Marchena en el Pais de las Maravillas #SentenciaProces

Parece que Puigdemont y Oriol entraron en el otro lado del espejo para acompañar a Alicia en una ensoñación independentista… Tal vez Puigdemont encarna al gato de Cheshire y Oriol a la propia Alicia, y mientras Cheshire – Puigdemont aparece y desaparece, Oriol-Alicia corre tras el conejo que repité y repite, “llego tarde, llego tarde”, pero no era real, estaban soñando. Y también los Jordis y la Forcadell mientras la malvada reina de corazones les perseguía hasta llevarlos a la cárcel. Esto es lo que le ha faltado escribir a Marchena en la #SentenciaProces. Parece ser que el juez también ha viajado al País de las Maravillas, aunque de momento no se que personaje adjudicarle ¿Tal vez el sombrerero?

Impresiona ver con que soltura maneja el juez Marchena la parte imaginativa de los acusados, hoy ya condenados, a unas penas por unos delitos que tan mal fundamenta en la Sentencia del Proces. Pero es lo que tiene forzar las unanimidades, y mezclar el poder político con el poder judicial, que tan alejados deberían de estar siempre, y que tan cercanos están en esta sentencia tan creativa.

Decía Marchena hace unos días que la Sentencia del Proces iba a gustar a todo el mundo. Una de dos o se estaba cachondeando de nosotros, o tal vez, es que él también viva en una “ensoñación irreal” como así cita refiriéndose a las actuaciones de los principales condenados.

No voy a discutir en este post si hubo rebelión o sedición, no es mi función, que si la del Tribunal Supremo, pero desde luego lo que si me preocupa es el “relato”, que no sentencia, porque más bien parece una historia fabricada exprofeso para salir del paso, que se construye para justificar la sentencia.

Todo apunta a que el proceso de discusión de la sentencia se ha hecho al revés, es decir, primero decidieron cual era el delito que convenía, y a partir de ahí, se ha ido montando una historia, un relato, en muchas ocasiones con calzador, o haciendo uso de palabras o frases  tan infantiles como “sueño imposible” “quimera” “fruto del imaginario” etc… pero el “relator” en este caso el juez Marchena ha olvidado la realidad, es decir la historia, a la que todos hemos asistido en primera persona, dejando con esta sentencia a muchos con el culo al aire, véase Rajoy en la aplicación del 155 o hasta el propio Rey Felipe VI, con el discurso del 3 de Octubre de 2017. El rey entonces, pidió que “se asegurase el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones” y añadía: “Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana”. Según la #SentenciaProces ¿se extralimitó Rajoy en sus funciones? ¿Se extralimitó el Rey Felipe VI en su discurso?

¿Cómo aplicar un delito de orden público a una violación de la Constitución? Pues bien, Marchena lo ha hecho, ha cuadrado el círculo y nos ha dejado a todos con la boca abierta, y también a los indepes, que ahora ven con esta sentencia la justificación a sus hechos y palabras -en los que siguen a esta horas-, sin apearse un ápice de su argumentario. Vulnerar el orden constitucional no es rebelarse contra el estado, ese ha sido su principal mantra desde el comienzo de esta historia, y Marchena se lo ha puesto en bandeja, claro que, aplicando penas máximas a un delito de orden público, en el que tampoco queda claro la directa autoría de todos los condenados, dejando también insatisfechos con el veredicto a los independentistas. Porque ¿si esto no era para tanto a que viene una pena de 13 años para Oriol Junqueras?

En el colmo de las contradicciones, en otra de las piruetas de esta sentencia, Marchena niega la existencia del “derecho a decidir”, para más adelante asumirlo argumentando que había sido sustituido por el “derecho a presionar”. Claro que no existe el derecho a decidir en el orden constitucional, pero tampoco el Código Penal tipifica delito por esa pretensión. El derecho a decidir, como todo en ese relato de unos y otros, es otra construcción artificial que confunde más que aclara, y a la que hace flaco favor Marchena haciendo uso de ella en la sentencia.

Y para acabar, ya que Marchena ha bajado hasta el terreno de la política cuando no debiera con esta sentencia, debería haber tenido en cuenta, que la extrema derecha anda muy empeñada en echar gasolina a esta hoguera, y que con una sentencia llena de lagunas puede avivar este fuego, que Moncloa pretende apagar con pequeños cubitos de agua en forma de vídeos institucionales, de los que por cierto a estas horas se sonroja y carcajea la prensa internacional.

Mal pinta, no por las revueltas en las calles que puedan producirse en estos días, sino porque este cóctel de justicia y política tiene un punto demasiado amargo para la ciudadanía, que, al fin y al cabo, catalanes o no, somos los que vamos a sufrir las consecuencias. Ya lo dije en un artículo anterior – pues soy muy fan de Ortega – “Toda realidad ignorada prepara su venganza”, nos cuenta en uno de sus párrafos finales del “Epílogo para ingleses” de su Rebelión de las masas, y la sentencia del proces convierte lo que sucedió de verdad en una realidad ignorada más, para unos y para otros. No les quepa duda que antes o después pondrá en marcha su venganza.

Son las dos de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 20 grados. Marchena en el País de las Maravillas.

 

Summum ius, summa iniuria

Conviene leer detenidamente, luego que cada uno saque sus conclusiones.

La intervención de las comunicaciones de los cabecillas de la trama Gürtel con sus abogados, por las que Garzón ha sido condenado a 11 años de inhabilitación, fueron avaladas por el juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) que le sucedió en la instrucción, Antonio Pedreira, por las dos fiscales Anticorrupción adscritas a la causa y por el magistrado de la Sala de lo Civil y Penal del TSJM José Manuel Suárez Robledano.

Las escuchas no fueron ordenadas porque sí. Ya en el primer auto en febrero de 2009, Garzón centró las escuchas en el abogado José Antonio López Rubal, dados los claros indicios de que en las actividades de la trama habían intervenido abogados, que dada su condición, podrían actuar de “enlace” de los cabecillas con el exterior. Al resultar ese abogado imputado en la trama, Correa y Crespo lo sustituyeron por Rodríguez Mourullo y Choclán. Garzón prorrogó las escuchas y Anticorrupción no puso trabas.

En su informe de 20 de marzo, Anticorrupción informó a Garzón de que una parte importante de seis conversaciones grabadas se referían a “estrategias de defensa” y debían ser excluidas del procedimiento. Pero al final de ese mismo informe, la fiscalía dijo expresamente que no se oponía a las intervenciones la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, la unidad policial antifraude.

El 27 de marzo, Garzón ordenó la exclusión de las conversaciones interesadas por Anticorrupción.

Al aparecer indicios de criminalidad contra aforados, Garzón se inhibió al Tribunal Superior de Justicia de Madrid. El nuevo instructor, Antonio Pedreira, prorrogó a petición de la fiscalía las escuchas ordenadas por Garzón y, más adelante, en enero de 2010, rechazó anular las grabaciones. Pedreira sostuvo entonces que el derecho de defensa no era “ilimitado” ni una patente de corso a los abogados para colaborar en delitos. También expuso que, bajo supervisión judicial, sí es posible la intervención entre un abogado cooperador y sus clientes. Según Pedreira, de la misma forma que se puede ordenar la entrada y registro en despachos profesionales, se puede, de forma motivada, acordar la intervención de comunicaciones.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid, sin embargo, anuló parte de las intervenciones ordenadas por Garzón. Aunque uno de los tres magistrados, José Manuel Suárez Robledano, se opuso a la anulación por entender que se daba un margen muy elevado de “impunidad y privilegio” a los abogados.

Son las doce menos cuarto de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 6 grados. La justicia no puede ser un territorio para la vendetta y para el revanchismo. A mí personalmente, Garzón, nunca me ha caído bien, siempre le he considerado demasiado soberbio, demasiado mediático, incluso a veces demasiado estridente, pero de ahí, a utilizar el territorio de la justica para bajarle esos humos hay mucho camino, un camino que nunca se debería haber recorrido, ni de esta manera. La sentencia no es una buena noticia y hay límites que no se deben pasar nunca, porque no tienen vuelta atrás.