#Peshawar: 131 niños asesinados por el #yihadismo Islámico

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Desde su cama, en un hospital de la ciudad, Shahrukh Khan un chico de 16 años cuenta que él y sus compañeros estaban en el auditorio del establecimiento cuando entraron cuatro hombre armados. “Alguien nos gritó que nos agachásemos y escondiéramos abajo de las mesas”, dijo Khan, agregando que los hombres gritaron “¡Dios es el más grande!” antes de abrir fuego.

“Uno de ellos gritó: Hay muchos chicos debajo de los bancos, vayan a buscarlos”, declaró Khan. “Vi un par de botas negras que venían hacia mí. Ese hombre probablemente estuviera buscando estudiantes escondidos debajo de los bancos”, agregó. Khan sintió mucho dolor cuando le dispararon en ambas piernas justo debajo de la rodilla. Optó por hacerse el muerto y doblo su corbata metiéndosela en la boca para no gritar. “El hombre de botas negras siguió buscando estudiantes y metiéndoles balazos en el cuerpo. Me quedé lo más quieto que pude y cerré los ojos, esperando que me volvieran a disparar”, contó. “Mi cuerpo estaba temblando. Vi a la muerte tan de cerca (…) Nunca me olvidaré de las botas negras acercándose. Tuve la impresión de que era la muerte que se me acercaba”

Mientras su padre lo consolaba en su cama empapada de sangre, Khan recordó: “Un rato después los hombres se fueron y yo me quedé ahí unos minutos. Luego intenté levantarme, pero me caí al suelo como consecuencia de mis heridas”. “Cuando me arrastré hasta la habitación  siguiente, fue horrible. Vi el cadáver de nuestra secretaria en llamas”, afirmó. “Estaba sentada en la silla con sangre que le chorreaba por el cuerpo mientras se quemaba”, agregó. Según testigos, una fuerte explosión sacudió la escuela pública, tras lo cual los terroristas talibanes fueron aula por aula disparando a los chicos.

Este es una de los relatos de los pocos supervivientes de la masacre perpetrada en  Peshawar por los talibanes, Movimiento de los Talibanes en Pakistán (TTP) en la que como ya saben a estas horas hay 141 asesinados, la mayoría niños. La crónica del día se llama terror, asesinato, masacre, dolor, miedo… y desde luego el objetivo es el control por el daño, el control por el pánico. El mensaje no puede ser más claro y despiadado: si tus hijos van a la escuela, ese invento occidental, morirán, y morirán con dolor, pero si tus hijos van a la mezquita y después a mis campos de opio a cosechar para mí por un trozo de pan, vivirán.

Claro que todo esto también tiene otra lectura, otro mensaje: Los talibanes no protegen a los musulmanes, los talibanes matan a los musulmanes y se ceban con los más débiles e indefensos: los niños

Son las once de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 6 grados.

 

Fumar es un placer

 

La verdad es que últimamente no salgo mucho por las noches, pero ayer me anime a dar una vuelta y quedar con gente, aunque no había caído en la cuenta de que desde el día 2 está funcionando la ley talibán antitabaco, y lo cierto es que lo pasé fatal, porque una es fumadora, no de una manera excesiva, ya que difícilmente supero la media de 8 ó 10 cigarros al día, pero lo que si soy es fumadora social, es decir, que me gusta fumar cuando salgo a tomar algo por ahí, ya que tengo bastante asociado el placer del tabaco con el de divertirme.

El caso es que como os decía antes, no me divertí nada, pues para empezar, las personas con las que iba, ninguna fumaba, incluso algunas pertenecen a ese grupo absurdo de exfumadores, que hace unos años consumían más de una cajetilla diaria, pero que dejaron de fumar – no sabéis cuanto me alegro- , pero que desde que lo hicieron, uno de sus deportes favoritos es machacar a los fumadores que tienen a su alrededor. Con lo cual aprovecharon la ocasión para darme bien de caña, y contarme lo contentos que estaban con esta ley tan “democrática”

Lo cierto es que entramos en un bar de la calle San Francisco de Sales de Madrid, donde gracias a la ley talibán antitabaco hacia un frío que pelaba, pues el dueño de bar había habilitado la terraza con unas estufas, bastante cutres por cierto, y como tenía que tener la puerta abierta del local, para que los camareros entraran y salieran a servir la terraza, donde había mucho más ambiente que en la barra, tenía permanentemente la puerta abierta, y había quitado la calefacción del local, con lo cual, dentro que era donde yo estaba -la gente con la que iba como no eran fumadores y no estaban dispuestos a ir a la terraza- hacia un frío del quince. Así que me tome mis cocacolas – yo no bebo alcohol- y los cuatro pinchos, envuelta en mi abrigo, e incluso en un momento determinado me tuve que poner hasta los guantes, pues no había manera de entrar en calor. Además cada vez, que tenía que fumar me tenía que salir fuera, donde, dada la situación, hacia más calor que dentro.

El local estaba medio vacío, y la cara de los camareros era todo un poema, pues no se si prefieren soportar los humos de la barra, que antes eran prácticamente inexistentes, pues había muy buena ventilación -ya sabéis, la ley obliga a tener buenos extractores de humo en este tipo de locales-, o perecer de una pulmonía, porque lo camareros tenían que estar entrando y saliendo en mangas de camisa – ninguno de ellos llevaba abrigo, cosa que si portaban los clientes, y la noche era para abrigarse- para servir la terraza. Por cierto, el grupo con el que iba, no sentía nada de frío dentro del local, pues en la hora y media que estuve allí se “apretaron” dos botellas de vino y seis cervezas – eran cinco- con lo cual su nivel calórico, debió subir bastante. Por supuesto me abstuve de mencionar lo malo que es el alcohol, y los daños propios y colaterales que produce – accidentes, perdida de control sobre los propios actos, agresividad, patoseria, etc- porque yo no soy como ellos, y entiendo que cada uno es dueño de su propia vida y sus propios actos, y responsable de lo que hace con ellos y como debe evitarlos para no perjudicar a los demás.

Después cuando ya agotamos el cupo de alcohol, y en mi caso de cocacolas y aburrimiento, decidimos subir unos metros más arriba y cambiar de sitio, a un bar en la calle Julián Romea, este sin terraza de fumadores, donde para ser un viernes por la noche, estaban “dos y el del tambor”, y donde mis compañeros de ocio se marcaron sendos gintonics, y yo una manzanilla bien caliente, con la que me calenté el cuerpo y las manos con la taza. Este sitio si tenía calefacción y la puerta cerrada, pero tanto los camareros como el dueño tenían una cara de funeral de tercera, pues llevaban 15 días -me contó el dueño- que no levantaban cabeza. El restaurante se le estaba vaciando por días, y los pocos clientes que aun entraban a penas si consumían. La sobremesa había prácticamente desaparecido. La barra estaba casi vacía, y lo peor eran las noches, a partir de las ocho, que desde hace quince días no entraba nadie o muy poca gente.

La conclusión de todo esto, es que a parte de que ayer me divertí poco o nada, pude observar como esta ley absurda donde las haya, va a acabar con uno de los pocos sectores que aun se mantenían a flote a pesar de la crisis, el de la hostelería, y además me parece innecesaria y realmente incomprensible. Las cosas estaban bien como estaban, había locales para fumadores, espacios habilitados en los bares, restaurantes y discotecas para fumadores, y donde no se molestaba a los no fumadores, y la población andaba bien concienciada con un consumo responsable y no molesto para los demás, pero este gobierno de España, que se dedica fundamentalmente a jodernos la vida, pues ya no me queda otra palabra que emplear, a no solucionar nada y solo a prohibir, ha decidido dar una vuelta más de tornillo, para ver como acota un poco más las libertades individuales, fractura un poco más, si cabe, la convivencia pacifica entre las personas, y de paso arruina los pocos negocios que iban quedando vivos.

Jamás pensé, que iba a ver cosas como esta, mientras el país mal vive con una crisis de caballo y con cinco millones de parados, el gobierno de Zapatero – peor imposible, y que por cierto fuma donde le da la gana, incluido Moncloa, el coche oficial y el avión- se dedica a poner en marcha absurdeces y talibanadas como la ley antitabaco, que no sirve para nada, mejor dicho, sirve para arruinar y generar mal ambiente.

Son las diez de la mañana. Me estoy fumando dos cigarrillos que me están sabiendo a gloria. No llueve en Aravaca y la temperatura es de 7 grados.

Postpost: 1. Si fuera camarera/o me negaría a servir terrazas en mangas de camisa a 4 grados de temperatura. 2. No pienso acatar esta ley y animo a que no se acaté, tanto por parte de los usuarios de los bares y locales de ocio, como de los empresarios de este sector. 3. Y si esto sigue adelante, dejaré de salir por las noches en invierno, tanto por mi bien, como por el de las personas que tienen que trabajar poniendo cenas y copas a la intemperie con un frío polar. 4. Fumar es un placer. 5. Si el fumar es tan malo, malisimo ¿Porque el Estado, que no me deje fumar en ningún lado me vende el tabaco y recauda impuestos con ellos?. Menuda falacia