Adiós Camelot

Hay nubes grises y amenazantes sobre Camelot. Los muros de sus torres se están llenado de grietas. El cuento de hadas, magos, reyes, caballeros y damas de largos cabellos de oro con el que comenzó Pedro Sánchez su andadura política, se torna sombrío y tenebroso, y se difumina poco a poco mientras sus caballeros de la tabla redonda, sus magos, sus damas y princesas van esfumándose en la niebla de las malas decisiones.

Hay mal rollo en Camelot-Moncloa. A pesar de que los magos Tezanos y Redondo vaticinaban momentos de gloria para el 10 de noviembre, la realidad es que nada ha salido como ellos predecían, y su magia no ha hecho ni el más mínimo efecto. De hecho, hemos comprobado que son un par de impostores y de magia saben poco, tal vez si, algo más de malas artes.

Sánchez está metido en un buen problema, mucho peor que el que tenía en abril. Ahora ya, no le queda más remedio que aceptar lo que exija Pablo Iglesias, que, a base de perder votos, cada vez se consolida más como líder- perplejidades propias que solo pasan en nuestro país- y anda ya llamando a la puerta del castillo pidiendo sitio en la mesa redonda. El caballero negro de la coleta pide ya, ni más ni menos que 6 ministerios, y eso para garantizar la investidura, que no la legislatura, que eso ya lo ira viendo Sir Pablo de Galapagar, que, si Pedro se porta bien, le dejará seguir de inquilino en Moncloa, y si no ya le mandará con el colchón a otra parte.

Todo lo que no quería Sánchez está pasando por esta repetición de elecciones, por cierto, convocadas según Carmen Calvo, por el mismísimo espíritu santo, y que según “il conseglieri” Abalos han servido para frenar a la ultra derecha, a pesar de que VOX ha más que doblado el número de diputados, ha conseguido grupo parlamentario propio, va a tener puesto en la mesa del congreso, y va a tener la capacidad, también, de recurrir leyes en el Tribunal Constitucional. Una extraña manera de frenar.  Impresiona ver como nadie desde las filas del PSOE hace la más mínima reflexión por haber perdido más de 700.000 votos en seis meses, y eso, teniendo la mejor herramienta para conseguir votos que es ser gobierno.

Nada, en el horizonte, vaticina un buen final para esta aventura, ni siquiera le queda el comodín de ciudadanos, que Rivera por fin, y también por insistencia en el dislate, ha terminado destrozando. Albert ha acabado con él mismo y con la marca naranja, que se desangra diseminando a los pocos que quedan por las diferentes formaciones como personajes en busca de autor de una novela fallida. Esos 10 diputados que caben en un taxi o en un ascensor, también tendrán su protagonismo en ese gobierno que tiene que conformar Sánchez, antes de navidades, siempre según la vicepresidenta, y ya se están pensado “que se piden” porque a pesar del descalabro algo van a sacar de este desastre. Porque no se engañen, aquí ya no va de gobernar, va de ir pillando, me temo.

Pero, tal vez, lo peor, es que Sánchez puede necesitar los diputados de ERC, si los “indepes”, los que tienen a su líder en la cárcel de Lladoners, cumpliendo pena por sedición y malversación. Esos ya podéis imaginar lo que “se van a pedir”, no hace falta ser muy avezado para ver cuáles son los cromos que quiere Rufián en este lance.  Es curioso como Sánchez va a empoderar a perdedores y convictos. Es lo que tiene convocar elecciones para ver si suena la flauta, pero como ven esta vez no solo no sonó la flauta, sino que ya no hay flauta con la que soplar, ahora lo que habrá será eso de “no quieres caldo, pues toma dos tazas, Sanchez”

Camelot se va desdibujando, como en La Historia Interminable la nada se iba apoderando de todo. En Camelot ya no solo no duerme Sánchez, ya no duerme prácticamente nadie, porque todo lo que podía salir mal, salió, porque no es que hayan crecido los enanos, peor, han crecido los dragones, si dragones verdes de los que echan fuego y vienen a quemar la democracia, y de paso a todo aquel que se interponga en su camino, y Arturo-Sánchez tiene que entregar su mesa redonda a los que quieren acabar con su reino. La realidad es que Camelot ha pasado de ser un sueño a una pesadilla.

Son las siete de la mañana. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 4 grados. Adios Camelot

 

Díaz Ayuso y Aguado a la puerta del 36 del Ministerio del Tiempo

En un ejercicio de dislate y anacronismo propio de mi abuela, la presidenta de la comunidad de Madrid Díaz Ayuso, en respuesta a una pregunta de Rocío Monasterio, la monja alférez de VOX, sobre la posición de la asamblea de Madrid por la exhumación de Franco, ayer la lió parda cuando lanzó una diatriba, señalando a la izquierda, con la frase “¿Será lo siguiente la Cruz del Valle, todo el Valle las parroquias del barrio arderán como en el 36?” Y como la sesión andaba ya poseída por el esperpento y el absurdo, Aguado, de ciudadanos, desde la vicepresidencia, amplificó el espectáculo afirmando que él iba a ser el garante de que no hubiera quema de iglesias y parroquias.

Ligar la exhumación del dictador con la quema de iglesias tiene su mérito, es una de las piruetas más difíciles que he visto últimamente, y todo ello para justificar la urticaria que le da la ley de memoria histórica, en la que parece que está muy empeñada en entrar, a pesar de que el tema no sea de su competencia. Parece que a la prócer se le olvida que el trabajo que le hemos encomendado los madrileños como presidenta de la comunidad autónoma es resolvernos los problemas y no crearnos más, y desde luego no inquietarnos con cuentos viejunos sobre quemas de iglesias y conventos, muy alejado de la realidad en la que vivimos.

Lo cierto es que ayer mientras la escuchaba me empezó a entrar eso que llaman mal rollo, porque una espera cualquier cosa, en cuanto a burradas y fascistadas, en lo que se refiere de VOX, pero escuchar en una mujer joven, representante de un partido liberal, supuestamente moderno, una arenga propia de la Sección Femenina, de tan infausto recuerdo, hizo que se me revolviera el cuerpo.

No sé quién le escribió la respuesta a la señora Díaz Ayuso, porque la contestación, como vimos todos, la traía escrita en unas cuartillas, pero desde luego flaco favor le hace a su propio partido, que tiene a los ciudadanos con la mosca tras la oreja por esos coqueteos con la extrema derecha que le dan de vez en cuando. Por mucho que se esfuerce Casado por mantenerse al margen de temas como este, la Sra Diaz Ayuso ayer le tiro media campaña electoral por la borda. Claro, que ese es un problema del Partido Popular. Allá ellos si hacen una política de extrema derecha porque los electores votarán extrema derecha y no derecha, y para eso desde luego, que es de primero de columpios de política, optaran por hacerlo por la marca original de esa tendencia, que es VOX. Pero lo que sí es un problema de todos es tener una presidenta de la Comunidad de Madrid, que desde la más absoluta irresponsabilidad agita, revuelve, asusta y enfrenta a los madrileños con arengas incendiarias que verdaderamente dan angustia, y un vicepresidente, Aguado, de Ciudadanos, que corroboró esos argumentos, garantizándonos que eso no iba a suceder …. A-lu-ci-nan-te …

¿Saben? Si tuviera las llaves de las puertas del Ministerio del Tiempo, les abría la puerta a ambos de 1936. Probablemente en esa fecha se sentirían más cómodos los dos.  A ver si hay suerte y Salvador Marti, Subdirector del Ministerio del Tiempo envía a Ayuso y Aguado a la puerta del 36.

Son las diez de la noche. No llueve en Madrid y la temperatura exterior es de 21 grados. Diaz Ayuso y Aguado a la puerta del 36 del Ministerio del Tiempo.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí #VOX

Está claro que los dos grandes vencedores en estas elecciones son el PSOE y Ciudadanos. No cabe ninguna duda. Dos partidos que, con opciones ideológicas diferentes han tendido hacia el centro, y ya sabemos que en España el que juega acercándose hacia el centro, gana las elecciones. Ya sucedió antes. Con Felipe, con Zapatero, con Rajoy, según se acercaron más o menos a posiciones de moderación y dialogo, con más pragmatismo que ideología, ganaron o perdieron votos. No somos un país de extremos, aunque haya algunos que se empeñen en llevarnos a esos escenarios, incluidos nosotros los medios de comunicación, porque obviamente “vende” mucho más el sensacionalismo de los radicales, por la derecha y por la izquierda, que las posiciones centradas, pragmáticas y transversales.

También hay mucho perdedor en estos comicios, aunque a estas horas intenten esconderlo. Para empezar el Partido Popular, que en una campaña escorada hacia la derecha y haciéndose eco de propuestas que jamás vimos en la última etapa de gobierno de ese partido, le han llevado al peor resultado de su historia reciente. Con una intención de opacar la etapa de Rajoy, no han sabido encauzar los logros económicos de su etapa de gobierno, y se han acercado peligrosamente hacia posiciones que dejaban a los ciudadanos y a las ciudadanas hacia la duda ¿Para qué votar una opción si hay otra, VOX, que define esa derecha anacrónica y a la que, en el penúltimo día de campaña, ya anuncio Casado, que estaba dispuesto a que entrara en su gobierno si ganaba las elecciones? ¿Cómo votar a un partido que se acerca peligrosamente a opciones xenófobas, machistas y homófobas, en una sociedad que ya tiene superados esas discriminaciones? El error de PP es de manual, y desde luego, o enmiendan esa deriva ideológica o probablemente desaparezcan. Amén de que el recuerdo en el elector de la corrupción aún está muy reciente, por mucho cambio de caras que hayan hecho.

Otro de los perdedores es Unidas Podemos. Insisto, la radicalidad no gusta al elector. A pesar de los vanos intentos de Pablo Iglesias de aparecer como un abad en los debates, con un tufo impostado de pacificador y domador de tormentas, los y las votantes de la izquierda han desconfiado de la opción morada. Su intento de última hora de apuntarse a las tesis feministas, cuando nunca estuvo en su adn, con ese cambio de nombre al femenino: Unidas Podemos, no ha valido para mucho. De hecho, le ha restado votos. No hay nada que guste menos a las feministas, que se las utilice para lavados la cara, y distraer la atención de otros temas de más importancia. Los que seguimos el parlamento de cerca, hemos visto como le ponían palos en las ruedas al PSOE, una y otra vez en temas de políticas de igualdad de género.

Y otro de los perdedores, a pesar de haber conseguido un escaño más, ha sido el PNV. Anoche escuche ya a algún dirigente de esta formación ponerse medallas, pero … – ¡Ay los peros, cuanto cuentan los peros! – han sido incapaces de frenar el crecimiento de Bildu, que duplica sus resultados en los territorios vascos. Mala noticia para el PNV, que no sé si es que no lo ve, o que no quiere verlo.

Tal vez, y solo tal vez, la mejor noticia es que el PSOE puede gobernar en solitario, y si se esmera, hacerlo durante cuatro años, aportando estabilidad a este país, que tanto lo necesita. Claro, eso si saben embridar bien el tema catalán, que tanto distorsiona el panorama. Con estos resultados los independentistas no juegan la partida en el Congreso, pero si la juegan en la calle que es su territorio desde hace unos meses. El acierto o el error en el tema catalán por parte de Pedro Sánchez es un tema decisivo en esta legislatura. Al loro, con esto, porque que como vemos ya no es un tema local, sino que se ha extendido como una mancha de aceite, a todo el territorio nacional, condicionando la opinión de los ciudadanos de cualquier parte de España.

Y la peor noticia, de estas elecciones generales, y que me quita el sueño desde hace algún tiempo, es la irrupción en el congreso de VOX, un partido fascista, y que no lo esconde, en estado puro, lleno de odio, machismo, homofobia y xenofobia. Sus 24 diputados, desde luego no van a ser relevantes para ninguna acción parlamentaria, pero van a tener grupo propio, van a tener presupuesto público y van a ser un altavoz permanente del totalitarismo en la cámara baja. No es una buena noticia que las mujeres de este país tengamos que pagar de nuestros impuestos la “estancia” de los diputados de VOX en el parlamento, y digo las mujeres, porque entre sus principales objetivos de odio, estamos nosotras. Tener un partido con voz y voto en el parlamento, que ha sido capaz de sembrar la duda sobre las acciones encaminadas a la igualdad de derechos que han llevado a cabo las distintas administraciones a lo largo del tiempo, es malo. Tener a un partido que ha puesto en duda la lucha contra la violencia de género y las políticas de protección a las mujeres víctimas de esa violencia, es malo. Tener un partido, en el corazón de la democracia, que es el parlamento, que miente, una y otra vez sobre las denuncias sobre violencia de género, y ha sembrado la duda sobre el tema de las denuncias, es malo. Tener un partido que miente sobre las mujeres – entre otras cosas- que odia a la mujer libre e independiente, que quiere relegar a la mujer a posiciones, que creímos superadas, es francamente malo. Y con eso hay que lidiar en esta legislatura.

Ninguno de los cuatro partidos más fuertes en estos comicios ha sido capaces de cerrarles las puertas del parlamento, y 24 diputados – aunque algunos digan que podía haber sido peor, eso desde luego no es un consuelo- son muchos diputados, son muchas voces, amén de sus seguidores que desde luego son lo peor de cada casa, con unas conversaciones de bar y testosterona que ponen los pelos como escarpias. Tal vez esos cuatro partidos, además de los independentistas, que están todos como Antón Pirulero: “que cada cual atienda a su juego”, deberían hacérselo mirar, y trabajar, para que en esta legislatura el fascismo, encarnado claramente en VOX, desaparezca y deje de crecer en nuestro país, porque de momento como escribió el hondureño Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 19 grados. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

 

Las mujeres no damos nuestro voto a cambio de nada, que les quede claro. #28A #EleccionesGenerales

Hay que ver la cantidad de mensajes vacíos, dirigidos a mujeres, que estoy escuchando en esta campaña electoral. Nos hablan los líderes hombres como si las mujeres de este país hubiésemos nacido ayer, y no tuviéramos memoria. Somos, las mujeres, sus votantes carpe diem, si, de las que se acuerdan, como nos acordamos de Santa Bárbara, solamente cuando truena, y ahora en mitad de la tormenta electoral, con ocho millones de indecisos, la mayoría mujeres, vuelven sus ojos hacia nosotras para pedirnos el voto, eso sí a cambio de nada.

Nada, sí, porque si repasamos que es lo que han hecho los distintos gobiernos que han pasado por Moncloa en estos últimos años veremos que todo sigue más o menos igual, incluso en algunos aspectos, vamos a peor. Y si leemos los programas de los partidos políticos, con responsabilidad de gobierno o no, veremos que le dedican algún epígrafe para cubrir el expediente y poco más. Eso sí mucho diagnóstico, no se para que exactamente, pero poca solución. Y sino miremos a estos temas: pensiones precarias para las mujeres o ausencia de estas, brecha salarial, prostitución, aborto, custodias en caso de divorcio, natalidad, corresponsabilidad, conciliación, violencia sexual, violencia de género, pornografía, vientres de alquiler, brecha de poder, desahucios de mujeres, paro femenino, precariedad laboral, profunda soledad y abandono de la mujer rural, discriminación continua en el más amplio significado de esa palabra, y ¿que ofrecen para solucionarlos?. NADA.

Asistimos, ya de continuo a campaña electorales, cada año varias, como si fuera una epidemia de políticos corriendo detrás del poder, pero el poder ¿para qué? ¿Para hacer exactamente qué? ¿Dónde están las mujeres liderando la política? Y esta campaña masculina llena de líderes varones, con asesores varones, con debates entre hombres, que nos hacen una y otra vez “mansplaining”, y nos cuentan que es lo que tenemos o no tenemos que hacer, personalmente me enerva. Me empiezo a preguntar, y es una cuestión peligrosa, como nos beneficia a las mujeres, que esté uno u otro partido en el poder, si estamos al margen de sus agendas. Si los problemas que tenemos no se abordan cuando unos u otros llegan al poder con nuestros votos. Si, esos votos que se afanan a solicitarnos en sus peroratas interminables, sobre planteamientos cada vez más alejados de nuestra realidad, van a servir para algo. Me pregunto, si van a tener utilidad a la hora de cambiar una sociedad machista como esta, por una sociedad en la que los hombres y las mujeres tengan igualdad real. La respuesta, de momento, es NO y a los hechos me remito.

El feminismo se ha convertido en una coartada en la política, o mejor dicho en una coartada de los políticos que lideran. Hemos vuelto a la casilla de salida, pasando de sujetos a meras herramientas, que se usan cuando conviene, y que cuando no les presta, nos vuelven a encerrar en la caja de los juguetes olvidados.

Los debates de estos días han sido tremendamente delatores en este aspecto. Desde usar la violencia de género como arma arrojadiza entre ellos, para ver quien se lanza más muertas al atril, hasta ver la brecha de género en vivo y en directo en un plato con hombres en posición de poder debatiendo y mujeres limpiando el suelo y maquillando.

Más de la mitad de las personas de este país somos mujeres y tenemos eso que tanto desean en estos días esos líderes políticos masculinos: un voto en el bolsillo. Si, ese derecho al voto por el que tanto pelearon nuestras antepasadas para que tuviéramos poder de decisión en la política, pero la realidad es que ahora mismo no decidimos nada, son ellos los que utilizando nuestras papeletas van a resolver por nosotras, van a seguir diciéndonos que es lo que tenemos que hacer, que es lo que más nos conviene, eso sí, sin solucionar ni uno solo de los problemas que nos llevan acuciando y que nos hace ser ciudadanas de segunda categoría.

Si el 8 de marzo del pasado año, y el de este, verdaderamente, han marcado un cambio en las reivindicaciones por los derechos de las mujeres, no me cabe ninguna duda de que el próximo 28 de Abril debería haber una abstención masiva entre las mujeres, porque ninguno de los líderes que se postulan para presidir el país han sabido encauzar las necesidades de igualdad – un derecho constitucional, por cierto – que demandamos las mujeres. La paciencia tiene un límite, y la nuestra me parece que se ha agotado. Las mujeres no damos nuestro voto a cambio de nada, que les quede claro.

Son las once de la mañana. Llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 10 grados.

 

200 millones contra la Violencia de Género no son ciento volando #Presupuestos

Se materializó esta semana la moción de censura y tenemos un nuevo presidente de gobierno, Pedro Sánchez.

Como siempre en estos trances, cuando la política intenta vender lo que lleva en la cesta se menciona muchas veces la palabra mujer y la palabra igualdad, siempre por hombres, todo hay que decirlo, porque la política española a pesar de ser uno de los pocos espacios donde hay cuota para que las mujeres puedan participar, qué no mandar, sigue siendo un espacio masculino.

Una que es escéptica, no por vocación, sino por puro desgaste ha puesto en cuarentena  lo que se dijo allí. A mis años he visto pasar a muchos líderes que nos han contado todo lo que iban a hacer en pro de conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, porque no les quepa duda que estos temas de igualdad y feminismo quedan muy bien en los discursos. Otra cosa ha sido cuando han tenido responsabilidad de poder y ha tenido que materializar esos discursos. La realidad nos dice que el resultado ha sido escaso. No obstante, una también que tiene fe en el género humano, a pesar de que la deshumanización con la que se inviste la especie política una vez que llega al poder es más que manifiesta, confía y espera que tal vez en esta legislatura, no se queden en la palabra y pasen a la acción. No me refiero a gobiernos paritarios con los que cubrir la foto fija del Consejo de Ministros, que eso es fácil, facilísimo. Me refiero a la lucha contra la violencia de género, a las cuotas, a la voladura definitiva del techo de cristal, a la conciliación, a los horarios racionales, a la igualdad, a conseguir definitivamente la esa igualdad entre hombres y mujeres.

En los presupuestos hay comprometidos 200 millones de euros para la lucha contra la violencia de género por el Pacto de Estado, y es de desear, que dejen al margen lo que les desune para poder ejecutar este gasto. No se equivoquen, es un dinero nuestro, que no de los que gobiernan o gobernaron. Es el resultado de nuestro esfuerzo y nuestro trabajo materializado en impuestos pagados por hombres y mujeres con un fin claro: Acabar con la Violencia de Género, y eso, es urgente y perentorio.

La Moción de Censura nos ha enseñado una lección más de democracia y hemos por fin aprobado una asignatura pendiente de la transición: que los gobiernos también se ganan en el parlamento, y como escribía hace unos días, no pasa nada.  Una vez aprendida esta lección, espero y deseo que también vayamos aprendiendo otra:  sin igualdad real entre hombres y mujeres no hay democracia por mucho parlamento, moción de censura, por muchos pactos y demás zarandajas.  Que si la subida de las pensiones es urgente, también lo es acabar con la violencia machista, porque cada día asistimos a un nuevo asesinato, violación, abuso, agresión,  y no sigo porque me deprimo con la lista de delitos contra la mujer, que pasan sin dinero para evitarlos, sin castigo para corregirlos, y sin ayuda para las víctimas y sus familiares. Last call, como dicen en los aeropuertos,  las mujeres están esperando y se nos acaba la paciencia. Flaco favor le harían a este país, si se enzarzan en una lucha por esos 200 millones para la lucha contra la violencia de género. 200 millones contra la Violencia de Género no son ciento volando

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 20 grados.

La Playa

Y mientras me voy durmiendo con el ruido de la lluvia de Mayo en los cristales, en esa duermevela donde dicen que se aparecen los espíritus, enfrento una tremenda bola de recuerdos. Es verano. Estoy en la playa. Bajo una sombrilla tricolor, una pamela gigante, y unas gafas oscuras que me protegen del sol de agosto, que se alía con ese enemigo que quiere comerme la cara a trozos, veo a alguna gente de lejos en ese recuerdo, y de pronto ya estoy dentro del recuerdo. El libro que leo se escurre entre las manos hasta caer sobre la arena, levanto la vista,  y allí en la playa, siempre están ellos.

Para que se ubiquen, mi memoria ha volado hasta la playa de Guadalmina, un santuario de pijos, una capilla de vanidades en los que una pasarela de tipos y tipas uniformados con traje de baño de vilebrequin, ellos, y de Eres, ellas, siempre a juego con el de sus niñas, han hecho su nido. Y allí José Mari, Ana, Anita y su prole recalan a diario con su Camelot particular y peculiar entre los “suyos” que es donde se sienten más cómodos.

Allí José Mari aun es el rey, ya sin corona, pero con trono y tronío, aunque ese solio sea ahora una tumbona de hotel, que un guardaespaldas, o dos, a veces, escolta con celo desde la valla que da acceso a la playa. Y en esa playa siempre pasan cosas, siempre hay gente que viene y va, que está y luego desaparece. Yo, desde mi sombrilla asisto como espectadora anónima de esas idas y venidas. Es lo bueno que tiene no ser nadie, como mucho te miran, pero no te ven, pero tú sí que puedes verlos, observarlos de cerca como un ornitólogo escudriña los pájaros durante horas. Y a la playa de la pleitesía, hasta el desastre, caminaban Barcenas y Rosalia, desde su casa cercana, para hacer unas risas con el jefe, así lo ha llamado siempre, aunque ya no fuera el jefe, pero para Don Luis si, el jefe. Don Luis como gustaba ser tratado por “el servicio”  – cuidadito con tutearle a él o Doña Rosalia – . Luego llegó “el desastre” y ya no aparecieron más por la playa, pero llegaron otros, porque esa playa ha sido una hégira en los veranos.

Ahí está Nacho, el inefable Nacho Gónzalez. Aun teniendo su propia playa delante de su ático, la siguiente a Guadalmina, utilizaba su Hummer para acercarse a  “la Hora Aznar” casi a diario. Y más risas, todos tan morenos, todos tan simpáticos, todos tan arregladitos, incluso peinados con gomina – siempre me he preguntado porque algunos tíos  se ponen gomina en el pelo para bajar a la playa, lo encuentro tan ridículo-, y allí muy atento saludaba a Doña Ana, beso en la mano, y después paseaba con Jose Mari ajenos a las miradas de los bañistas. También se fue Nacho un día, otro “desastre”, pero la playa no se quedo vacía.

Esperanza, que no gustó nunca de los calores de Marbella, se dejaba ver una vez por lo menos a lo largo del estío. Espe bajaba directamente del golf de Guadalmina, nunca en traje de baño, ¡Por Dios! y aun con el atuendo golfista, para saludar al “jefe”. Fue en agosto de no recuerdo que año cuando la vi acompañada de Nacho González, y en esa playa llena de sorpresas, apareció, que casualidad, el pequeño Nicolás, y también… a ver… que aclare mis recuerdos… Arturo Fernández, sudando, pañuelo en ristre y con una sonrisa forzada que ni la del joker de Batman. Un día, igual que los otros, se fueron y no aparecieron más, pero la playa siguió recibiendo gente.

Y otra vez que levanté la vista del libro, si ese que se me cae cuando dormito al amor del sonido de las olas, me encontré de bruces con Zaplana. Todo de blanco, tan bronceado él, se acercaba sonriente a Jose Mari para darle una abrazo de esos que se daban los franquistas de golpes en la espalda y decirle: ¡¡Qué bien te veo, tio¡¡¡ Y allí sentados al borde la hamaca charlaron y charlaron casi durante dos horas ¿De que hablarían? No sé, pero de lo que fuera les hacía mucha gracia. Luego se fueron todos con Doña Ana también hacia ese chalet sin hipoteca pero con bandera que apareció en la vida de los Aznar como por arte de magia… ¡Qué suerte tienen algunos al  encontrar una lámpara maravillosa que les concede deseos caros… ¡

Y en esa playa, en otro momento, recuerdo haber visto a Francisco Correa. La verdad es que no gastaba tanta familiaridad con los Aznar como los otros citados. Fue hace mucho más tiempo, y  no pude identificarle hasta mucho más tarde cuando supe quien era por la Trama Gurtel. Pero si, lo recuerdo bien, iba por allí a veces con Alejandro Agag y otro chico – entonces eran jóvenes-, y solo, en otras ocasiones. Se paraba un ratito con Jose Mari y luego se marchaba, y  también Ana Mato y Sepulveda hacían su visita mensual a la costa guadalminenese para saludar a Jose Mari y jugar a padel… Otros que tampoco han vuelto.

El que dejo de ir, por motivos que todos conocemos, fue Blesa. No puedo precisar claramente cuantas veces bajo a la playa, quizás el día que me fijé en él fue el mismo día de Agosto de  2009, cuando pagó 1.005 euros en el Marbella Club Hotel a la una de la madrugada con su tarjeta black que tanto dio de sí. Tal vez fue esa mañana cuando le vi con Jose Mari, pudiera ser…

Y algunos más que han pasado por allí…Han sido tantos: Javier Arenas, Galeote, Granados, Álvarez Cascos, todos dejaron su huella en la arena de Guadalmina a la sombra de Jose Mari. Seguro que se me olvida alguno. Y más, a estas horas cuando el sueño me puede y se me entrecruzan los recuerdos de esa playa a la que no creo que vuelva yo tampoco, claro, que por otros motivos.  Me cansa ya tanta tontería ¿saben? Una no soporta ya a ese elenco de pijos que miran a Jose Mari como si fuera “el puto amo” y que entre gintonics y copas de ribera le alaban y le envidian – ya es grave el tema-  pensando para sus adentros porque ellos no pudieron “llevárselo muerto” tan bien como lo hizo el de bigote. Es su “publico”: empresarios que despiden a mujeres embarazadas, papis que compran trabajos de fin de carrera para sus hijas, asesores fiscales que enseñan a sus clientes a evadir impuestos, damas diletantes que se aburren en sus jaulas de oro mientras sus maridos les dicen que se van a jugar al padel, sinónimo curioso de irse de putas a la hora de la siesta, gorrones de cuatro apellidos que no pagan nunca una ronda porque la alcurnia no tiene “costumbre de pagar”, rancios que llevan polos con la bandera de “el pollo”, en fin, raleas de prepotentes, vetustos, arcaicos y “manilargos” que encuentran en Jose Mari y su troupe su espejo más preciso y más precioso. Y una en vez de intentar hacerles razonar, una y otra vez,  y oponerles resistencia, ha tirado la toalla y prefiere pasar el verano en arenas más limpias y en mares menos infectados.

Y ahora mientras que ya se me cae la tecla por el sueño recuerdo también otra playa que frecuentaron los Aznar antes de Guadalmina, la de Oropesa, allí Jose Mari compartía la sombrilla con Fabra, Camps, Rita Barbera, Rafael Albert y Villalonga… otros que también pasaron por los juzgados y por la trena… Me queda la duda a estas horas si tanta coincidencia es fruto de la compañía o de la playa… Que mal pensada soy… seguro, seguro que fue la playa.

Son las cuatro de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 20 grados. La Playa