Puigdemont: La Independencia soy yo

Puigdemont, el pequeño diletante de Alemania ha hablado. El Independentismo soy yo. Yo o la nada. Me cargo el partido o lo que haga falta. A Marta Pascal que la vayan quitando de en medio. Junqueras que siga en la trena, que le quiten el acta, y al partido que le den, que yo me creo uno nuevo este finde, solo con mis amigos.

En su espejismo de Juan sin Tierra vagando por Europa, este personaje, que pasara a la historia por sus dislates consentidos, escenificó ayer, en diferido, a través de terceros, que él – como Franco – no está sometido a los dictados del pueblo, sino que responde ante el mismo y ante la historia.

Solamente el hecho de pedir una votación aparte, para el solo, en el tema de la retirada del acta de los presos del Proces, en el Parlament, es ya una afrenta, no solo contra la democracia, sino contra todo lo razonable, y a pesar de los esfuerzos de Torrent, que haciendo encaje de bolillos, planteó una propuesta de sustitución temporal, que venía a ser un maquillaje de una delegación de voto, los partidarios del catalán errante, atendiendo a sus wasapeos, se plantaron en que a Puigdemont esto no le afectaba porque – atiendan al argumentario que es de aurora boreal – el ínclito no estaba en prisión. Solidario el chico, donde los haya. Con amigos como esos, a Junqueras no le hacen falta enemigos, ni siquiera el juez Llarena. Y como Cataluña hace mucho tiempo que se convirtió en un directorio donde se gobierna a golpe de capricho y amistades, la cosa acabó con el Parlament cerrado a cal y canto hasta septiembre, porque ya han cogido la costumbre, y cuando se les embrolla la cosa, cierran la casa de la soberanía popular y se quedan tan panchos.

La bronca del independentismo no es nada nuevo. Nunca hubo unión más allá de una huida hacia delante. Ya sabemos todos, las consecuencias que ha traído para los catalanes y para los propios políticos, que han llegado hasta la cárcel. Bueno todos, todos no, que Puigdemont y alguno más, se han colocado en modo “contigo en la distancia”, a salvo y con el botón del control remoto, haciendo y deshaciendo en función de sus propios intereses, que desde luego no coinciden en nada con los del pueblo catalán.

A Puigdemont le sobran todos, todos, siempre le han sobrado, salvo como instrumentos para su mayor gloria y desde luego para salvar su culo. Se basta con el mismo y unos cuantos lamebotas. Al más puro estilo del rey sol, o incluso faraónico, el de Gerona, se mueve cada día en su camino hacia la omnipotencia con la independencia como báculo.

¿Saben? La vida en Cataluña se ha convertido en los últimos tiempos en eso que pasa duramente, mientras Puigdemont se divierte, y lo peor es que muchos catalanes le siguen el rollo a este tirano de tres al cuarto, que no sé cómo no se le cae la cara de vergüenza viendo como sus compañeros de aventuras limpian los patios de las cárceles – ahora catalanas – mientras él retoza por Europa.

No queda ya relato razonable para el Proces. Puigdemont lo ha dinamitado desde Hamburgo haciendo caudillismo en vez de política, y la duda empieza a anidar en el corazón de los independentistas, que ya no saben si están asistiendo de un proceso de independencia hacia la república, o a un ejercicio de vanidad personal, con tintes más que autoritarios, cuyo fin es, que caiga quien caiga, se rompa lo que rompa y pase lo que pase, Puigdemont quede a salvo.

Cuando miro a Puigdemont me viene a la cabeza una frase de Kafka: “En ti observé lo que tienen de enigmático los tiranos, cuya razón se basa en su persona, no en su pensamiento” y también otra de Abraham Lincoln: “Es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer todos los que le siguen”

Son las diez de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 28 grados. Puigdemont: La Independencia soy yo

 

Los Presos Políticos los pondrán ellos #Independencia #Cataluña

Y se levanta una cansada. Si, cansada de lo mismo, de la historia virtual de Cataluña, manejada por unos cuantos que han hecho de la poltrona su way of life, con un golpe de mano, dejando a la democracia hecha unos zorros. Una historia que va por el manual de los dictadores de directorio, rancios y trasnochados,  y que nos han interrumpido la vida.

No hay nada que más me moleste que me interrumpan, y más, para nada de verdadera importancia. Porque lo peor de todo esto, no es que España se vaya a hacer pedazos, no lo creo, porque el sistema ya tiene callo y difícilmente un grupo, que lo que busca es  perpetuarse en el poder for ever, va a dar la vuelta a la tortilla en el resto del país. Lo peor, si lo peor, es que no se hace nada de verdadera importancia para nosotros, los ciudadanos, la ordinary people, que somos los que al final, como siempre pagaremos las consecuencias. Estos tipos han focalizado la actividad política sobre sus “asuntos particulares” ahora llamados “Independencia”, y está todo el país parado y pendiente, sin que se haga otra cosa que hilar en esta rueca que da vueltas y vueltas, pero que no da una sola puntada derecha.

Una situación extraña la de Cataluña, donde Demócratas Cristianos se mezclan con radicales, con troskistas, con agitadores asalta coches policiales que se duelen de que una jueza les haya puesto en orden. ¿Que esperaban después de patear un coche de las fuerzas de seguridad del estado, robar las armas del vehículo, acosar a la guardia civil, jalear al transeúnte para que fuera contra ellos, mientras una secretaria judicial tenía que escalar teja a teja para saltar por los tejados de Barcelona huyendo de la turba?. Que le queda a la jueza más que decretar prisión, más cuando Los Jordis, artífices de toda esta película de miedo, están dispuestos a repetir la performance subversiva una y otra vez.

No cuela lo de presos políticos, no cuela, porque todos hemos visto y leído lo que está sucediendo. Lo recibimos en directo gracias a las redes sociales, y difícilmente por muchos videos lacrimógenos hechos en la factoría del siniestro Roures, vete tú a saber con qué dinero, que esa es otra, y que nos repitan y repitan hasta la saciedad en las teles publicas de Cataluña y en sus cuentas en internet, lo de la “represión”, no nos van a convencer de que “el rey no está desnudo”. Aquí no hay presos políticos, ni va a haberlos, salvo los que hagan ellos, si consuman la fechoría de la republica catalana y la independencia, porque no les quepa duda que esos compañeros de viaje que lleva Puigdemont, no van a respetar, ni por asomo el sistema de libertades y la democracia. ¿Cuánto creen que tardara en cambiar el nombre de Republica Catalana por el de Republica Popular Catalana si se perpetra la independencia? ¿Cuánto creen que durará Puigdemont y su partido al frente de ese proyecto? Piensen en ello, a mí, personalmente, me aterra imaginar ese escenario.

Son las ocho de la mañana. Diluvia y truena en Pozuelo y la temperatura exterior es de 13 grados. Hacia la República Popular Catalana