#Mujeres. Ni estamos ni se nos espera

Cada vez escucho a más políticos dirigirse a nosotros, los ciudadanos como si no hubiera mañana, y como si no hubiera pasado. Nos catalogan como votantes carpe diem, para contarnos sus cuitas circunstanciales e implicarnos en ellas. Mensajes que por cierto de tanto repetirlos – no tienen nada mejor que hacer- a la postre, terminan impregnándonos, desviando nuestra atención de lo que verdaderamente nos importa y nos afecta.

Por ejemplo, miles de mujeres en España llegan a la edad de jubilación sin derecho a pensión por haber estado dedicadas al cuidado de la familia. Mujeres mayores que ya no tienen ni  siquiera la capacidad de entrar en el mercado de trabajo, y que han cuidado de la casa, del marido, de los hijos y de los padres, porque tampoco en su momento la sociedad las dejo otra opción que esa, y que de hecho fomentó ese tipo de tareas, dejándolas al margen de cualquier otra posibilidad. ¿Saben lo que significa eso? Que a día de hoy se está incrementando la  pobreza y la dependencia en las mujeres mayores.

Ningún gobierno ha tenido interés por cerrar esa terrible brecha en la que se encuentran esas mujeres con más de 65 años sin derecho pensión. Nadie ha querido hablar de eso, porque hemos vivido y vivimos en una sociedad machista, que de vez en vez maquilla ese machismo con campañas puntuales sobre temas que normalmente afectan poco o muy poco a los presupuestos, para taparnos la boca.

Si miramos con atención los programas de los partidos políticos, no solo los de esta campaña electoral que ahora se libra en Cataluña, sino hacemos, pues, un histórico de esos programas, veremos que este tema, ni se aborda, ni se contempla, ni se prevé, ni se trabaja. Ni siquiera he encontrado una comisión parlamentaria que haya abordado esta situación en algún momento, y que ahora empieza a desbordarse, pero que nadie quiere mirarla de frente.

Hoy, por ejemplo, estamos tremendamente pendientes de unas obras de arte y su ubicación, y no solo eso, sino que hemos hecho portadas  con esa pelea entre Cataluña y el resto del país, por tenerlas colocadas en un sitio u en otro, marcando la noticia, además como si esto fuera vital para los españoles.  Verdaderamente estamos en una sociedad cada vez más enferma que coloca en el oscurantismo los problemas graves, y da luz a lo anecdótico, creando, si una se para a pensar unos minutos – tampoco nos fomentan eso de pensar mucho- un verdadero país esperpéntico y  grotesco.

Asistimos, ya de continuo a campaña electorales, cada año varias, como si fuera una epidemia de políticos corriendo detrás del poder, pero el poder ¿para qué? ¿Para hacer qué? …

Me empiezo a preguntar, y es una cuestión peligrosa, como nos beneficia a las mujeres, que esté uno u otro partido en el poder, si estamos al margen de sus agendas. Si los problemas que tenemos, no solo este, que cito hoy, sino otros muchos no se abordan cuando unos u otros llegan al poder con nuestros votos. Si, esos votos que se afanan a solicitarnos en sus peroratas interminables sobre planteamientos cada vez más alejados de nuestra realidad. Me pregunto si  van a tener utilidad a la hora de cambiar una sociedad machista como esta por una sociedad en la que los hombres y las mujeres tengan igualdad real. La respuesta, de momento, es NO y a los hechos me remito.

Son las diez de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados.

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Almax para Políticos

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Una de las cosas más difíciles de digerir son las palabras. Si, las propias, las dichas cuando no se debe, como no se debe, a quien no se debe y donde no se debe. En los próximos días creo, que vamos a asistir a una buena dosis de políticos que van a tragarse eso, exactamente, sus propias palabras, de golpe y a penas sin masticar.

De hecho, últimamente ya conocemos casos de auto ingestión de vocablos, y hay que advertir que estos atracones de expresiones son tremendamente pesados a la larga. La verborrea chulesca y jactante termina produciendo digestiones molestas. Recomiendo pues, para una mejor digestión y evitar males mayores, almax para políticos. No sé si lo han inventado, pero si no lo han hecho, el que lo descubra se forra con la patente.

Son las seis menos cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 11 grados.

Fantastic Fables: ¿De que me suena esto?

En 1899 Ambrose Gwinett Bierce publicó FANTASTIC FABLES.

“El administrador de un partido y el caballero” es una de las fábulas que compone esta colección:

“El Administrador de un Partido le dijo a un Caballero, que estaba ocupándose de sus propios asuntos:

-¿Cuánto pagaría por tener una Candidatura para un cargo público?

-Nada -replicó el Caballero.

-Pero contribuiría con algo de fondos a la campaña para apoyar su elección, ¿verdad? -preguntó el Administrador del Partido, guiñando el ojo.

-Oh, no, claro que no -dijo seriamente el Caballero-. Si el pueblo desea que trabaje para él debe emplearme sin que yo lo solicite. Estoy muy cómodo sin ningún cargo público.

-Pero -lo urgió el Administrador del Partido-, un nombramiento es algo deseable. Es un gran honor ser un servidor del pueblo.

-Si el servicio del pueblo es un gran honor -dijo el Caballero- sería indecente de mi parte buscarlo; y si lo obtuviera por mi propio esfuerzo dejaría de ser un honor.

-Bueno -insistió el Administrador del Partido-, espero que por lo menos apoyará la plataforma del partido.

El Caballero replicó:

-Es improbable que sus autores, sin haberme consultado hayan expresado fielmente mis puntos de vista y opiniones; y si respaldase su trabajo sin estar de acuerdo con él, sería un mentiroso.

-¡Usted es un hipócrita detestable y un idiota! -gritó el Administrador del Partido.

-Ni siquiera su buena opinión acerca de mi idoneidad -replicó el caballero- logrará convencerme.”

Ambrose Bierce : “El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”

Son las doce y  media de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 5 grados.

 

 

 

Dimitir: la honestidad frente a la conveniencia

 

 

Me pregunto una y otra vez porque hay tanta aversión a dimitir de los cargos en nuestro país. En España se dimite poco y mal con una cultura de sentarse en el sillón para no levantarse jamás, caiga quien caiga, incluida hasta la propia familia. El apego al cargo parece que ha impregnado la cultura política española sin que se den cuenta que esa “manía” de perpetuarse afecta gravemente a los principios democráticos que deben regir toda sociedad que se quiera llamar libre.

Tal vez algunos, esto en el mejor de los casos, entienden que dimitir es tirar la toalla, admitir un error, que incluso puede desestabilizar el sistema o el equipo en el que se encuentran, tal vez sea así, pero entonces me temo que es que no han entendido nada, están confundiendo la palabra dimisión con la palabra castigo y se encuentran muy lejos de la buenas prácticas políticas.

Ahora que se llevan tanto los códigos de buen gobierno en las empresas, habría que replantearse si estos compendios de buenas intenciones, y de maneras y modos de hacer las cosas “en la buena dirección”, ya deberían formar parte de las conductas de los políticos en ejercicio. No hay nada malo en dimitir, una dimisión puede ser un hecho eficaz, higiénico y hasta provechoso para cualquier organización política que se precie de tener una estructura sana y al servicio de los ciudadanos. Por supuesto no me refiero a dimisiones por corrupción, a dimisiones en las que medie un delito, esos hechos no deben dejarse nunca al libre albedrío del sujeto corrupto, creo que es obvio, y no juegan la partida.

La ética social y administrativa del Estado está íntimamente ligada con la ética particular y profesional de los políticos que están a su servicio, y por supuesto, dentro de esta ética está el hecho de dejar de estar, de dimitir, de dejar el cargo por innumerables supuestos, que no significa, para nada,  abandonar la vida política,.

El político español tiene algunas asignaturas pendientes, y una es esta, la de saber dimitir, porque lo de todos es mucho más importante que lo cada uno, porque el proyecto siempre debe estar por encima de las personas y sus ambiciones, porque el poder no es un traje de lujo  a medida para que los hombres y las mujeres que lo lleven brillen mas y se vean más atractivos o mas lustrosos, el poder es el mecanismo para realizar para todos y todas el proyecto, en este caso político, en el que hemos soñado, el proyecto que está entre nuestros ideales, y cuando no se puede llevar a cabo o la divergencia es demasiado grande, el mecanismo de la dimisión debe ser puesto en marcha.

Un gesto, este el de la dimisión que debe ser considerado por los ciudadanos y ciudadanas, por los propios compañeros y compañeras de partido, por sus propios líderes como un hecho integro y decente, que lejos de  incomodar y desmoronar la democracia, la favorece y la multiplica, genera más confianza y a la vez encaja en un valor fundamental, aunque hoy en día no se hable mucho de ello. Es el valor de la honestidad frente a la conveniencia.

Son las dos y media de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 24 grados.

Políticos versus Ciudadanos

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Empieza a ser algo mucho más que una tendencia eso de sustituir los votos por las firmas, y eso en el mejor de los casos, pues en otros simplemente es el dedo, y con eso basta.

Obviamente la participación de los ciudadanos no se puede remitir solamente a su presencia en las elecciones a través de su voto, pero de eso a empezar a descafeinar los procedimientos democráticos al uso, como la elección de una presidenta de comunidad, una alcaldesa o cualquier otro cargo que lleve el proceso electoral consigo, hay un gran trecho.

Estamos asistiendo a unas maniobras de sustitución de cargos, que en su esencia deben ser electos, por otros mecanismo, que van según conveniencia, y eso desde luego está rozando lo que podríamos llamar “la línea roja”. Sí, esa que nunca se debe pasar, pero a la que tampoco hay que acercarse demasiado, fuera ser que sin darnos cuenta, zas¡ aparezcamos al otro lado. Sigue leyendo

El Silencio

Conozco gente, bastante cercana por cierto, que cree que el silencio es una forma de comunicación.  Yo opino lo contrario, el silencio también es un receptáculo, un espacio que si no lo ocupas alguien puede llenarlo de información, tal vez falsa o con una interpretación distinta a la que está destinada a llenar ese silencio.

Creo que Rajoy es de los que piensan en la utilidad del silencio. Tal vez entiende que la comunicación es solo un atrezzo, un condimento, una guarnición totalmente prescindible en las tareas de gobierno. Me temo que piensa que hay que gobernar, pero  no hace falta comunicar que se está gobernando.

Se equivoca. Tal vez antes las cosas fueran así. En un mundo hiperconectado, donde la comunicación es casi total, casi completa entre los ciudadanos, mantenerse al margen de ese progreso es un Sigue leyendo