La Vocación, una asignatura pendiente

;

Hablaba hace unos días con mi amiga @brendamarting de lo importante que es eso de la vocación a lo largo de la vida de las personas. Lo cierto es que las personas que tienen vocación son más felices – eso me contaba Brenda-, y no porque sean personas que se realicen a través de su trayectoria, que eso ya es un punto a favor, si no por algo más. El hecho de mirar siempre hacia el horizonte, o hacía un punto lejano, hace que no nos fijemos en demasía en aquello que está muy cercano, y que en un determinado momento puede estar haciéndonos daño, o provocando un sufrimiento. Eso desde luego no quiere decir que no sufran, pero el dolor se amortigua y pasa antes si se tiene un punto de mira claro, como meta de la vida. Pero además la vocación hace que tu vida tenga un plan, que por supuesto luego puede ser alterado por el curso de los acontecimientos, pero ese plan fijado, a pesar de los distintos avatares, hace que, mediante la voluntad de su consecución, la persona se desarrolle de una manera mucho más positiva, mucho más eficaz, mucho más rotunda y no se consideren las contrariedades como un fracaso. Los planes están para realizarlos, y si por cualquier hecho determinado se produce una interrupción o una desviación de ese plan, basta volver a empezar o volver a seguir, siempre mirando hacia los parámetros de ese plan trazado previamente. Es entonces cuando la palabra fracaso se diluye, y casi que desaparece, para convertirse en la palabra recuperación, renacimiento o como dicen los americanos: “try it again”.

Está claro que en la sociedad en la que vivimos las vocaciones se fomentan poco o nada. Asociamos inmediatamente la palabra al tema religioso, o como mucho a una meta sublime donde hay que llevar a cabo grandes proezas, pero no es así. La vocación nace o se fomenta de cualquier actividad por nimia que nos parezca, solo hay que darle la importancia que merece. Alguien decía por ahí, que una persona es grande no porque los demás lo vean grande, sino porque uno mismo ve esa grandeza.

A la gente joven, mientras están dentro de su fase de formación, que por cierto dura mucho tiempo, y se desaprovecha bastante, a penas se les habla del hecho vocacional en si. Nos paramos a pensar y vemos como a los chicos y a las chicas se les impulsa a hacer una carrera o un oficio, fijándonos fundamentalmente en las oportunidades de trabajo, de ganar dinero, de tener una posición relevante en la sociedad, en fin, no me extiendo porque todos sabemos de lo que estamos hablando, pero apenas si se les ayuda a fijar una vocación, un itinerario vital a muy largo plazo, donde dejando al lado aspectos puramente lucrativos o de eso que se llama triunfar socialmente, se les ayude a madurar esa idea de realización o de vocación. La vocación es la función de sostener tu propósito de vida a través de tus dones naturales como tus talentos adquiridos, y la mayor parte de las personas no saben ni siquiera que significa esto. Si os molestáis en preguntar, no sabrán que deciros, es más muchos incluso pueden que desprecien olímpicamente su necesidad, y otros pensaran que les estas hablando de algo, que queda muy bonito, para escribir, pero que no sirve para nada.

Este es uno de los grandes errores que estamos cometiendo, no solo en nuestras propias vidas, sino también en las vidas que dependen de nosotros, que son las de los jovenes. Una sociedad en la que no exista el concepto de vocación como uno de sus pilares más importantes, es una sociedad abocada al fracaso, y desde luego también tremendamente desdichada. Eso es lo que vemos cada día, y lo más grave es que nadie se para a remediarlo.

Otro día hablaré del legado, algo sobre lo que tampoco nadie pone demasiado interés y que hace que todo lo que hagas genere tu propia huella para que afecte de una manera positiva a las generaciones venideras.

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 7 grados. Tal vez para 2013 empecemos a pensar en esto y pensemos menos de la crisis financiera. Por qué cuando superemos la crisis financiera, que seguro que pasará, ¿que haremos con una sociedad sumida en una crisis de valores?

Los “niños” de Pozuelo no son una excepción

Podría ponerme un ratito a hablar de valores, pero seguramente algunos que lean el blog dirán que eso ya no se lleva. Puro anacronismo. Una antigua esta tia, vamos que lo estoy viendo. Así que ahorrare a la concurrencia el discurso, pues total no voy a perder mucho tiempo con este asunto tan manido de la juventud carente de valores y dedicada fundamentalmente al vandalismo y al divertimento salvaje, como ha ocurrido este fin de semana en Pozuelo, donde vivo – como muchos sabréis- .

Lo cierto es que pasa lo que pasa y nadie tiene la culpa de lo que pasa, salvo nosotros mismos. He visto, como muchos los videos del suceso, y he visto también los testimonios de los padres y del propio alcalde de Pozuelo: “son gentes de fuera” – permitidme que me carcajee, por lo del alcalde, pero al fin y al cabo es un político y su testimonio tiene escaso valor- . Pero lo de los padres… amiguitos… lo de los padres… eso si que es grave… quitando importancia al asunto… echando balones fuera… en fin… patético, penoso y desde luego vergonzoso.

Pero esto no es algo que sea nuevo. Lleva mucho tiempo pasando, y desde luego o cambiamos, si nosotros, los adultos, los padres o volverá a suceder una y otra vez, y cada vez en mayor dimensión. Ocuparse de los hijos, poner orden en sus vidas, inculcarles valores, dar ejemplo – suena tremendamente carca, alguno pensará- es una tarea que esta prácticamente omitida en la sociedad actual de nuestro país, porque es un rollo – ¿a que si?- . Es mucho más cómodo dejarles hacer lo que les da la gana, llenarles el bolsillo de dinero – no vaya a ser que se metan en la droga o en otros trapicheos, que horror, que peligro- y luego si la lían como este fin de semana en Pozuelo, encima justificarles.

Asi estamos amiguitos, con lo cual habrá que estar preparados para lo peor en cualquier momento, y llegará, pero que no se equivoque nadie, y dejémonos de demagogias, los únicos culpables de lo que sucede con nuestros hijos, somos nosotros, sus padres, una generación acobardada y pusilánime, llena de complejos absurdos, que creemos que educar es llevar a nuestros hijos a colegios de pago, que cuanto más caros mejor y cuando las cosas van mal decir que es el sistema que es muy malo, malo, malísimo…

Esto es lo que hay así que mejor es que vayamos acostumbrándonos, los hemos creado nosotros, así que ahora asumamos, por lo menos las consecuencias. Y esta vez no eran inmigrantes.

Son las once de la noche. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 29 grados. Un día de estos os contaré la historia de una “individua” – y daré nombre y apellidos- por llamarla de algún modo, que está criando a sus hijos en la más absoluta falta de reglas y de respeto, y en el odio profundo hacia el padre, solo por dinero y codicia, y como poco a poco veo que esos niños se están convirtiendo en unos salvajes. Pero eso será motivo de otro post, hoy estoy muy cansada de tanta gilipollez y tanta tontería. Los “niños” de Pozuelo no son una excepción, desgraciadamente.

P.P: Las imagenes son de la agencia efe. Los videos grabados por los propios “protagonistas” has sido descolgados de youtube esta tarde

No pagues por lo que hicieron otros

Empero existe mas peligro de exagerar el interés popular por el mercado que de infravalorarlo. El tópico de que en 1929 todo el mundo jugaba a la bolsa no es ni mucho menos literalmente verdad. Entonces, como ahora, el mercado de valores era para la gran mayoría de los obreros, agricultores y empleados – es decir, la gran mayoría de los norteamericanos-, algo remoto y vagamente siniestro. Entonces como ahora, pocos sabían como había que arreglárselas para comprar títulos; la compra de valores a plazo y con fianza era en todo caso un hecho tan alejado de la vida real de la masa de población como el Casino de Montecarlo. De modo que solo un millón y medio de personas – de una población de unos 120 millones de personas- participaron activamente en el mercado de valores.

John Kenneth Galbraith

Son la seis y cuarto de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 13 grados. ¿Estamos pagando los errores de otros como si fueran nuestros? What kind of fool???