Del #coronavirus también han hecho un relato #NoOlvidamos

Pueden contarnos las historias que quieran desde el gobierno. La creatividad, especialmente de algunos ministros y ministras, del propio presidente o de su vicepresidente de asuntos sociales, es infinita. Es una pena que no se hayan dedicado al noble arte de la narrativa y el relato porque se les da de cine. En cambio, sus capacidades como políticos dejan mucho, pero que mucho que desear. Excuso decir lo que deja de desear su calidad humana.

He tardado varios días en empezar a escribir “largo” – que en el pequeño género de twitter, lo hago todos los días- más que nada porque en caliente, y en este caso, en muy caliente no se debe escribir ni una línea. Lo cierto es que sigo sin enfriarme.

No voy a contar aquí cual es la situación personal y familiar por la que paso, porque seguramente la mía es una más, y habrá incluso peores. Pero si, ese calentamiento, no viene solo por la situación personal en medio de esta pandemia, sino por todo lo que veo, leo y escucho por parte del gobierno, o de los gobiernos. ¿saben? La pandemia del coronavirus, ha puesto de manifiesto lo que ya sabíamos, que no hay un gobierno sino dos, enfrentados y uno de ellos, el de Podemos con el vicepresidente Iglesias que se salta la cuarentena un día sí y otro también, dedicado al chantaje permanente, y a dejar en ridículo a los ministros que no son de su formación. Pero no se equivoquen no voy a escribir de política hoy, voy a escribir de vida, de pura vida, o quizás de muerte, de pura muerte.

El panorama que nos ha tocado vivir hace que me tiemblen las piernas y se me erice el pelo, porque un gobierno endeble y preso de la maldición de los espejos, puede ser perjudicial para los ciudadanos en un escenario normal, excuso decirles lo que puede suponer en medio de una pandemia, con las personas confinadas en sus casas, con más de 10.000 muertos, las uvis saturadas, el personal sanitario infectado en parte, y sin material a la vista de protección, detección y prevención, por no hablar del paisaje económico que es de aúpa. Creo que es lo más parecido a una película de terror de esas que hemos visto de grandes epidemias, pero que claro, esta vez no es una película, es la realidad, la cruda realidad.

Una realidad que, lo mismo, la vemos solo algunos porque el gobierno, a pesar de todo lo que está pasando, sigue con relato para arriba y relato para abajo. Ahora, en su versión de la historia, parece que quieren ignorar la pandemia, porque se refieren a ella como “una crisis parecida a la anterior”, una frase que hace que revuelva. Veo que han optado por no mencionar la palabra pandemia, y ha decidido sustituirla, y solo hablar de crisis. El maquillaje es para las fiestas no para la política, y el tratamiento que nos están dando desde el gobierno a los ciudadanos, tratándonos como si fuésemos niños o inmaduros da verdadero asco, amén del desprecio que se hace de las víctimas de esta pandemia, no reflejando, por cierto, ni un ápice de compasión en sus comparecencias diarias, tan abundantes y tan escasas de transparencia, que hasta los propios periodistas hemos tenido que firmar un manifiesto por #LaLibertadDePreguntar … Fíjense hasta donde estamos llegando.

Cuando salen a la palestra, en ese croma que ha montado La Moncloa de los Ivanes y los asesores, tan aséptico, tan pulcro, tan nítido, tan alejado de la cruda realidad de los hospitales y los “hacinatorios” de los enfermos, para aparecer en las televisiones, no hay apenas menciones para los muertos. Si, los muertos parece que se esfuman en cuanto se enciende el piloto rojo de la cámara a la que hay que mirar. Si, muertos y muertas, como la madre de Vicente, que entro por una puerta de un hospital una mañana y a los dos días le llamaron para darle una cajita con cenizas, o los padres de Rosa, que yacen aun asfixiados en la residencia, en este caso Rosa aún no ha llegado a verlos, o la abuela de Patricia que estaba en su casa saturando a 60 sin que la pudiesen poner oxigeno porque no había un médico que fuera a verla, o el compañero José María, o el hermano de Carlos, o el marido de Ana, o la hermana de Cristina …, cientos de casos que todos los días me llegan, a mí y a otros compañeros, contándonos la historia más terrible de nuestra vida periodística. Pero el gobierno no quiere hablar de los muertos que eso da mala imagen. La mierda de la imagen, la mierda de la sociedad del postureo en la que vivimos, donde se esconde lo desagradable, lo que no conviene desde un punto de vista mediático, el silencio conveniente para poder seguir en la poltrona, para el minuto de gloria, para el tiro de cámara, para que los egos crezcan hasta reventar, y eso si mantener a los corderos en silencio.

El relato, el jodido relato, frente a la realidad que nos ha explotado en la cara con su venganza terrible, como decía Ortega.

Desde mediados de febrero mi hermana la médica y sus compañeros de atención primaria venían advirtiendo que estaban viendo “coronas” en los centros de salud, pero los tachaban de alarmistas, de catastrofistas… “es como una gripe”, pero médicos y medicas como mi hermana, modestísima pediatra de Atención Primaria, con mucha experiencia por la edad y por el trato continuo con pacientes día a día, sabían que no era así. Ellos, seguían con atención los casos y casos que les llegaban, y les preocupaba sobremanera que hubiera un pico de gripe cuando ya estaba bajando la curva de contagios, y que precisamente ese pico de gripe fuera en vacunados. “Son coronas” me decía, mi hermana, una y otra vez, “Marta, son coronas, ten mucho cuidado, hay que recluirse, no hay otra, solo hay una solución: domicilio, domicilio y domicilio”. Así un día tras otro. “No vayas a la manifestación del 8M” “No bajes por el barrio cuando haya partido en el Bernabeu” “No vayas a sitios con mucha gente” “Padre y Madre que no salgan de casa” “No te acerques mucho a ellos, a dos metros, Marta, a dos metros”. 

Todo esto que os cuento sucedía a finales de febrero cuando ya muchos médicos estaban convencidos de lo que se nos venía encima, cuando sabían que no habría efectivos de mascarillas, ni de trajes, ni de guantes, cuando sabían que no habría respiradores, y que las uvis se iban a colapsar, cuando sabían que se iban a contagiar ellos los primeros, como sucedió en el caso de mi hermana. Si ellos lo sabían y lo advirtieron ¿Cómo no iba a saberlo el gobierno? Es tan inverosímil todo…

Pero nadie hizo nada, porque había que seguir con el relato, el siniestro relato. Había que seguir con la matraca de Cataluña, con los viajes a ver a Puigdemont con autobuses llenos de ancianos para mayor gloria del exilado,  con la manifestación del 8M metida con calzador por la Ministra de Igualdad, Irene Montero, que no iba a consentir, que además de tirarle la ley de libertad sexual, otra aberración más llena de sin sentidos como la pérdida de identidad de género, que ahora no me voy a parar en hablar de ello, desde luego, con la que está cayendo,  le quitaran su momento de gloria como ministra, su placer egoísta y ególatra de encabezar la manifestación y salir en todas las televisiones defendiendo la bandera del feminismo, un movimiento por el que ella jamás lucho, hasta que le pareció que eso del feminismo molaba y ella iba a ser más feminista que nadie, eso sí, dejando a las feministas de toda la vida, las que daban la cara, las que sacaron adelante el pacto de estado contra la violencia de género, las que se ocupaban de las maltratadas, las que se ocupaban de las mujeres sin empleo, de las precarias, de las autónomas mil euristas, de las que arañaban cada año milésimas, pero buenas eran, a base de tremendo esfuerzo a la brecha salarial, de las que atendían a las prostitutas víctimas del proxenetismo,  de las que clamaban en el desierto, al margen, fuera de la foto – ya había empezado esa tarea hacía unos meses para sacarlas del encuadre- porque la foto era para ella, de ella, y por ella. Otro ego atronador enmarcado en su relato al margen de la realidad importándole un bledo que pasara lo que pasara. La desaprensión hecha carne y habitando entre nosotras.

¿Saben una cosa? Unos días antes de la manifestación del 8M se reunió la coordinadora del 8M, que agrupa a todas las asociaciones feministas, y en esa reunión las feministas, salvo las asociaciones próximas a Podemos y el propio Ministerio de Igualdad, manifestaron que estaban dispuestas, si Sanidad lo consideraba peligroso, aplazar la manifestación, incluso suspenderla. Pero desde el Ministerio de Igualdad se presionó hasta límites insospechados, poniendo incluso al gobierno en peligro de ruptura, y Sanidad se calló – Illa se plegó a lo que mandaba Sánchez, y Sánchez a lo que mandaba Iglesias, y el gobierno cruzo los dedos y cedió, abriéndole la puerta de par en par a la muerte.

Pero no solo estaba pasando eso, había más, con la manifestación en el horizonte como un hecho absoluto e inaplazable, no se podían tomar medidas para suspender partidos u otros eventos ¿Cómo justificar la suspensión de unos temas si y otros no? Y así una cosa llevo a la otra, y se celebraron los partidos de futbol multitudinarios, si, aun sabiendo los propios directivos de esos equipos lo que se nos venía encima, y también los congresos de los partidos, como VOX, los de la patria y la bandera, otros que tal bailan que llenaron Vistalegre de coronavirus, para que sus egos, también, reventaran de gloria, y seguir con su propio relato.

Todo un Sin Dios, en pro del relato que se iban construyendo unos y otros mientras la realidad avanzaba por nuestras calles, se metía hasta la cocina en nuestros domicilios, se adentraba en nuestras escuelas, llenaba los cines y los teatros, y entraba también, esa realidad sigilosa en los hospitales y en las residencias de ancianos, una realidad infecta sobre unos ciudadanos ajenos, indefensos y rehenes de una panda de desaprensivos que nos han llevado hasta donde estamos ahora mismo.

Y lo peor de todo es que para esos desaprensivos lo que ha pasado no les ha parecido bastante, siguen en su relato, porque ahora, desde luego, si cambian el guion se tienen que apear en marcha de este tren desbocado de la realidad que no se siquiera a donde nos lleva, o si lo sé, no me atrevo ni a escribirlo.

A mis 60 años nunca he llorado tanto como en estos días con un llanto lleno de impotencia, de rabia, de dolor, de ira, de desprecio, pero también de compasión, de angustia, de miedo y de desesperación. He llorado por los muertos y por los vivos, he llorado por mis hijos y mi familia, por mis amigos, por mis compañeros de trabajo, por mis padres, por los vecinos, he llorado por gente que no conozco, por gente que me escribe y ni siquiera sé cómo responderles, pero lo mismo dentro de poco también nos van a decir que está prohibido llorar, no lo descarto, porque los del relato no quieren tampoco llanto, que les estropea el maquillaje y les saca brillos en la imagen. Claro que ellos, me parece, que no saben de sentimientos, es lo que tiene el afán de poder, te hace inmune a los sentimientos, te hace inmune a la humanidad, son donantes vivos de corazón, creo que les late una piedra en el tórax, o ni siquiera eso, pero nosotros no vamos a olvidar, y desde luego alguien tiene que pagar por esto, y tú y yo sabemos ya cuáles son sus nombres. No Olvidamos

Son las siete y media de la tarde. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 15 grados, quizás la primavera más fría de mi vida. Del Coronavirus también han hecho un relato

nota: la imagen pertenece al diario 20 minutos y es del tanatorio de campaña de Barcelona

A ti que tienes 20 años … #Coronavirus  

Supongo que si eres joven y estás viendo lo que está pasando, pensaras que los mayores como siempre somos unos alarmistas y unos miedosos. Que hace muy buen tiempo y que como no hay clase vas a aprovechar estos días para salir, viajar, tomar copas etc 

Pensarás también que el #coronavirus no te va a afectar a ti que tienes 20 años. Pero te equivocas. Si no tomas las medidas que proponen los expertos sanitarios es probable que tus abuelos contraigan la enfermedad, y la tasa de fallecimientos en mayores es muy elevada 

Si, esos abuelos y abuelas que están en riesgo grave de #coronavirus que te limpiaron el culo, te sacaron al parque, que ayudaron a tus padres en las crisis, que en algunos casos te pagaron las vacaciones, que te leyeron cuentos o te hicieron la comida 

Si con eso no te basta, que sepas que el #coronavirus cuanto más tiempo este entre nosotros, afectará más a tu futuro laboral, a tus expectativas como futuro profesional, a esa sociedad del bienestar en la que naciste gracias al esfuerzo precisamente de tus abuelos 

Así que chaval, chavala, ya sé que te parece un mundo no salir en unos días o suspender el viaje de finde que tenías previsto, o estar en casa soportando a eso que vosotros llamáis “mis viejos”, que están muy pesados con el #coronavirus.  Pero la sociedad del bienestar ahora atacada por el #coronavirus, la hacemos todxs y ahora a vosotrxs os toca cumplir con vuestra parte. De antemano os doy las gracias porque al igual que os preocupáis por el medio ambiente y otras nobles causas que os engrandecen como generación, ahora os toca colaborar con esta causa, luchar contra el #coronavirus, probablemente la causa más importante, ahora mismo, de vuestras vidas. Estoy segura que estaréis a la altura. Estoy Segura que lo haréis. Gracias de nuevo

Son las diez de la mañana. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 15 grados. A ti que tienes 20 años … #Coronavirus

Adiós Camelot

Hay nubes grises y amenazantes sobre Camelot. Los muros de sus torres se están llenado de grietas. El cuento de hadas, magos, reyes, caballeros y damas de largos cabellos de oro con el que comenzó Pedro Sánchez su andadura política, se torna sombrío y tenebroso, y se difumina poco a poco mientras sus caballeros de la tabla redonda, sus magos, sus damas y princesas van esfumándose en la niebla de las malas decisiones.

Hay mal rollo en Camelot-Moncloa. A pesar de que los magos Tezanos y Redondo vaticinaban momentos de gloria para el 10 de noviembre, la realidad es que nada ha salido como ellos predecían, y su magia no ha hecho ni el más mínimo efecto. De hecho, hemos comprobado que son un par de impostores y de magia saben poco, tal vez si, algo más de malas artes.

Sánchez está metido en un buen problema, mucho peor que el que tenía en abril. Ahora ya, no le queda más remedio que aceptar lo que exija Pablo Iglesias, que, a base de perder votos, cada vez se consolida más como líder- perplejidades propias que solo pasan en nuestro país- y anda ya llamando a la puerta del castillo pidiendo sitio en la mesa redonda. El caballero negro de la coleta pide ya, ni más ni menos que 6 ministerios, y eso para garantizar la investidura, que no la legislatura, que eso ya lo ira viendo Sir Pablo de Galapagar, que, si Pedro se porta bien, le dejará seguir de inquilino en Moncloa, y si no ya le mandará con el colchón a otra parte.

Todo lo que no quería Sánchez está pasando por esta repetición de elecciones, por cierto, convocadas según Carmen Calvo, por el mismísimo espíritu santo, y que según “il conseglieri” Abalos han servido para frenar a la ultra derecha, a pesar de que VOX ha más que doblado el número de diputados, ha conseguido grupo parlamentario propio, va a tener puesto en la mesa del congreso, y va a tener la capacidad, también, de recurrir leyes en el Tribunal Constitucional. Una extraña manera de frenar.  Impresiona ver como nadie desde las filas del PSOE hace la más mínima reflexión por haber perdido más de 700.000 votos en seis meses, y eso, teniendo la mejor herramienta para conseguir votos que es ser gobierno.

Nada, en el horizonte, vaticina un buen final para esta aventura, ni siquiera le queda el comodín de ciudadanos, que Rivera por fin, y también por insistencia en el dislate, ha terminado destrozando. Albert ha acabado con él mismo y con la marca naranja, que se desangra diseminando a los pocos que quedan por las diferentes formaciones como personajes en busca de autor de una novela fallida. Esos 10 diputados que caben en un taxi o en un ascensor, también tendrán su protagonismo en ese gobierno que tiene que conformar Sánchez, antes de navidades, siempre según la vicepresidenta, y ya se están pensado “que se piden” porque a pesar del descalabro algo van a sacar de este desastre. Porque no se engañen, aquí ya no va de gobernar, va de ir pillando, me temo.

Pero, tal vez, lo peor, es que Sánchez puede necesitar los diputados de ERC, si los “indepes”, los que tienen a su líder en la cárcel de Lladoners, cumpliendo pena por sedición y malversación. Esos ya podéis imaginar lo que “se van a pedir”, no hace falta ser muy avezado para ver cuáles son los cromos que quiere Rufián en este lance.  Es curioso como Sánchez va a empoderar a perdedores y convictos. Es lo que tiene convocar elecciones para ver si suena la flauta, pero como ven esta vez no solo no sonó la flauta, sino que ya no hay flauta con la que soplar, ahora lo que habrá será eso de “no quieres caldo, pues toma dos tazas, Sanchez”

Camelot se va desdibujando, como en La Historia Interminable la nada se iba apoderando de todo. En Camelot ya no solo no duerme Sánchez, ya no duerme prácticamente nadie, porque todo lo que podía salir mal, salió, porque no es que hayan crecido los enanos, peor, han crecido los dragones, si dragones verdes de los que echan fuego y vienen a quemar la democracia, y de paso a todo aquel que se interponga en su camino, y Arturo-Sánchez tiene que entregar su mesa redonda a los que quieren acabar con su reino. La realidad es que Camelot ha pasado de ser un sueño a una pesadilla.

Son las siete de la mañana. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 4 grados. Adios Camelot

 

Menos Patria y Más Concordia

Estamos ahítos de patriotas. Los tenemos de todo tipo: patriotas de la economía, patriotas de la empresa, patriotas de territorios y de barrios, patriotas de marcas, patriotas de tumbas y hasta patriotas de bolsos, como me dijo hace unos días una amiga: “mi patria es mi bolso” – increíble, pero cierto. Una ya no da abasto para tanta exaltación y tanto fanatismo. Se nos ha abierto el tarro de las esencias del patriotismo, se ha esparcido a los cuatro vientos y ahora no sabemos cómo cerrarlo. 

Desde luego siempre he sospechado de aquellos que sacan la bandera, incluida la pirata, para hacer de su capa un sayo y convencernos de que vienen a salvarnos de los malos, de los “otros”, incluso de nosotros mismos. Ellos los patriotas de todo saben perfectamente lo que es bueno o malo para mí, lo que me conviene, lo que tengo que hacer y no hacer, con quien tengo que estar en cada momento, quien puede acercase a mí, a quien tengo que alejar, lo que debo comer y no comer, con quien debo hablar, para que sirven mis impuestos, mi puesto en la empresa, mi negocio, en definitiva mi vida, y todo esto supuestamente por mi bien.  

La verdad es que, hasta hace bien poco, los salvapatrias me daban risa, me parecían unos tipos anacrónicos que, a base de diatribas y discursos grandilocuentes, querían imponer su santa voluntad a base de que yo perdiera la mía. Eran pocos y la sociedad apenas si les hacía demasiado caso, pero lo cierto es que las cosas están cambiando y estos próceres, parece que últimamente se multiplican como las esporas, y lo peor es que cada vez hay más gente que los escucha, y lo que es todavía peor, les cree. No sé si tanta maquina y tanto algoritmo nos está volviendo tontos, no sé si es que no nos alimentamos bien, que tenemos demasiado estrés o que se yo lo que está pasando para que estemos prestando una atención dilecta a estos individuos e individuas que poco a poco se van haciendo con “el patio”. 

Me da la náusea con tanta bandera de unos y otros para arriba y para abajo, cuando sabemos que las banderas tienen mástiles y que la historia nos demuestra que los utilizamos con frecuencia para arrearnos una y otra vez. No en vano en Europa nos hemos dado de banderazos varias veces a través de los siglos con unas consecuencias nefastas. Ahora, y no hace falta que de nombres, pues seguro que ustedes leen la prensa todos los días, hemos vuelto a eso de “mi patria, mi bandera”, una frase que queda muy mona como eslogan en cualquier caso, pero que apenas tiene significado, una frase que en vez de sacar lo mejor de cada uno, nos vuelve agresivos, incívicos, brutales y violentos, véase el caso de Cataluña, del Reino Unido, o de los fascismos de nueva generación esparcidos por España y Europa, que con racionalidad cero, andan haciendo un desaguisado detrás de otro. 

Háganme el favor de pensar que hay detrás de todo ese patriotismo coyuntural que nos invade. Háganme el favor de pararse unos minutos para darle una vueltecita a todo ese discurso vacío que nos impulsa al sin sentido más absurdo. Háganme el favor de pensar que les reporta todo ese patriotismo de attrezzo que nos convoca a los actos más violentos y deleznables. Háganme el favor de pensar si verdaderamente eso de la patria, que ahora se usa con una frivolidad de tamaño natural, les reporta algún beneficio o alguna satisfacción, que no sea la de dar suelta a la adrenalina durante un rato. 

Ni las pensiones, ni la desigualdad, ni el empleo, ni la sanidad, ni la educación, ni otros problemas de urgencia y perentorios para los españoles, se solucionan a base de eso que llaman patriotismo, y que de derecha a izquierda ahora todos usan como el comodín del público para distraernos, y desde luego, como fin último para someternos. Abran los ojos cuanto antes, fuera a ser que después de una borrachera patriótica de esas con la que nos embriagan, nos encontremos que hemos perdido toda la libertad de la que hemos gozado en los últimos años, y nos encontremos en manos de “un patriota” cuya patria sea la suya particular, para sus intereses particulares, y para sus intenciones personales. No digan que no les he avisado. Así que menos patria y mas gobierno, menos patria y más soluciones, menos patria y más gestión, y desde luego, menos patria y más concordia, que ha costado mucho llegar hasta aquí para que venga ahora un tipo envuelto en una bandera a tirarlo todo por la borda. ¡Vamos, faltaría más!   

Son las doce de la noche. Llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 12 grados. Menos Patria y Mas concordia.  

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí #VOX

Está claro que los dos grandes vencedores en estas elecciones son el PSOE y Ciudadanos. No cabe ninguna duda. Dos partidos que, con opciones ideológicas diferentes han tendido hacia el centro, y ya sabemos que en España el que juega acercándose hacia el centro, gana las elecciones. Ya sucedió antes. Con Felipe, con Zapatero, con Rajoy, según se acercaron más o menos a posiciones de moderación y dialogo, con más pragmatismo que ideología, ganaron o perdieron votos. No somos un país de extremos, aunque haya algunos que se empeñen en llevarnos a esos escenarios, incluidos nosotros los medios de comunicación, porque obviamente “vende” mucho más el sensacionalismo de los radicales, por la derecha y por la izquierda, que las posiciones centradas, pragmáticas y transversales.

También hay mucho perdedor en estos comicios, aunque a estas horas intenten esconderlo. Para empezar el Partido Popular, que en una campaña escorada hacia la derecha y haciéndose eco de propuestas que jamás vimos en la última etapa de gobierno de ese partido, le han llevado al peor resultado de su historia reciente. Con una intención de opacar la etapa de Rajoy, no han sabido encauzar los logros económicos de su etapa de gobierno, y se han acercado peligrosamente hacia posiciones que dejaban a los ciudadanos y a las ciudadanas hacia la duda ¿Para qué votar una opción si hay otra, VOX, que define esa derecha anacrónica y a la que, en el penúltimo día de campaña, ya anuncio Casado, que estaba dispuesto a que entrara en su gobierno si ganaba las elecciones? ¿Cómo votar a un partido que se acerca peligrosamente a opciones xenófobas, machistas y homófobas, en una sociedad que ya tiene superados esas discriminaciones? El error de PP es de manual, y desde luego, o enmiendan esa deriva ideológica o probablemente desaparezcan. Amén de que el recuerdo en el elector de la corrupción aún está muy reciente, por mucho cambio de caras que hayan hecho.

Otro de los perdedores es Unidas Podemos. Insisto, la radicalidad no gusta al elector. A pesar de los vanos intentos de Pablo Iglesias de aparecer como un abad en los debates, con un tufo impostado de pacificador y domador de tormentas, los y las votantes de la izquierda han desconfiado de la opción morada. Su intento de última hora de apuntarse a las tesis feministas, cuando nunca estuvo en su adn, con ese cambio de nombre al femenino: Unidas Podemos, no ha valido para mucho. De hecho, le ha restado votos. No hay nada que guste menos a las feministas, que se las utilice para lavados la cara, y distraer la atención de otros temas de más importancia. Los que seguimos el parlamento de cerca, hemos visto como le ponían palos en las ruedas al PSOE, una y otra vez en temas de políticas de igualdad de género.

Y otro de los perdedores, a pesar de haber conseguido un escaño más, ha sido el PNV. Anoche escuche ya a algún dirigente de esta formación ponerse medallas, pero … – ¡Ay los peros, cuanto cuentan los peros! – han sido incapaces de frenar el crecimiento de Bildu, que duplica sus resultados en los territorios vascos. Mala noticia para el PNV, que no sé si es que no lo ve, o que no quiere verlo.

Tal vez, y solo tal vez, la mejor noticia es que el PSOE puede gobernar en solitario, y si se esmera, hacerlo durante cuatro años, aportando estabilidad a este país, que tanto lo necesita. Claro, eso si saben embridar bien el tema catalán, que tanto distorsiona el panorama. Con estos resultados los independentistas no juegan la partida en el Congreso, pero si la juegan en la calle que es su territorio desde hace unos meses. El acierto o el error en el tema catalán por parte de Pedro Sánchez es un tema decisivo en esta legislatura. Al loro, con esto, porque que como vemos ya no es un tema local, sino que se ha extendido como una mancha de aceite, a todo el territorio nacional, condicionando la opinión de los ciudadanos de cualquier parte de España.

Y la peor noticia, de estas elecciones generales, y que me quita el sueño desde hace algún tiempo, es la irrupción en el congreso de VOX, un partido fascista, y que no lo esconde, en estado puro, lleno de odio, machismo, homofobia y xenofobia. Sus 24 diputados, desde luego no van a ser relevantes para ninguna acción parlamentaria, pero van a tener grupo propio, van a tener presupuesto público y van a ser un altavoz permanente del totalitarismo en la cámara baja. No es una buena noticia que las mujeres de este país tengamos que pagar de nuestros impuestos la “estancia” de los diputados de VOX en el parlamento, y digo las mujeres, porque entre sus principales objetivos de odio, estamos nosotras. Tener un partido con voz y voto en el parlamento, que ha sido capaz de sembrar la duda sobre las acciones encaminadas a la igualdad de derechos que han llevado a cabo las distintas administraciones a lo largo del tiempo, es malo. Tener a un partido que ha puesto en duda la lucha contra la violencia de género y las políticas de protección a las mujeres víctimas de esa violencia, es malo. Tener un partido, en el corazón de la democracia, que es el parlamento, que miente, una y otra vez sobre las denuncias sobre violencia de género, y ha sembrado la duda sobre el tema de las denuncias, es malo. Tener un partido que miente sobre las mujeres – entre otras cosas- que odia a la mujer libre e independiente, que quiere relegar a la mujer a posiciones, que creímos superadas, es francamente malo. Y con eso hay que lidiar en esta legislatura.

Ninguno de los cuatro partidos más fuertes en estos comicios ha sido capaces de cerrarles las puertas del parlamento, y 24 diputados – aunque algunos digan que podía haber sido peor, eso desde luego no es un consuelo- son muchos diputados, son muchas voces, amén de sus seguidores que desde luego son lo peor de cada casa, con unas conversaciones de bar y testosterona que ponen los pelos como escarpias. Tal vez esos cuatro partidos, además de los independentistas, que están todos como Antón Pirulero: “que cada cual atienda a su juego”, deberían hacérselo mirar, y trabajar, para que en esta legislatura el fascismo, encarnado claramente en VOX, desaparezca y deje de crecer en nuestro país, porque de momento como escribió el hondureño Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 19 grados. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

 

Ni desenterramos a Franco, ni enterramos a Espinete #VeranoDel18

El verano se apodera de nosotros y escribimos sobre cosas de las que no tenemos costumbre. Tal vez sería muy placentero hacerlo a diario y no tener que bregar con la realidad sórdida, porque si no es sórdida no es realidad, que nos roza la piel, haciéndonos cada día más insensibles a la magia, al cuento, a la ilusión, al deseo y a la quimera.

El aire cálido de la tarde no tiene fin hoy, y me entrego a la lectura salpicada, que es como se lee ahora en modo tequi, de la noticia y lo noticioso. A pesar de estar a finales de julio hay tema, que decía un redactor jefe que tuve hace tanto tiempo que parece de otra vida, y tema para rato. Pero el tema, es el monotema, lo insistente y permanente, lo constante, y tan anclado en la paginas de los digitales, que parece que el webmaster calcara cada día la portada del día anterior. Entre el “más de lo mismo” veo que nos ha entrado la fiebre de enterrar y desenterrar, como si con estos calores fuera la tarea más idónea.

Hemos empezado por intentar desenterrar a Franco, el pequeño dictador que fue a parar al Valle de los Caídos, ese mausoleo hortera que preside la sierra de Madrid hacia donde el sol se pone. Siempre pensé que era muy curioso que los del “cara al sol” colocarán a su amado líder precisamente en el ocaso. Y también, hemos decidido enterrar a Espinete, que anda en paradero desconocido por los andurriales basureros de San Fernando de Henares, esperando que le den tierra, si es que queda ya algo de él.

Personalmente, siempre he sido partidaria de la voladura controlada de ese panteón siniestro que siempre me encuentro de frente cuando voy hacia El Escorial. Es el monumento a la herida, a la lesión que nos dejó la guerra civil, a unos en forma de historia, y a otros, aún vivos, en forma de recuerdo de lo que no tuvo que pasar nunca. Sin embargo, nadie en estos años de democracia ha conseguido bajar el telón definitivo de ese relato, y mucho me temo que ahora tampoco van a conseguirlo. Tal vez haya un punto de magia en todo esto. Es como si el dictador se aferrara a esa montaña artificial y megalítica, coronada por una gran cruz, de la que también se apropió el tirano, y dentro de sus tripas estuviera tejiendo en estos años una patraña virtual de permanencia y presencia, que ha hecho su nombre imborrable, inolvidable y desgraciadamente perdurable. Porque no se equivoquen, pasan los años, y casi los siglos, y seguimos hablando de Franco. El relato inacabado de la dictadura pervive, presidiendo la sierra de Guadarrama, y nosotros en el llano, seguimos bajo el manto de ese magnetismo aciago, atrapados en la memoria, y a la vez intentando olvidarle. Una contradicción que como una maldición nos persigue a lo largo del tiempo.

Y mientras, en ese afán de inhumar y exhumar que nos ha entrado, buscamos los restos de Espinete, el erizo gigante rosa de la tele, que ahora anda perdido en un albañal de la zona sur de Madrid encapsulado con los trajes de Letizia, todo contaminado de amianto. Ese amianto que en esta santa casa donde trabajo negaron una y otra vez, hasta que la evidencia fue tan fuerte que tuvieron que derribar los estudios y aislar todo lo que había dentro, incluido al pobre erizo que solo se vestía para irse a la cama. Me pregunto como nadie se dio cuenta de que los niños y niñas de entonces, se deleitaban con un erizo parlanchín que se paseaba desnudo por la pantalla. ¡Madre mía que falta de decoro¡ :))  . Ni siquiera los restos mortales del Consejo de Administración han sido capaces de aclarar la situación. Han dejado escrito a sus sucesores, si alguna vez los hay, que ha quedado abierta y sin cerrar una investigación sobre el erizo y demás entes, que yacían en los estudios derrumbados, sin ninguna conclusión posible. Hemos matado a Espinete y ni siquiera le hemos dado tierra.

Somos un país extraño. Nos aferramos demasiado a lo que simbolizó algo, sea lo que sea, incluso cuando lo que eso supuso, vaya contra nosotros. Empezamos y casi nunca acabamos, dejamos las puertas entreabiertas, nos tapamos la cara con las manos, pero dejamos un resquicio entre los dedos para ver de vez en cuando, y en esa espiral infinita en la que vivimos, nos gusta hacer ejercicios de giro de cabeza para tener siempre la elasticidad de poder mirar atrás, aunque sea de soslayo de vez en cuando. Necesitamos el recuerdo para odiar o para amar, se nos hace bola el olvido, y volvemos una y otra vez sobre fantasmas, unos dulces y otros amargos para, quizás, reafirmarnos en lo que somos o queremos ser,  y en este afán tan surrealista, propio de una película de Jose Luis Cuerda,  ya ven, no somos capaces de desenterrar a Franco, ni tampoco de enterrar a Espinete. Tal vez sea verdad ese topicazo de que España, es diferente.

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 30 grados. Ni desenterramos a Franco, ni enterramos a Espinete