo que si cambian son los procesos que generamos. El proceso de la tecnología ha hecho que los ciudadanos ya no se sientan aislados, y que el espacio y la distancia no sean barreras insoslayables para acercarnos entre nosotros. “Están hablando entre ellos “escuché decir una vez a un tipo que esto de la comunicación colectiva le ponía los pelos de punta. Efectivamente ahora todo se comenta, y mis conclusiones, pueden ser tus conclusiones, o las conclusiones del otro, pueden ser las mías. Se llama información compartida e inteligencia colectiva. Mal asunto para aquellos que piensan que con cuatro frases, con unos cuantos tweets, y con algunas fotos en las redes sociales, van a convertirse en los grandes líderes del siglo XXI. Tal vez deberían dedicar sus esfuerzos a coleccionar sellos o mariposas porque como vulgarmente se dice “no cuela”. Mejor que se pongan a trabajar, que se aprendan el “catón” de la tecnología y para qué sirve, y dejen de intentar lo imposible. Ahora las elecciones se ganan por equipo, por partes y entendiendo que el ciudadano no es un artífice para sus propósitos personales, sino que forma parte del proceso, y por cierto el ciudadano ya no pasa ni una.

Son las nueve y cuarto de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 3 grados…

Dimitir: la honestidad frente a la conveniencia

 

 

Me pregunto una y otra vez porque hay tanta aversión a dimitir de los cargos en nuestro país. En España se dimite poco y mal con una cultura de sentarse en el sillón para no levantarse jamás, caiga quien caiga, incluida hasta la propia familia. El apego al cargo parece que ha impregnado la cultura política española sin que se den cuenta que esa “manía” de perpetuarse afecta gravemente a los principios democráticos que deben regir toda sociedad que se quiera llamar libre.

Tal vez algunos, esto en el mejor de los casos, entienden que dimitir es tirar la toalla, admitir un error, que incluso puede desestabilizar el sistema o el equipo en el que se encuentran, tal vez sea así, pero entonces me temo que es que no han entendido nada, están confundiendo la palabra dimisión con la palabra castigo y se encuentran muy lejos de la buenas prácticas políticas.

Ahora que se llevan tanto los códigos de buen gobierno en las empresas, habría que replantearse si estos compendios de buenas intenciones, y de maneras y modos de hacer las cosas “en la buena dirección”, ya deberían formar parte de las conductas de los políticos en ejercicio. No hay nada malo en dimitir, una dimisión puede ser un hecho eficaz, higiénico y hasta provechoso para cualquier organización política que se precie de tener una estructura sana y al servicio de los ciudadanos. Por supuesto no me refiero a dimisiones por corrupción, a dimisiones en las que medie un delito, esos hechos no deben dejarse nunca al libre albedrío del sujeto corrupto, creo que es obvio, y no juegan la partida.

La ética social y administrativa del Estado está íntimamente ligada con la ética particular y profesional de los políticos que están a su servicio, y por supuesto, dentro de esta ética está el hecho de dejar de estar, de dimitir, de dejar el cargo por innumerables supuestos, que no significa, para nada,  abandonar la vida política,.

El político español tiene algunas asignaturas pendientes, y una es esta, la de saber dimitir, porque lo de todos es mucho más importante que lo cada uno, porque el proyecto siempre debe estar por encima de las personas y sus ambiciones, porque el poder no es un traje de lujo  a medida para que los hombres y las mujeres que lo lleven brillen mas y se vean más atractivos o mas lustrosos, el poder es el mecanismo para realizar para todos y todas el proyecto, en este caso político, en el que hemos soñado, el proyecto que está entre nuestros ideales, y cuando no se puede llevar a cabo o la divergencia es demasiado grande, el mecanismo de la dimisión debe ser puesto en marcha.

Un gesto, este el de la dimisión que debe ser considerado por los ciudadanos y ciudadanas, por los propios compañeros y compañeras de partido, por sus propios líderes como un hecho integro y decente, que lejos de  incomodar y desmoronar la democracia, la favorece y la multiplica, genera más confianza y a la vez encaja en un valor fundamental, aunque hoy en día no se hable mucho de ello. Es el valor de la honestidad frente a la conveniencia.

Son las dos y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 24 grados.

No es política estupid@s, es #ebola

Llevamos unos días…. Una se levanta agobiada y se acuesta agobiada. Solo faltaba lo del #ebola. Claro que como decía mi abuela: “se veía venir”. Traer a morir a alguien a su país, a su casa, es una acción desde luego noble, más que noble, si me apuras. El problema surge  cuando esa persona, en este caso un sacerdote, viene impregnado de un virus mortal y tremendamente contagioso,  que con los medios actuales puede poner en peligro a toda la población.

Me atrevo a pensar, que como buen cristiano, y como buen religioso, probablemente él, que en paz descanse, ni siquiera lo habría pedido, y supongo también, que este hombre, cuya oficio era salvar vidas y salvar almas, no hubiera deseado tampoco, que ahora mismo nos encontremos en una situación altamente peligrosa.

Pero estoy segura que a él nadie le preguntó nada, que esto iba “por fuera”, y que alguna mente pensante de esas preclaras que viven de la política de gestos tuvo la ocurrencia de poner en marcha este golpe de efecto sin medir para nada las consecuencias, que a la vista están.

Y sucedió lo previsto en el libro de las previsiones, que ayer el tema del #ebola nos explotó a todos en las manos con la enfermera Teresa infectada y 5 personas ya bajo sospecha.

Lo urgente ahora mismo es resolver los contagios, parar una posible epidemia, y aplicar a toda esta historia una buena dosis de sentido común, que me temo que es lo que se echa en falta en muchas ocasiones.

Hay clamor de dimisiones, que si dimita la Ministra Ana Mato, que si dimita Ignacio González, que si dimita el Consejero de Sanidad…pero con eso no solucionamos mucho, es mas no solucionamos nada, porque precisamente cualquiera de los responsables -vivimos en un país con las responsabilidades muy repartidas por el modelo- tienen ahora que ponerse a trabajar contra reloj para solucionar cuanto antes esta crisis que pude afectarnos a todos si no se toman las medidas necesarias. Ya habrá tiempo para dimisiones o para ceses si fuese el caso, pero ahora lo que toca es ponerse a trabajar para acabar cuanto antes con la enfermedad y sus consecuencias, y esa debería haber sido la actitud de todos los grupos políticos, que a falta de soluciones, a muchos se les ha llenado  la boca, como siempre, con la palabra dimisión, y con eso se creen ya que van cumpliendo.

Luego además están los que aprovechan la coyuntura de rio revuelto para soltar barbaridades, véase el caso de la Señora Colau, que se ha atrevido a escribir las palabras “exterminio encubierto” en su cuenta de twitter. Se habrá quedado a gusto la mujer después de semejante barbaridad, claro que lo peor es que lo mismo, hay gente que se lo cree.

Lo cierto es que no se puede hacer política con todo y con todos, que no todo sirve para ganar elecciones o desgastar al contrario, y de momento lo que estamos viendo es un ejercicio de irresponsabilidad por parte de muchos que se afanan al linchamiento con “los que mandan” para ver si les produce redito electoral, y por otra parte demasiada ausencia y silencio de esos “que mandan” para que el desgaste sea menor. Eso a la postre es lo que se percibe, así que  me atrevo a decirles desde este post a tod@s : No es política estúpid@s, es #ebola

Son las nueve de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 13 grados.

PS.  Ayer escribí esto en twitter: “No hubiera estado de más que Ignacio González se hubiera dirigido a los madrileños, nosotros no estaríamos más tranquilos pero él habría cumplido con su deber”. Me reitero

Suárez : cuando los políticos eran humanos

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Decía un profesor de historia que tuve hace muchos años, que cuando los héroes mueren, inmediatamente vuelven a nacer como mitos. Suárez ha muerto después de pasar casi 12 años en manos del Alzheimer, pero me temo que solo estamos asistiendo a su muerte física, la muerte real, la verdadera muerte de Adolfo Suárez sucedió hace mucho más tiempo.

Hoy un desfile político esta pasando por delante de su féretro. El elogio continuo, el panegírico prudente, adecuado, medido en la loa y la alabanza… todos se apresuran a dejar caer palabras precisas y atentas hacia el finado, y respiran tranquilos por que la muerte también se ha llevado esa desmemoria, y la ingratitud de muchos, ahora esta cubierta por la pleitesía de una bandera, una guardia, y unas honras fúnebres.

La derecha nunca le supo agradecer, ni siquiera supo entender, que propiciase desde la propia derecha el cambio político. Porque eso del centro era un invento para envolver la habilísima e inteligente estrategia de ese hombre de propiciar el transito a la democracia desde posiciones conservadoras. Para nadie es un secreto que Adolfo Suárez era un político de perfil conservador y católico, y que entendió desde el primer momento que eso que llamamos la transición, tenía que venir desde dentro del sistema, para que no se dañara, entre otras cosas, algo tan primordial como la monarquía, o mejor dicho la posibilidad de reinar de Juan Carlos I, o que se rompieran las relaciones con el Vaticano. El lo vio claro y nítido, tanto que se lanzo, sin eso que se lleva tanto en política, lo de nadar y guardar la ropa, hacia un camino tremendamente complicado y lleno de palos en las ruedas, pero con una convicción clarísima. Ese era el camino, para lo que contó, por supuesto, con la ayuda del Rey, pues el monarca, también estaba implicado, tanto, como que en ello iba su propia supervivencia como Rey, en la aventura de cambiar las cosas en nuestro país, y llevarnos hasta una monarquía constitucional y democrática, sin que la izquierda pudiera hacer o deshacer en ese proceso, cambiando radicalmente la situación y llevando ese cambio por otros derroteros, mas favorables hacia sus tesis.

La izquierda, tampoco pudo perdonarle, que le quitara el caramelo de apuntarse el tanto de cambiar España, de hecho tanto a Felipe Gonzalez, como a Santiago Carrillo los situo en el tablero, como meros peones, que o avanzaban en la dirección del Rey, o serían sacrificados en la partida. La legalización de los partidos que representaban los dos lideres de la izquierda fueron medidas tranquilamente por Suárez, calculando siempre los tiempos, y acotando los riesgos, no los riesgos que pudieran venir desde la derecha más reaccionaria, que también los había, sino los que podían llegar desde la propia izquierda, agotando los plazos y dejándolos a ambos dos abocados, a jugar su partida, a colaborar con su plan, e incluso a hacerlos cómplices hasta las primeras elecciones. No se Carrillo, pero desde luego Felipe y el PSOE, no encajaron nunca esta jugada, y en cuanto hubo oportunidad, “le dieron hasta en el carnet de identidad”, sometiendo a Suárez y a su gobierno a un acoso, del que podemos dar fe por los periódicos de la época, y por los diarios de sesiones del congreso.

Y mientras todo esto sucedía, y la derecha oficial, se llevaba las manos a la cabeza, desbarrando sobre el “amateurismo” del primer gobierno de Suárez – un gobierno de PNN, dijeron – o lanzando diatribas grandilocuentes – Que error, que inmenso error, de Ricardo de la Cierva, al que luego por cierto hizo asesor- Suárez iba poco a poco avanzando hacia el hecho más importante que ha sucedido en la reciente historia de España, creando incluso un instrumento más, la UCD, para que el hecho llegara a buen fin.
Sin embargo, como escribía unas lineas más arriba, Suárez no supo guardar la ropa, tal vez nunca pensó, que llevando entre manos una tarea tan insigne como la de la restauración democrática en nuestro país, alguien pudiera pensar en borrarle de un plumazo, y sacarle del tablero de ese ajedrez tan “suigeneris”, que el mismo había inventado. Lo que no sabia Suárez, es que el nunca fue el alfil, ni la torre, ni la reina, ni un peón, ni un caballo. En ese juego el era una ficha imaginaria, una inexistente figurita de marfil, que tiraba de todas, pero que una vez que el juego empezará, ya no sería necesario.

Y así fue, sus compañeros de partido, que eran solo eso compañeros de partido, porque Suárez no tenía amigos entre ellos, amigos personales me refiero, que el venia de un mundo muy distinto al de Fernando Abril o Joaquin Garrigues o Fernandez Ordoñez, no solo le dieron la espalda para quitarle de en medio, y quedarse ellos con las ganancias de tan arriesgada apuesta, el Rey… el Rey ya estaba donde tenía que estar, y gustaba de nuevas amistades, y tampoco estaba dispuesto a correr demasiados riesgos para la “corona” apoyando al líder, que iba cayendo por días, con la inestimable ayuda de todos. La izquierda, aprovecho la coyuntura para ganar las elecciones, que una vez ganadas, demostraron que la eficacia de la estrategia de Suárez había sido la mejor, ya que ni abolieron la monarquía, ni salimos de la OTAN ( una de sus banderas durante las primeras campañas electorales), ni rompimos con el Vaticano, ni siquiera cambiaron los Pactos de la Moncloa, otra gran victoria económica y social de Suárez. El PSOE ganó las elecciones, Felipe fue presidente de gobierno, con eso se legitimó el transito, pero no se dio un paso más.

Por supuesto, la caverna y los militares mas reaccionarios, que algunos se la tenían jurada y bien jurada, como el caso de Armada, vieron el momento idóneo para, también, entrar e intentar coger lo que no era suyo. A punto estuvo Adolfo Suárez de romperles también el juguete a estos reaccionarios, cuando presento su dimisión, tras una llamada de el Rey, en la que le dejaba claro, que unos cuantos de esos militares, se habían presentado en La Zarzuela, mientras Juan Carlos I, andaba de cacería, y que tuvo que volver deprisa y corriendo, para reunirse con ellos y calmar los ánimos, eso si a cambio de la cabeza de Adolfo Suárez -… Siempre me he preguntado quien le abrió y dio paso a esos militares a la Zarzuela… y creo que me lo seguiré preguntando-.

Y Suárez presento la dimisión, una dimisión publica, en la que dejaba claro en su discurso de despedida el sacrificio que se le pedía, y que tiraba la toalla acosado desde todos los frentes, pero en especial… “Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea un paréntesis, una vez más en la historia de España”...

A partir de ese momento, todo cambió diametralmente para él, un hombre con un liderazgo carismático, un hombre hábil, y tremendamente pragmático, que constituye una figura, de momento inigualable, y que desde luego ningún líder posterior ha podido epatar o superar, y que fue por entonces, allá por el año 1981 del pasado siglo cuando se produjo su muerte real, si esa a la que me refería al principio. El conductor de la transición, el “arquitecto de la transición” como le han llamado algunos se fue diluyendo hasta desaparecer de la historia política reciente de nuestro país.

El contaba en una entrevista a ABC, que “no era su deseo pasar a la historia, aunque tal vez lo haga, por lo menos en alguna linea”. Quizás haya llegado el momento de recuperarle, y cuando se acaben los fastos mortuorios que hoy se viven en nuestro país, más de uno debería recuperar su memoria, la suya propia, la de Suarez, si esa que perdió por una enfermedad o quizás porque ya no podía más con la vida, y también la de todos, y dejarnos claro la importancia de su figura, la importancia de aquellos acontecimientos, y por supuesto la verdad de todo lo que pasó en ese tiempo, y desde luego reconocer, los unos y los otros, que sin su buen hacer, su habilidad, su ambición y su inteligencia ahora no estaríamos aquí, y muchos no estarían, tampoco, donde están y a donde han llegado, desde el “Primero” al último, aunque tal vez ese deseo mio, sea una pequeña estupidez sentimental, y que en la frialdad de la política actual, este de más, tener un rasgo tan “digno” como ese. La verdad es que, tengo suerte, yo asistí “en vivo y en directo” a un tiempo donde los políticos eran humanos… ahora también quedan, pero cada vez son menos, y Suárez es, y será siempre el espejo donde deban mirarse, un mito para nuestra democracia, que hasta en eso ha sido generoso, pues andábamos carentes de mitología en nuestra historia transitiva y democrática.
Son las ocho de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados. Suárez: cuando los políticos eran humanos DEP

Nota : El dibujo pertenece a la pagina http://www.fernandomartinezhernandez.com/galeria/pinturas